Hay hermanos que viven como si no hubiera un mañana, como si el tiempo se les acabara. Aprovechan cada oportunidad casi como si no tuvieran otra. No esperan a que las ocasiones les salgan al paso: las buscan o, mejor aún, las propician. Siempre están prontos, dispuestos, solícitos. No tardan ante una necesidad.
No pierden tiempo. No se distraen. Viven al día, livianos de equipaje, con las cuentas de la vida en orden... listos para entrar en acción.
Urgidos. Con urgencia por el Reino, por el Evangelio, por llevar a cada hermano al encuentro con Dios.
Predican a tiempo y a destiempo.
Fuego del Espíritu les quema por dentro.
Plantan cara y pelean el buen combate.
¡Gracias por su testimonio!
"El amor de Cristo nos urge".
2 Corintios 5, 14

Comentarios
Publicar un comentario