domingo, 14 de enero de 2018

Niño invitado #58: Niño Jesús de Praga


Esta foto la tomé en julio de 2016 en la catedral de Buenos Aires. Es la imagen del Niño Jesús de Praga, que se encuentra apenas ingresar, sobre el lateral izquierdo, en el altar de santa Teresa de Jesús. Y no es casual que esté allí ya que los carmelitas están muy ligados a la devoción al Niño Jesús y, en particular, a la del Niño de Praga.
La imagen original se venera en la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, en el barrio Malá Strana de la capital checa, templo que animan los carmelitas. Se trata de una talla de 47 centímetros de alto, de madera, con una superficie pintada de cera, y representa al Niño Jesús de unos 4 o 5 años, quien con su mano derecha bendice, mientras que con la izquierda sostiene un orbe rematado con una cruz, símbolo del poder ante el mundo. La imagen está vestida con ropas reales y lleva una corona.
La estatua del Niño Jesús de Praga es del siglo XVI y proviene de España, aunque su origen se pierde entre las leyendas que afirman que fue tallada por un monje a partir de una visión del Divino Niño y las que apuntan a que la imagen perteneció a Teresa de Ávila y que la santa se la regaló a una amiga cuya hija se iba a casar en Praga.
Aquí las huellas legendarias se empalman con la historia ya que, según la reseña de la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, se sabe con certeza que la imagen fue llevada a Praga por María Manríquez de Lara, una duquesa española que se casó con Vratislav de Pernstein en 1556. Más tarde, la duquesa le dio la figura a su hija, Polyxena de Lobkowicz, como regalo de bodas.
Fue la propia Polyxena quien en 1628 donó la imagen a los carmelitas descalzos de Nuestra Señora de la Victoria.
"Padre, les doy lo que más amo en este mundo. Honren mucho a este Niño Jesús y nada les faltará”, le dijo Polyxena al prior de la comunidad al entregarle la preciosa figura.
En 1631, cuando los sajones tomaron Praga, los carmelitas huyeron del monasterio, que fue saqueado, y la figura del Niño Jesús sufrió daños.
Los frailes regresaron seis años después. Entre ellos estaba el padre Cirilo de la Madre de Dios, quien halló al Niño entre unos trastos viejos y descubrió que tenía los dos brazos rotos. Entonces escuchó que el Niño le decía: “Ten piedad de mí y yo tendré piedad de ti. Dame mis brazos y yo te daré mi paz. ¡Te bendeciré tanto como tú me veneres a mí!”. Finalmente, el padre Cirilo logró reparar la imagen, a la que comenzaron a atribuir milagros, como curaciones y la protección de Praga durante el asedio sueco de 1639.
En 1641 la talla fue trasladada del coro del monasterio a la capilla de la Santa Cruz y, un siglo después, a su emplazamiento actual dentro de la iglesia, a la derecha de la nave central. Ya para mediados del siglo XVIII la devoción al Niño Jesús de Praga comenzó a expandirse a otros países del imperio austríaco.
Pero José II, rey de Hungría y de Bohemia, inició una campaña contra los monasterios y en 1784 abolió el convento de los carmelitas de Praga.
Sin embargo, la devoción creciente por el Niño Jesús no se detuvo. Entre finales del siglo XIX e inicios del XX se extendió notablemente. Inmigrantes y misioneros españoles y portugueses la propagaron por América, India, China y Filipinas.
Entre 1939 y 1989, primero por los nazis y luego por los comunistas, la devoción por el Niño Jesús en Praga estuvo silenciada a la fuerza durante cerca de medio siglo. Pero aún así no se extinguió. Los carmelitas regresaron en 1993, pusieron nuevamente en pie el santuario, que actualmente es visitado por miles de personas cada año.
La devoción por el Niño Jesús de Praga -el Jezulátko, como lo llaman cariñosamente los checos- es una extensión espiritual de la Navidad. "Adoramos la encarnación de Cristo, confesamos que Dios tomó forma humana y reconocemos la infancia como parte de ello", recuerdan los carmelitas de Malá Strana.
Pero además la imagen y su historia nos recuerdan, de un modo profético, que los poderes de este mundo indefectiblemente pasan y perecen, mientras que el Reino de Dios no tendrá fin.
Así lo avizoró, contemplando una imagen del Niño de Praga, la filósofa judía Edith Stein, quien, tras su conversión, se hizo carmelita descalza, tomó el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz y alcanzó la gracia de la santidad. Pocos meses antes de morir en el campo de exterminio de Auschwitz, en una carta fechada el 2 de febrero de 1942 escribió esta impresionante reflexión:  "Ayer, delante de una imagen del Niño Jesús de Praga, me vino a la mente la idea de que lleva las vestiduras imperiales y no por casualidad ha querido manifestar su eficacia en Praga. Praga ha sido, a través de los siglos, la sede de los antiguos emperadores romano-germánicos, y produce una impresión tan majestuosa como ninguna otra ciudad que yo conozca y que pueda compararse, incluso París y Viena. El Niño Jesús llegó precisamente cuando la magnificencia política imperial llegó a su fin en Praga. ¿No es acaso el secreto Emperador el que un día  pondrá fin a toda miseria? Él tiene las riendas en la mano, aun cuando los hombres crean que son ellos los que ponen las reglas".


