Este Niño, uno de los más preciosos que he visto, me lo regaló en diciembre de 2015 Eduardo Molinari, un hermano de la parroquia. Contemplar esta figura da mucha serenidad: Jesús descansa plácidamente, nada parece turbarlo. Todo en su rostro habla de reposo. En esta época de tanta agitación y ajetreo... ¡¿quién pudiera dormir así?! Sin embargo, en este sueño de Jesús hay algo misterioso... tan misterioso como su condición de verdadero Dios y verdadero Hombre: ¿Cómo, siendo Dios, duerme? ¿Cómo, siendo Hombre, vela? "Tu guardián no duerme, no duerme ni reposa", dice el salmista sobre Dios (Salmo 120, 3-4). Dios no nos saca los ojos de encima, ni para dormir. Nos cuida siempre. ¿Qué hace entonces Jesús durmiendo? Meditando sobre el sueño de Jesús en el pesebre, san Alfonso María de Ligorio dice que el descanso del Niño fue muchas veces interrumpido por la dureza de aquella "camita excesivamente dura y molesta" y por el rigor del frío que reinaba en la gruta de Bel...
«Vayamos hasta Belén y veamos lo que ha sucedido» (Lc 2, 15).