Esta imagen la tomé en octubre de 2016 en la catedral católica de San Patricio, en Nueva York. Es uno de los grandes vitrales del templo y éste recrea la escena de la adoración al Niño Jesús en Belén. El padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, observa que "si alguien mira las vidrieras de una antigua catedral desde la calle, no verá más que trozos de vidrio oscuros unidos por tiras de plomo negro; pero si atraviesa el umbral y las mira desde dentro, a contraluz, entonces verá un espectáculo de colores y de figuras que lo dejan sin respiración". Él aplica luego esta observación a la Iglesia, a cuán diferente se ve desde adentro que desde afuera. Pero me permito tomar su imagen para aplicarla al alma misma. Y es que el alma es templo de Dios. Allí mora Dios y le imprime su propia belleza... Fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios... En nuestro interior se proyecta su hermosura... como esta imagen del Niño del vitral... Pero desde afuera difícilme...
«Vayamos hasta Belén y veamos lo que ha sucedido» (Lc 2, 15).