"Oh, Niño Jesús, a ti recurro y te pido que, por la intercesión de tu Madre Santísima,
quieras asistirme en esta necesidad (...)
porque creo firmemente que tu divinidad la puede socorrer.
Espero con toda confianza obtener tu Santa Gracia,
Te quiero con todo mi corazón y con todas las fuerzas de mi alma.
Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y te suplico, buen Jesús,
que me des la fuerza para triunfar.
Me propongo no ofenderte más y me ofrezco a ti dispuesto a sufrirlo
todo antes de darte el menor disgusto.
De ahora en adelante quiero servirte fielmente,
y por amor tuyo, oh divino Jesús,
quiero amar a mi prójimo como a mi mismo.
Niño omnipotente, Señor Jesús, de nuevo te suplico:
asisteme en esta situación (...),
concédeme la gracia de poseerte eternamente
con María y José, y de adorarte con los santos Ángeles en la corte del Cielo.
Amén".

(Oración al Niño Jesús de Praga, del padre Cirilo de la Madre de Dios, carmelita descalzo, 1590-1675) 


sábado, 6 de enero de 2018

Pesebres invitados #57: Pesebres de Perú


En diciembre de 2017 visité la muestra "Navidad en Perú" en el Museo de Arte Popular José Hernández, de Buenos Aires.
La exposición presenta una quincena de pesebres artesanales de la colección de Carmen Callirgos de Steiman, integrante de la asociación Damas Peruanas en Argentina, organizadora de la exhibición.
En la colección hay piezas de cerámica, piedra, madera tallada, tejidos en algodón, lana y paja representativas de las regiones peruanas de Ayacucho, Cusco, Junín, Arequipa, Lima, Piura y La Libertad.
Entre los pesebres destacan creaciones de reconocidos artesanos como Hilario Mendívil, Edilberto Mérida, Javier García Vázquez, Florentino Jiménez y Richard Chávez.
La muestra resulta un verdadero homenaje a la rica tradición pesebrista del Perú, en la que figuras de campesinos, mineros o pescadores y toda su laboriosa cotidianidad se cuelan en la más desconcertante de las escenas: la del nacimiento de Dios-con- nosotros.



Al Niño Dios le llevamos un ponchito de color,
al Niño Dios le llevamos un ponchito de color, 
un chullito muy serrano,
zapatitos de algodón,
un chullito muy serrano,
zapatitos de algodón.
Todos le gritarán:
¡Cholito!
¿De dónde llegaste tú?
¡Cholito!
Todos te creerán,
¡Cholito!,
que naciste en el Perú.
A la Virgen le llevamos un mantón abrigado,
a la Virgen le llevamos un mantón abrigado.
A San José, una quena, un charango y un tambor,
a San José, una quena, un charango y un tambor.
Todos le gritarán:
¡Cholito!
¿De dónde llegaste tú?
¡Cholito!
Todos te creerán,
¡Cholito!,
que naciste en el Perú.
Los indiecitos pastores trigo y quinua llevarán,
los indiecitos pastores trigo y quinua llevarán.
José y la Virgen María buena chicha tomarán.
José y la Virgen María buena chicha tomarán.
Todos le gritarán:
¡Cholito!
¿De dónde llegaste tú?
¡Cholito!
Todos te creerán,
¡Cholito!,
que naciste en el Perú.


"Cholito Jesús", villancico peruano de Los Toribianitos.






miércoles, 3 de enero de 2018

Pesebre invitado #56: Blanco jazmín


Esta foto la tomé en diciembre de 2017 en la parroquia Nuestra Señora de la Rábida, de Buenos Aires.
La imagen corresponde al pesebre montado en el vestíbulo de la iglesia y lo primero que captó mi atención -mi vista y mi olfato- fue un cuenco con agua y jazmines a los pies del Niño Jesús.
El jazmín florece en diciembre en el Hemisferio Sur por lo que en algunos sitios de esta región se considera que el aroma tan singular de esta flor es el "perfume de la Navidad". Incluso descubrí que algunas personas tienen por costumbre colocar jazmines junto al pesebre.
"Regalo de Dios", esa es la etimología de la palabra jazmín.
Blanco jazmín de diciembre... Niño Jesús, todo pureza, todo dulzura... Regalo de Dios y Dios mismo regalado... blanco jazmín...



