martes, 22 de enero de 2013

#61 Jugar

Éste también me lo regaló papá. Lo compró en Buenos Aires pero es de Santini, una marca de productos navideños de la firma panameña Noritex.
La cajita dice que está hecho a mano por artesanos, al "estilo italiano", aunque no dice el país de origen.
El pesebre es de cerámica. Tiene ocho figuras, con una alfombra como base, en colores pasteles y con aspecto de bebés o niños muy pequeños.
Uno de los detalles que me parecen más tiernos de este conjunto es uno de los Reyes Magos que le trae un osito de peluche al Niño Dios...
Esta imagen me dispara la curiosidad respecto a con qué o a qué habrá jugado Jesús en su niñez...
Dando vueltas por la web, me topé con el blog Escritura Sagrada, de Rafael Sanz, y sus muy interesantes apuntes sobre los juegos del tiempo de Jesús.
Sanz arriesga que probablemente los niños de la Palestina de la época de Jesús podrían haberse entretenido con juegos tradicionales de Egipto, Babilonia y otros sitios de Oriente próximo, como las canicas o bolitas, las peonzas o trompos, muñecas y el "hula-hula".
Aunque menos probable, Jesús y sus amiguitos pudieron asimismo divertirse con algunos juegos de la antigua Grecia, como las cometas o el lanzamiento de nueces y huesos de animales, o de Roma, como el "harpadtum", un juego con una pequeña pelota - algo así como un proto-rugby-, o la rayuela... ¿Se lo imaginan a Jesús a los saltos o jugando a las bolitas?
Jugar es síntoma de una niñez sana, algo querido por Dios, quien ha prometido a su pueblo que "las plazas de la ciudad se llenarán de niños y niñas, que jugarán en ellas" (Zacarías 8, 5). ¡Hermosa profecía!

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