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Entradas

#181 Fanal

Este pesebre lo compré en octubre de 2015 en una tienda de productos decorativos de madera para pintar, en Buenos Aires. Es un fanal de madera y la figura del nacimiento está calada por los cuatro lados. Con una vela encendida dentro, la luz se proyecta a través del pesebre. Es una pieza sencillísima, pero el efecto que produce me parece una de las mejores metáforas para resumir el misterio de la Encarnación. Dios es Luz. "Señor Dios mío ¡qué grande eres! Te revistes de belleza y esplendor. Te vistes de luz como de un manto", canta poéticamente el salmo 104. Impacta las muchas veces que en el Antiguo Testamento se habla de la luz divina, del resplandor de Dios que atrae y orienta. Y, al mismo tiempo, impone un reverente temor, el de morir por ver la luz de Dios. Hay escenas de Moisés y Elías cubriéndose el rostro ante la presencia de Dios... Impacta más que Dios, siendo esta Luz de gloria a la que nadie se atrevía a mirar de frente, haya querido venir a nosotros, no par...

#180 Pupilas dilatadas

Este pesebre me lo regaló en octubre de 2015 Eduardo Molinari, un hermano de la parroquia, y es originario la provincia de Jujuy, en el noroeste de Argentina. Tiene doce pequeñas piezas, muy coloridas, y lo primero que llama la atención son los ojos de las figuras.Dicen que en la noche las pupilas se dilatan para así absorber al máximo la poca luz disponible que permita ver algo en las sombras... Y en aquella noche de Belén hubo muchas pupilas dilatadas de tanto buscar en la oscuridad a ver si despuntaba el Alba... como buscando rastrear el primer rayito de ese Sol nacido de lo alto. Y así llegó el Niño y se encontró con tantos ojos de aspecto asombrado. Pupilas dilatadas hasta no poder más para recibir por doquier la Luz del mundo. ¡Qué miradas las de María y José, las de los pastores y los Magos, habitadas por el Sol! Dicen que los ojos son el reflejo del alma... y hay miradas que dejan ver cuán hondo se ha impreso la Luz de Dios... ¿Qué dicen tus ojos? "Cuando tú me miraba...

Pesebre invitado #30: Bendición

Este Niño está en la iglesia Nuestra Señora de Itatí, de Buenos Aires. La foto la tomé en septiembre de 2015. El Niño está dentro de una caja de vidrio, que sobresale de una de las paredes laterales, ingresando, a la derecha. No está muy alta, de modo que uno hasta se puede inclinar para mirar un poco más de cerca la figura del pequeño Jesús, que está acostado y, con su mano derecha, hace un gesto de bendición. Algunos podrán recordarse a sí mismos, niños, recibiendo la bendición por parte de padres o abuelos. O harán experiencia de ser bendecidos por el sacerdote desde el altar, estando con la cabeza inclinada o incluso de rodillas... En todas estas ocasiones, casi siempre, la mano que nos bendice está por sobre nosotros; las menos, a nuestra misma altura; y casi nunca, más abajo que nuestra cabeza. Y sin embargo aquí el Niño nos bendice desde su cuna, de "abajo para arriba". Estamos acostumbrados a pensar que lo bueno se nos da en la dirección inversa, de arriba par...

¡Cumplimos tres años!

Hoy este blog cumple tres años...  No tiene muchas pretensiones de diseño o literarias, sino más bien quisiera una sola cosa: que por unos segundos quien entre a este sitio cruce su mirada con la del Niño del pesebre. Estoy convencida de que a Él le basta un solo instante para cautivar un corazón... Por eso, como diría santa Teresa, "solo os pido que le miréis"... y que no dejen de andar nunca por las sendas de la vida que conducen a Belén. ¡Gracias a todos!

#179 Escondido

Este Niño lo compré en agosto de 2015 en una tienda del Ejército de Salvación, en Buenos Aires. Es pequeño, de yeso, y Jesús apenas si asoma sus ojitos por entre la cobija. Parece esconderse. Dice santa Teresita del Niño Jesús, en una carta a su hermana Celina, que "Jesús no quiere que encontremos en el reposo su presencia adorable". Afirma que Jesús se hace pobre para que podamos darle limosna y nos tiende la mano como un mendigo... "Jesús es un tesoro escondido, un bien inestimable que pocas almas saben encontrar porque está escondido y el mundo ama lo que brilla". Y para encontrar una cosa escondida, asegura Teresita, hay que esconderse también uno mismo. "Nuestra vida ha de ser, pues, un misterio. Tenemos que parecernos a Jesús, al Jesús cuyo rostro estaba escondido...". "Es verdad: tú eres un Dios escondido". Isaías 45,15

#178 Niño envuelto

Este Niñito lo compré en agosto de 2015 en una tienda de San Telmo, en Buenos Aires. Es pequeñito, está hecho de cerámica, cubierto con una manta de lana y acostado en una cunita tejida. Relata el Evangelio que, apenas nacido, Jesús fue envuelto en pañales por las manos maternales de María. Dios, hecho Hombre, se dejó envolver. Después del de encarnarse y nacer en las frágiles condiciones de un pesebre, éste es su primer acto de abajamiento. Un Dios desnudo. Que se deja ver vulnerable. Que se reconoce necesitado en su humanidad. Y que así, pide y permite que lo cubran, que lo envuelvan, que lo protejan, que cuiden su vida... porque Él, siendo un Niño, no puede hacer nada por sí mismo. ¿Hay mayor humildad que ésta? "Él, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres", dice san Pablo (Filipenses 2, 6-7). El Niñ...

#177 Los pies de María

Este pesebre me lo regalaron en agosto de 2015 mamá y papá, que lo compraron en una casa de antigüedades de Mercedes, Argentina. Es una única pieza de yeso, pintada y patinada en marrón. José, en actitud de recogimiento, está de pie, apoyado en su bastón. Y la Virgen, que también está en oración, está a su lado, sentada, con el Niño Jesús, que parece dormido, sobre su falda. Por entre los pliegues del largo vestido de María asoma su pie derecho. ¿Y cómo son los pies de María? Pies inmaculados, que abren paso a la Vida. Pies descalzos, para adentrarse en el suelo sagrado de la montaña de Dios. Pies de humilde doncella, que enamoraron al Creador. Pies desnudos de toda vanidad.Pies libres de cadenas, para dar un generoso sí. Pies ligeros, como de cierva, para escalar a las alturas de Dios. Pies prontos, para acudir sin tardanza a las serranías de Judea. Pies pacientes, para esperar la Vida que viene en camino, sobre su misma senda. Pies fatigados en el camino a Belén, donde, entre dolo...