"Ya vienen llegando,
violín y tambor,
arrimando coplas
para el Niño Dios.
Gajito de albahaca,
romero y cedrón,
campanas de bronce
para el Redentor.
Talan, talan...
blanco jazmín de diciembre.
Talan, talan...
el Niño nació en Belén.
Talan, talan...
fueron tres Reyes a verle.
Talan, talan...
retoñito de laurel.
Se forma la rueda 
en el callejón,
ronda de changuitos,
ponchito rabón.
El Niño sonríe,
María también.
Qué blanca es la estrella 
que llegó a Belén.
Talan, talan...
blanco jazmín de diciembre.
Talan, talan...
el Niño nació en Belén.
Talan, talan...
fueron tres Reyes a verle.
Talan, talan...
retoñito de laurel.
Burrito cortito, 
pelo de algodón,
alforjas grandotas
llenitas de amor.
Vamos, mi burrito,
hemos de llegar
con nuestra carguita
para Navidad.
Talan, talan...
blanco jazmín de diciembre.
Talan, talan...
el Niño nació en Belén.
Talan, talan...
fueron tres Reyes a verle.
Talan, talan...
retoñito de laurel".


Villancico "Retoñito de laurel",
compuesto por Raúl Juárez 
y Juan Bautista Goñi



sábado, 30 de diciembre de 2017

Pesebre invitado #55: Ser pesebrista

En diciembre de 2017 tuve la oportunidad de conocer a Gilberto "Beto" Ferreira Benítez. Tiene 64 años, nació en Paraguay pero vive desde hace años en Argentina, en el barrio capitalino de San Telmo. Desde el 2000 integra la Hermandad del Santo Pesebre, constituida en 1955 en Buenos Aires.
"Beto" es uno de los más reconocidos pesebristas -belenistas, como los llaman en otros sitios- de Argentina. Es coleccionista y restaurador de pesebres, pero además crea figuras y escenografías para recrear el Nacimiento, las monta en su casa y en instituciones públicas y privadas, enseña a otros cómo hacerlas y difunde esta expresión religiosa y artística tan singular.
"Un pesebrista es un apasionado del pesebre. Vivimos todo el año hablando del pesebre", define "Beto", con quien estuve charlando un buen rato en su casa.
Recuerda cuando de niño participaba del armado del pesebre en su natal Asunción del Paraguay, pero no fue aquella tradición familiar la que moldeó su amor por el misterio del Nacimiento sino el arte.
Estudió bellas artes y restauración artística en Florencia (Italia) y allí hizo su primer pesebre, con el que ganó un concurso.
Un pesebrista, explica, es fundamentalmente quien realiza las piezas y quien monta el pesebre, pero es un concepto que puede extenderse también a quienes coleccionan pesebres y difunden esta "pasión".
Posee una colección de unos 25 Niños, una treintena de pesebres, una quincena de nacimientos (aquellos que se restringen a las figuras de José, María y el Niño) y tantas y tantas piezas sueltas que ya perdió la cuenta.
Entre sus favoritos está uno antiguo, quiteño, de madera, con figuras con ojos de vidrio, detalles de platería y un baldaquino jesuítico.
Por su formación, su primera mirada a un pesebre es siempre desde el punto de vista estético y artístico. Pero luego son los ojos del alma los que se le activan porque un pesebre siempre "eleva" y "habla" hasta a quienes no creen en Dios.
"El pesebre es un mensaje. Quien pasa por delante de un pesebre, por más ateo que sea, quizás juzgue lo artístico pero se preguntará qué significa lo que ve. Es muy difícil pasar indiferente ante un pesebre", asegura.
Ser pesebrista es también eso: creer firmemente que un pesebre tiene el poder de tocar los corazones para volverlos a Dios.


Oración del pesebrista

"A cada hombre, 
tú, niño, adolescente, joven, adulto, anciano...
A ti que crees en un mundo unido, 
a ti que estás en búsqueda, 
a ti, amigo, hermano, hijo...
detrás de cada figura y cada paisaje 
hay un rostro, una historia...
Pídele a Dios sus ojos y, en silencio, contempla...".

(oración escrita por Alessandro Raccagni)




martes, 26 de diciembre de 2017

Pesebre invitado #54: Un lugar para Jesús



Éste es el pesebre de mi parroquia, San Carlos y Basílica de María Auxiliadora, de Buenos Aires, para la Navidad de 2017.
Es bellísimo y está dividido en dos secciones.
Una representa aquel Belén donde no había lugar para María, José y el Niño.
La pequeña Belén se ve hermosa, con las figuras de sus casas recortadas en el horizonte y el brillo de las luces.. Sin embargo, le falta algo, le falta vida... 
"Y no había lugar para Él... y vos, le darás un lugar en esta Navidad?", señala un cartel.
La pregunta es directa, personal... Ahí, a unos pasos nada más, está Jesús en el sagrario, esperando una respuesta: "¿Me darás un lugar?".
No hay modo de quedar indiferente: quien desde el Belén sin sitio para Jesús se sienta llamado por el Jesús del sagrario descubrirá en el recorrido de su mirada el pesebre donde Dios se encuentra con nuestra humanidad.
Jesús, recién nacido, sobre pajas, como en un nido... rodeado de María y José, de una docena de pastores de rodillas ante el Misterio. Anónimos bienaventurados que de su pobreza hicieron pesebre capaz de acoger a su Salvador...
Aquí no se ven siluetas de perfectas construcciones como en las elevaciones de Belén... más bien todo luce irregular, lleno de recovecos, rincones ásperos y oscuros, imperfectos... pero aquí sí hay vida, la Vida... Dios nace aquí, no desprecia nuestro corazón quebrantado, nuestra vida imperfecta... no le tiene miedo a nuestras oscuridades... ¡Él es la Luz! Y si le damos posada permanente, no deja rincón de nuestra vida sin iluminar...
Dar un lugar a Jesús. El mejor lugar: el centro de nuestra vida. Y, como nos invitó nuestro párroco, el padre Vicente, hacer silencio, exterior e interior, para contemplar, dejarnos llenar por Jesús, dejarnos iluminar, dejarnos sanar, dejarnos amar por Él... y dejarnos impulsar por ese Amor que nos mueve a ir al encuentro de los demás.
¡Feliz Navidad!


