Este pequeño pesebre de metal me lo regaló en junio de 2024 mi amiga Elizabeth Lynch. Y me lo regaló, literalmente, estando ambas al pie del sagrario, ante Jesús vivo allí. Me invadió un sentimiento de enorme gratitud, no sólo a Eli por su regalo, sino porque su gesto me hizo pensar casi inmediatamente en aquello que se nos regala al pie del sagrario. El mismo Jesús nacido en Belén y resucitado tras dar su vida por nosotros está allí, vivo, para cada persona que se acerca hasta el sagrario. El primer regalo es su Presencia. Él está allí -¡elige estar allí!- para estar con nosotros. No es un simple estar, pasivo, sino una Presencia amorosa, dispuesta a escuchar y hablar, acoger, consolar, acompañar, iluminar, aconsejar, abrazar, sanar, perdonar... Decía san Manuel Gonzalez García -conocido como el "obispo de los Sagrarios abandonados"- que el "estar" del Corazón de Jesús en el sagrario es "poner en actividad infinita un amor, una paciencia, una condescenden...
Este pequeño Niño de yeso pintado me lo regaló mi amigo Roberto Morresi en diciembre de 2024.Contemplando a este Niño, le quiero dedicar estas palabras a los urgidos por el Reino de los Cielos. Hay hermanos que viven como si no hubiera un mañana, como si el tiempo se les acabara. Aprovechan cada oportunidad casi como si no tuvieran otra. No esperan a que las ocasiones les salgan al paso: las buscan o, mejor aún, las propician. Siempre están prontos, dispuestos, solícitos. No tardan ante una necesidad. No pierden tiempo. No se distraen. Viven al día, livianos de equipaje, con las cuentas de la vida en orden... listos para entrar en acción. Urgidos. Con urgencia por el Reino, por el Evangelio, por llevar a cada hermano al encuentro con Dios. Predican a tiempo y a destiempo. Fuego del Espíritu les quema por dentro. Plantan cara y pelean el buen combate. ¡Gracias por su testimonio! "El amor de Cristo nos urge". 2 Corintios 5, 14