Este pesebre lo compré en mayo de 2016 en la ciudad argentina de San Rafael (Mendoza). Es una sola pieza, en cerámica, de colores intensos. Es muy hermosa la unidad que forman José, María y el Niño. Pero quisiera reparar en el manto azul de la Virgen, que fue lo primero que me llamó la atención al ver este pesebre. El azul es, prácticamente desde la Edad Media, el color predominante del amplio velo que lleva la Virgen en diversas advocaciones y representaciones. Los tonos de azul más oscuros se asocian al dolor de María por el sacrificio de Jesús en la Cruz, mientras que los tonos de azul más claros, brillantes o luminosos están asociados al gozo y a la luz que nos trae la Virgen. El amplio manto azul de la María también remite al cielo, un cielo cuya contemplación lleva a los ojos del alma a posarse en Dios. Un cielo que inspira amparo, protección, refugio. Cuando Dios se hizo Niño eligió cobijarse bajo el manto azul de María... Pero Él no quiso guardárselo solo para sí. Y al darn...
«Vayamos hasta Belén y veamos lo que ha sucedido» (Lc 2, 15).