"Conmovidos por la alegría del don, 
pequeño Niño de Belén, 
te pedimos que tu llanto despierte nuestra indiferencia, 
abra nuestros ojos ante el que sufre. 
Que tu ternura despierte nuestra sensibilidad 
y nos mueva a sabernos invitados a reconocerte 
en todos aquellos que llegan a nuestras ciudades, 
a nuestras historias, a nuestras vidas. 
Que tu ternura revolucionaria 
nos convenza a sentirnos invitados, 
a hacernos cargo de la esperanza 
y de la ternura de nuestros pueblos".
Papa Francisco
(oración en la homilía de la misa de Nochebuena,
24 de diciembre de 2017)





viernes, 15 de diciembre de 2017

#332 El arpa de diez cuerdas


Este decenario -para rezar una decana del rosario- me lo regaló mi amiga Annie Calzia en noviembre de 2017.
Lo hizo ella misma con cuentas de madera. Tiene una cruz, también de madera, y una pequeña medalla con la imagen de María, José y el pequeño Jesús en brazos.
Pensando en las diez cuentas de este "decenario pesebre" me vino a la mente la imagen del arpa de diez cuerdas, que aparece en algunos salmos:
"Es bueno dar gracias al Señory tañer para tu nombre, oh Altísimo; proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad, con arpas de diez cuerdas y laúdes, sobre arpegios de cítaras" (Salmo 92).
"Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo" (Salmo 33).
"Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas" (Salmo 144).
El arpa en cuestión era la del rey David, autor de varios salmos y que, además de rey, era poeta, músico y oraba cantando y danzando.
El teólogo español Emiliano Jiménez Hernández, en su libro "David, un hombre según el corazón de Dios", explica que David tenía arpas con diferente cantidad de cuerdas, cada una para un uso determinado en la oración.
Así, con el arpa de seis cuerdas David acompañaba los salmos dedicados a cantar la perfección de la creación que Dios llevó a cabo en seis días.
En tanto, la de siete cuerdas era para el "sabath", el sábado, día que corona toda la creación y que el pueblo judío dedica a dar gloria a Dios.
En cambio, el arpa de ocho cuerdas la reservaba para anunciar la llegada del Mesías, que redimiría totalmente a Israel de todas las aflicciones y pecados de este mundo.
"Y para el mundo futuro estaba el arpa de diez cuerdas. David anhelaba llegar a él para poder tocarla en la asamblea celeste", explica Jiménez Hernández.
El arpa de diez cuerdas era el instrumento destinado para acompañar el "cántico nuevo".
Es curioso que el primer "canto" del Nuevo Testamento es el saludo del Ángel a la Virgen, primera parte del Avemaría, verdadero "cántico nuevo" de este arpa de diez cuerdas que figuro en el decenario.
La verdad es que esta idea que tuve no es ninguna originalidad... investigando un poquito, descubrí que ya en el siglo XVII alguien decía que "no se podía explicar mejor el rosario" que con la imagen del arpa de diez cuerdas.
Así lo afirmaba Antonio Vieira, un jesuíta portugués, misionero en Brasil por muchos años. En su libro "María, Rosa Mística: excelencias, poder y maravillas del santísimo rosario", retomando el salmo 33, explica que en la cítara, que es de cinco cuerdas, el sonido se forma en la parte inferior, mientras que en el arpa o salterio de diez cuerdas el sonido se genera en la parte superior. "Pues así es la armonía del rosario en la parte mental y vocal. En la mental, porque en el rosario se medita lo que Dios obró bajando del Cielo. En la vocal, porque las oraciones que en el rosario se rezan suben de la tierra al Cielo", señala Vieira.
Volviendo al arpa de David, dice Jiménez Hernández que el rey la tocaba para orar, sea en alabanza, en acción de gracias, para pedir auxilio o expresar su arrepentimiento ante Dios... El arpa era inseparable de David, tanto que, al irse a dormir, la colgaba sobre su lecho y, "cuando se acercaba la medianoche, el viento del norte soplaba sobre ella, y ella, por si sola, sonaba hasta despertar a David, que se alzaba para entregarse a la oración hasta que aparecían las primeras luces del alba". Perfecta imagen de aquellos que oran día y noche con el rosario, lo llevan a todas partes y lo cuelgan en la cabecera de su cama al dormir... para que nunca sus cuerdas dejen de tocar esa música que sube a Dios.



