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Entradas

#195 Llaves

Este llavero me lo regaló mi mamá en mayo de 2016. Tiene la imagen de un pesebre y lo puse con las llaves de mi casa. Dar las llaves del propio hogar a alguien implica un acto de confianza. También de cesión del dominio absoluto sobre ese lugar. Ahora alguien más podrá entrar y salir cuando quiera, tendrá libertad para hacer y deshacer... Si Dios habita en nuestro corazón -o por lo menos aspiramos a que no sea un huésped de paso- es justo que tenga las llaves de nuestra vida. Confiarnos a su voluntad, permitirle que disponga de nosotros y que "acomode" nuestro corazón como lo hace un dueño de casa. Santa Gertrudis de Helfta, a quien se representa con un Niño Jesús en su corazón, cuenta que una vez le ofreció al Señor que descendiera a la morada de su corazón. Y Jesús le respondió: "Si me das esa libertad, dame la llave de tu voluntad propia". La imagen de la "llave de la voluntad" también está presente en los escritos de santa Teresa de Jesús. Es el ...

Niño invitado #36: el Sagrado Corazón de Francisco

Esta imagen del Sagrado Corazón del Niño Jesús la tomé en abril de 2016 en uno de los altares laterales de la Basílica de San José de Flores, en Buenos Aires, la iglesia que frecuentó durante su niñez y adolescencia el Papa Francisco. Imagino que muchas veces habrá mirado esta imagen, se habrá dejado interpelar por este Jesús, Niño, que con su pequeña mano izquierda señala su Corazón. Cuando veo una imagen del Sagrado Corazón -Jesús que muestra, que descubre, que señala su Corazón- pienso en su Amor ofrecido, pero también en el amor que nos pide -nuestro pobre amor para su Corazón herido- y en el camino que quiere proponernos desde el latir de su Corazón. Es como si Jesús nos dijera, señalando su Corazón: "te ofrezco mi Amor, necesito tu amor, te propongo amar así...". Pero, ¿y qué nos dice este Corazón desde el pecho de Jesús Niño? Lo mismo, pero con el acento puesto en dejarse amar y amar con "corazón de niño". En junio de 2014, en una homilía para la fiesta d...

Pesebre invitado #35: Como en Belén, pero aquí y ahora

Este sagrario lo descubrí en abril de 2016 al visitar la parroquia Patrocinio de la Virgen, aledaña al hospital Churruca, en Buenos Aires. El tabernáculo no es muy grande. Está sobre un pedestal muy sencillo, a un costado del altar. Está dispuesto de tal modo que, si uno se acerca con delicadeza, se pueden abrir las puertas frontales y dejarlas abiertas para poder adorar al Santísimo, expuesto en una custodia, tras un vidrio. En las puertas frontales se pueden ver imágenes de un ángel anunciando a los pastores el nacimiento de Jesús y de otro guiando a los magos de Oriente hacia el pesebre. Ambas imágenes, cuando el sagrario está abierto, miran hacia el centro, donde está Jesús, Vivo y Verdadero. Cuando vi la hermosura de este sitio de adoración, donde Jesús está presente como en Belén, me acerqué para observar más de cerca... Descubrí que los laterales y la puerta por detrás, que custodia la reserva, también tienen imágenes relativas al nacimiento de Jesús. Uno de los laterales ...

#194 Divino Niño, auxilio de los cristianos

Este llavero con la imagen del Divino Niño lo compré en abril de 2016 en la santería de la Catedral de Buenos Aires. Es una imagen bastante difundida: el Niño pequeño, vestido de rosa, con sus brazos extendidos, descalzo sobre una nube que por debajo lleva la leyenda "Yo reinaré". Lo que para mi era desconocido hasta hace poco es el origen salesiano de esta devoción. Y ahora, cuando lo veo, hasta me parece que, aunque no va vestido igual, es el Niño que se ha bajado por unos instantes de los brazos de la Auxiliadora... Todo comenzó con la llegada a la ciudad colombiana de Barranquilla del padre Juan del Rizzo, un misionero salesiano italiano, en 1914. Un día su superior le encomienda a él y a otros compañeros salir a pedir limosnas para apoyar la construcción de un templo. Pero como el padre Juan era muy tímido no pudo pedir nada y al parecer fue reprendido. Entonces se fue a rezar a los pies de una imagen de María Auxiliadora, que tiene al Niño en sus brazos. Y en un mo...

#193 Ven a visitar tu viña

Este Niño me lo regalaron mamá y papá en abril de 2016. Lo compraron en una tienda de Mercedes (Argentina), pero -y quién sabe cómo llegó hasta aquí- es originario de Puerto Rico. Lo sé porque venía con una tarjeta adosada, indicando que es creación de la artesana Mercedes Buenaga, de Río Piedras. Es una única pieza de barro, con el pequeño Niño envuelto, que descansa sobre una enorme hoja de vid. Esta imagen me hizo recordar algo que el pueblo de Israel pedía a Dios: "Ven a visitar tu viña" (salmo 79). Y Dios no ignoró estas oraciones. Realmente vino a visitar su viña, encarnándose. No solo vino a nuestra viña, a nuestra humanidad, sino que se hizo Él mismo vid. "Yo soy la vid verdadera". Y nos asumió como sarmientos... para dar frutos en Él. El punto de partida para esta "visita" de Dios a nuestra viña no es otro que su Amor misericordioso. Él nos plantó, nos dio una tierra donde crecer... y cuando fuimos invadidos -o nos hemos dejado invadir- por l...

#192 Pino

Este pesebre me lo regaló en diciembre de 2015 mi amiga Daniela Vulcano. Es una única pieza, de resina, y dentro tiene luces de colores que funcionan a pila. Es un pino nevado, con una estrella dorada en la punta. Pero lo mejor es que el árbol no se roba el protagonismo, sino que en primer plano está el pesebre. La tradición de colocar un pino dentro de la casa y decorarlo con luces para la Navidad tiene ya unos siglos y es originaria de Alemania. Lamentablemente en muchos lugares el árbol queda como único signo de la Navidad y la representación del nacimiento de Jesús, lo verdaderamente central, queda marginada o ausente. No se trata de eliminar al árbol sino de poner las cosas en su justo lugar: que el pesebre recupere su sitio destacado y que el árbol de Navidad adquiera un sentido más profundo y no meramente decorativo. Buscando por allí, encontré un escrito, de autor desconocido, una verdadera oración que comparto más abajo y que, me parece, es válida no solo para los días de ...

Niño invitado #34: La mirada del Resucitado

Este Niño está en uno de los altares laterales de la Basílica de Santo Domingo, de Buenos Aires. Lo elegí para este Domingo de Pascua porque su figura inocente, revestida de blancura y con el cayado de la Cruz victoriosa, me habla de Jesús Resucitado. Pero más me dicen de su resurrección esos sus ojos, llenos de vida, de ternura, de paz, de misericordia... Pupilas de brillo delicado en las que se dibuja la Vida verdadera por Él conquistada y por Él dada... ¡Qué en esta Pascua nos descubramos vivos en la mirada del Resucitado! "La muerte ha madurado de ternura tu rostro, luz de Dios, semblante humano; el paso por la Cruz ha embellecido tus ojos, tus mejillas y tus labios. Y ahí estás, Jesús, para mirarte, del Padre y del Amor icono exacto; mirarte es comunión y paraíso, perdidos en tu faz, por ti mirados. Tu imagen es presencia y sacramento, el don total de Dios en ti donado; tu frente es el reflejo del Espíritu, tus ojos son el Padre remansado. ...