viernes, 8 de diciembre de 2017

#331 Rosario pesebre


Desde hace tiempo he querido tener un rosario con la imagen del nacimiento, pero es difícil de conseguir.
Sabiendo este deseo mío, mi buena amiga Annie Calzia, que es la mujer con mayor amor a la Virgen que yo conozco, me hizo uno "a la medida" con sus propias manos y me lo regaló en noviembre de 2017.
Está hecho con cuentas de madera y un medallón con la imagen del nacimiento.
Este rosario es para rezarlo junto a la Virgen en el pesebre...
No me cuesta imaginar a María, en Belén, lanzando un "Gloria" desde lo más profundo de su alma.
Faltaba mucho aún para que escuchara el Padrenuestro en boca de su Hijo Maestro. Y, sin embargo, pienso a María, contemplando en silencio a su pequeño Niño mientras repasa en su corazón, una y otra vez, eso que tantas veces le habrá pedido a Dios: "que venga a nosotros tu Reino".
No me cuesta imaginar a María en el pesebre, rumiando, lento, muy lento, pero constante, aquellas palabras del Ángel que había guardado en su corazón: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo".
La puedo imaginar, con dulce y silenciosa sonrisa, recordando su desconcierto inicial, sus preguntas, su "sí" y todo lo que vino después hasta llegar aquí.  "El Señor está contigo". ..
La puedo imaginar, con el alma desbordada, con una dicha que solo se puede expresar con lágrimas, repitiéndose a si misma aquello que su prima Isabel le había declarado unos meses antes: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!"...
La puedo imaginar con el Niño en brazos... para calmar su llanto, le toma las manitos, le acaricia dedito por dedito... y diez veces y otras tantas susurra lo más dulce que lengua humana pueda decir en esta tierra: "Jesús".
Y así, María arrulla y contempla este misterio que es su Hijo, misterio que irá desentrañando durante toda su vida con gozo, con dolor, con gloria, con luz...
Todo un rosario en la noche de Belén.


sábado, 2 de diciembre de 2017

#230 La bodega del Niño Jesús


Este pesebre lo compré en octubre de 2017 en la santería de la Basílica de San Francisco, en Buenos Aires.
Es de origen italiano, con las figuras del pesebre en miniatura de metal, colocadas dentro de un tonel o barrica para vino.
Mirándolo, me vino la idea de la "bodega interior", una imagen que aparece en el "Cántico espiritual", de san Juan de la Cruz, y que a su vez remite al libro del Cantar de los Cantares. Allí la Amada dice de su Amado: "Él me hizo entrar en la bodega y enarboló sobre mí la insignia del Amor" (Cantar 2, 4).
Santa Teresa de Jesús también echa mano de esta imagen de la bodega en su libro "Las moradas del castillo interior" y en "Conceptos del amor de Dios" para referirse a la oración de unión del alma y Dios, oración regalada, en la que el alma se deja llevar a lo más íntimo de sí para saciarse del mismo Dios: "Su Majestad nos ha de meter y entrar él en el centro de nuestra alma" (Moradas quintas 1, 12). "Métela en la bodega para que allí más sin tasa pueda salir rica. No parece que el Rey quiere dejarle nada por dar, sino que beba conforme a su deseo y se embriague bien, bebiendo de todos esos vinos que hay en la despensa de Dios" (Conceptos 6, 3).
Buscando más sobre esta bodega interior, del alma y de Dios, me topé con una imagen sorprendente e inesperada para mi: la bodega del Niño Jesús.
Es una de esas perlas preciosas bien guardadas, en este caso, entre los escritos de santa Teresa de Lisieux. Digo que bien guardada porque pasa casi desapercibida en una carta breve que le mandó a su padre a mediados de 1888, poco después de su ingreso al Carmelo, para agradecerle que le enviara un "vino reconstituyente", vino normalmente dulce y suave, mezclado con hierbas, que se utilizaba como tónico: "¡Qué bueno es el recadero del Niño Jesús! Le mando todo mi cariño y mis besos. Tomaré feliz el vino que me manda, pensando que procede de las bodegas del Niño Jesús".
Me quedé con las ganas de más porque Teresita no vuelve a explayarse sobre esta imagen de la "bodega del Niño Jesús". Pero intuyo que no daba puntada sin hilo, que para ella esto significaba más que una simple imagen risueña y gracil. Siendo discípula aventajada de san Juan de la Cruz, sin duda la "bodega interior" habrá sido objeto de sus meditaciones y experiencia de encuentro y vida con Dios.
En el manuscrito A de "Historia de un alma", escrito en 1895, dos años antes de su muerte, Teresita habla de su aridez, de que ya no desea nada, ni el sufrimiento ni la muerte, sino solo que se cumpla perfectamente en su alma la voluntad de Dios. Vive en el santo abandono y solo le atrae el amor. Y dice: "Puedo repetir aquellas palabras del Cántico Espiritual de nuestro padre san Juan de la Cruz:
«En la interior bodega
de mi Amado bebí,
y cuando salía por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía;
y el ganado perdí que antes seguía.
Mi alma se ha empleado,
y todo mi caudal, en su servicio;
ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio».
Teresa se dejó llevar a la bodega interior. "Comprendo y sé muy bien por experiencia que «el reino de los cielos está dentro de nosotros»", dirá. Allí sacia su sed. Pero el Niño Jesús que acuna en su corazón muchas veces, como afirma ella, está dormido. Y su Maestro le "enseña sin ruido de palabras": "Yo nunca le he oído hablar, pero siento que está dentro de mí, y que me guía momento a momento y me inspira lo que debo decir o hacer".
Otras veces contempla a Jesús allí, en la interior bodega de su alma, solo, pisando sin ayuda las uvas para el vino que da de beber. Entonces el amor mueve a la unión, también en el sacrificio de la entrega: "Pisemos para Jesús un vino nuevo que apague su sed, que le devuelva amor por amor. No nos guardemos ni una sola gota del vino que podamos ofrecerle".
Dice san Juan de la Cruz que la "interior bodega" es "el último y más estrecho grado de amor" en que el alma puede situarse en esta vida.
Ésta es la "bodega del Niño Jesús" a la que Teresita se dejó llevar por Dios. "Entonces Jesús me tomó de la mano y me hizo entrar en un sitio subterráneo donde no hace ni frío ni calor, donde no luce el sol y al que no visitan ni el viento ni la lluvia. Un sitio subterráneo donde no veo nada más que una claridad semivelada, la claridad que difunden a su alrededor los ojos bajos de la Faz de mi Prometido... Mi Prometido no me dice nada, ni yo le digo tampoco nada a él; tan sólo que le amo más que a mí misma. Y en el fondo de mi corazón siento que es verdad, ¡pues soy más de él que mía...! No veo que avancemos hacia la cumbre de la montaña, pues nuestro viaje se hace bajo tierra; pero, con todo, me parece que nos acercamos a ella sin saber cómo. La ruta que sigo no tiene ningún consuelo para mí, y sin embargo me trae todos los consuelos, porque es Jesús quien la ha elegido y yo quiero consolarlo sólo a él, ¡sólo a él...! ¡Ay, qué verdad tan grande es que, si yo le ofrezco las uvas de mi corazón, lo hago entre la B y la A, porque ni yo misma entiendo nada! (...) No te olvides de ir a la bodega a tomar tu sorbito de vino; y al beberlo, piensa en tu hijita que, a buen seguro, tampoco está bebiendo los vinos azucarados de Engaddi... Pide que ella sepa dárselo a su Esposo, salvando almas, y se sentirá consolada..." (carta a su hermana Paulina, sor Inés de Jesús, agosto de 1890).


viernes, 24 de noviembre de 2017

#229 La desnudez, la descalcez


Este pesebre me lo regalaron en octubre de 2017 Teresa y Susana Gargiulo, dueñas de "la casa del pesebre".
Es de arcilla, de siete piezas, en estilo andino, y las figuras tienen rostros muy expresivos, pero lo más llamativo para mi es la completa desnudez del Niño Jesús y los pies descalzos de quienes le adoran.
Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, nace desnudo. Y también muere, en la Cruz, desnudo. Una desnudez de hondo significado, que nos remite a aquella "inocencia original", antes de la caída. La desnudez revela la verdad del ser y, en la plena amistad con Dios, no cabía la vergüenza de ser vistos por el Padre tal cual éramos, porque nuestra desnudez hablaba de la hermosura de nuestra gracia original.
La desnudez del Niño nos recuerda la belleza y pureza de esa inocencia original que perdimos por el pecado. Pero también nos habla de cómo el Hijo, que gozaba de gloria junto al Padre antes que el mundo existiera, quiso venir a habitar entre nosotros despojado de su vestidura real: "Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos" (Filipenses 2, 6-7).
Y ese despojo llegó al extremo en la Cruz, donde Jesús, desnudo -una desnudez que sus verdugos infringían como castigo vergonzante-, reveló la verdad de su ser: el Amor totalmente entregado que redime y nos devuelve la inocencia. En esa desnudez extrema, Cristo nos regala su vestidura real: la de los hijos de Dios.
Esto es un misterio de amor muy, muy grande... grande como una montaña... como la montaña de Dios.
Como a Moisés, que en el Horeb se siente llamado por su nombre, atraído, a acercarse a mirar, a contemplar, el misterio de Dios, también se nos advierte: "No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa" (Éxodo 3, 5).
Descalzarse es la actitud de quien reconoce estar ante el misterio de Dios, de quien descubre su Presencia y le adora. Y no podemos asomarnos a la tierra santa de la desnudez de Cristo sin, por lo menos, desnudar nuestros pies.
Hay en esta descalcez algo, al menos en deseo e intención, de aquella inocencia original. Los pies desnudos hablan de humildad, de sencillez, de pobreza. Los pies desnudos recuerdan los pasos infantiles, la pureza de los niños. Y Dios solo se revela a los que son como éstos: "Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios" (Mateo 5, 8). "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños" (Mateo 11, 25).
Si no nos descalzamos, si no dejamos a un lado las sandalias y todo su polvo acumulado por el camino, nunca entraremos en contacto directo con la tierra santa de la desnudez de nuestro Dios, de la verdad de su Ser y de nuestro ser.
¡Bendita desnudez que nos invita a la descalcez!





jueves, 16 de noviembre de 2017

#228 Primera comunión... ¡Navidad!


Esta medalla me la regaló mi amiga Annie Calzia. Es de Salve Regina y tiene la imagen de la Sagrada Familia en el pesebre. Me la regaló el 16 de septiembre de 2017, el mismo día que mi sobrino Juan Cruz recibió por primera vez a Jesús Sacramentado en la iglesia de Dios Padre, en el santuario de Schoenstatt, de Florencio Varela (Argentina).
Ese día, el sacerdote que presidió la misa trazó en su sermón una hermosa relación entre el nacimiento de Jesús y la primera comunión. Habló de la encarnación, misterio de comunión con nuestra humanidad, y de cómo el Señor ha deseado desde la eternidad el día de venir a nacer en el pesebre del corazón de cada uno de nosotros... "¡Hoy es Navidad!", les dijo el sacerdote a los chicos, en quienes ese día Jesús Sacramentado nació verdaderamente. Les pidió varias veces que repitieran la fecha de ese día, para grabarla en la memoria del alma y para celebrarla luego, cada año, como se celebra la Navidad.
En cada comunión se actualiza el misterio de Belén. Ser pesebre pobre, humilde, para recibir y abrazar a nuestro Dios Niño, silencioso, pequeño, despojado de su gloria y majestad. Y llenarse de gratitud por vivir este "milagro de  amor", tal como cantaron ese día los chicos después de recibir su primera comunión.


"Jesús, aquí presente en forma real,
te pido un poco más de fe y de humildad.
Quisiera poder ser digno de compartir 
contigo el milagro más grande de amor.
Milagro de amor tan infinito 
en que tú, mi Dios, te has hecho 
tan pequeño y tan humilde para entrar en mi.
Milagro de amor tan infinito 
en que tú, mi Dios, te olvidas 
de tu gloria y de tu majestad por mi.
Y hoy vengo, lleno de alegría,
a recibirte en esta eucaristía.
Te doy gracias por llamarme a esta cena 
porque, aunque no soy digno,
visitas tú mi alma.
Milagro de amor tan infinito 
en que tú, mi Dios, te has hecho 
tan pequeño y tan humilde para entrar en mi.
Milagro de amor tan infinito 
en que tú, mi Dios, te olvidas 
de tu gloria y de tu majestad por mi.
Gracias, Señor,
por esta comunión".


(letra: María Constanza Fernández)




martes, 7 de noviembre de 2017

#227 Alpaca real


Este pesebre me lo regalaron mis amigas Eukene Oquendo y Carlota Ciudad en agosto de 2017. Lo trajeron de San Miguel de Tucumán, en el noroeste de Argentina.
Es una única pieza de barro, con las figuras de la Sagrada Familia en estilo andino, junto a una alpaca.
Originaria de los Andes, la alpaca es parte de la familia de los camélidos, junto con los dromedarios, los camellos, las llamas, las vicuñas y los guanacos.
En lo primero que pensé cuando vi este animal junto a la Sagrada Familia y al Niño envuelto en un tejido blanco fue en una estrofa de un popular villancico argentino: "Llegaron ya, los reyes eran tres: Melchor, Gaspar y el negro Baltasar. Arrope y miel le llevarán y un poncho blanco de alpaca real".
La canción se llama "Los reyes magos" y fue compuesta en una "noche de milagro" de septiembre de 1964 por el compositor y pianista Ariel Ramírez y el periodista, historiador y escritor Félix Luna como parte del disco "Navidad nuestra", integrado por temas navideños con melodías y letras embebidos de la cultura argentina. Así, los reyes magos no le regalan al Niño incienso, oro y mirra, sino arrope, miel y un poncho blanco... de alpaca real.
Pero, ¿y qué es la alpaca real?
La alpaca es un animal muy apreciado por su lana.
Reservada en la antigüedad para los nobles del pueblo inca, la lana de alpaca es considerada como el "oro de los Andes" porque su fibra es una de las valoradas del mundo por ser muy suave, abrigada y resistente al agua. Hay diferentes calidades de lana de alpaca, pero la "real" es la mejor.
Este pesebre y la canción a la que me remite me hacen pensar en lo importante de dar a Dios de lo nuestro y, de lo nuestro, lo mejor. Aunque todo lo que tenemos, en el fondo, lo hemos recibido como don de Dios, lindo es que los autores del villancico pensaron que los reyes debían llevarle al Niño algo de la propia tierra y, así, invitarnos a nosotros a regalarle al Señor de lo nuestro, de nuestra propia vida, no de lo que pretendemos ser o hacer, sino de lo que somos, de nuestra realidad, de nuestra verdad. Y, de eso que somos, lo mejor. Lo que se reserva para un Rey. ¡Qué desafío pensar qué podemos ofrecerle al Señor desde esta perspectiva!
Pero qué hermoso también saber que eso que le ofrezcamos, Él, siendo Dios, no lo despreciará, sino que lo aceptará y lo guardará como el mejor regalo.
Me recuerda un poco a aquella mujer que tenía guardado para Jesús un frasco de perfume muy caro y lo derramo entero sobre el Señor... Uno comentó que aquello era un desperdicio, pero Jesús defendió el gesto de esa mujer...
Y como los reyes llevaron aquel regalo tan suyo y valioso como parte de un acto de adoración, este pesebre también me recuerda que a adorar a Jesús debemos ir así, con nuestra vida como ofrenda, con nuestro tiempo -¡el tiempo es oro!- como don al Señor... dárselo todo con ternura, con dulzura, con calidez, con sencillez, con fe... de lo nuestro, lo mejor, para nuestro Rey.


"Llegaron ya, los reyes y eran tres:
Melchor, Gaspar y el negro Baltasar.
Arrope y miel le llevarán
y un poncho blanco de alpaca real.
Changos y chinitas duérmanse
Que ya Melchor, Gaspar y Baltasar
todos los regalos dejarán
Para jugar mañana al despertar.
El Niño Dios muy bien lo agradeció,
comió la miel y el poncho lo abrigó.
Y fue después que sonrió
y a medianoche el sol relumbró".

"Los reyes magos", de Félix Luna y Ariel Ramírez


lunes, 30 de octubre de 2017

¡Cinco años! A tiempo... y a destiempo




Hoy este proyecto de El 60 a Belén, desde el blog y las redes sociales, cumple cinco años.
En este tiempo he descubierto que no colecciono pesebres. Colecciono "oportunidades" para poder escribir de Dios y sus misterios desde la humilde y tierna imagen del pesebre.
Y estas oportunidades me son dadas, como don, no solo cuando consigo un nuevo pesebre, sino, mayormente, por tantas personas generosas que tienen presente esta iniciativa y me regalan un belén o comparten el que tienen. Así, me regalan estas oportunidades para hablar de Dios y llegar a otros con una invitación a contemplar y acercarse al Niño Jesús.
Cuando inicié este proyecto pensé que, fuera del tiempo de Adviento y Navidad, sería difícil alimentarlo y sostenerlo. ¡Me equivoqué! La Providencia se encarga muy bien de que no me falten "oportunidades" en ninguna época del año.
A veces busco pesebres en pleno junio y me responden: "no tenemos, no es temporada". Les respondo: "¡es que para mi siempre es temporada!".
Creo -de verdad lo creo- que Navidad es todos los días. O, por lo menos, debería serlo... pues el Señor está dispuesto a nacer en el pesebre de nuestro corazón cada día.
Por eso tengo por seguro que siempre es buen momento para contemplar el pesebre. Y, por último, tomo para mi el consejo de san Pablo: "insiste a tiempo y a destiempo" (Segunda Carta a Timoteo 4, 2).
Gracias a todos los que me regalan estas "oportunidades" y, principalmente, gracias a Dios...

sábado, 28 de octubre de 2017

Pesebres invitados #53: Con arte digital


Estas imágenes me las envió Caty Obeid, una amiga de El 60 a Belén. Ya habíamos compartido algunos de sus trabajos en 2013 y 2014.
Nacida hace 77 años en Victoria (Entre Ríos, noreste de Argentina) y arquitecta de profesión, Caty hace -y enseña a hacer- pesebres en porcelana fría que monta sobre elementos de la naturaleza que encuentra, como cortezas, vainas secas o piñas.
Pero también es artista digital. Desde 2008 crea imágenes con un programa de diseño y los pesebres son parte de sus creaciones.
"El tema del pesebre siempre me atrajo. Me enternece el Niño Jesús, tan humilde en su cunita", me comenta Caty.
Dice el Papa Francisco que "el artista es el testigo de lo invisible, y la obra de arte es la prueba más fuerte de que la encarnación es posible".
También en sus nuevos lenguajes y formas expresivas, como el digital, el arte es -está llamado a serlo- instrumento de evangelización porque "la belleza representa un camino para encontrar al Señor", como señala el Papa en el libro "Mi idea del arte".
El arte, añade Francisco, "puede ser un medio extraordinario para contar a los hombres y mujeres de todo el mundo, con sencillez, la buena nueva de Dios que se hace hombre por nosotros, porque nos quiere".
¡Gracias, Caty, por contarnos con tu arte cuánta belleza encierra la humildad del pesebre!




jueves, 19 de octubre de 2017

#226 Sedes Sapientiae

Este pesebre me lo regalaron mis padres en agosto de 2017. Lo compraron en la santería de Nuestra Señora del Carmelo, en Buenos Aires, pero fue hecho en China y es de la marca Montefiori. Es una única pieza, en resina, con las figuras de la Sagrada Familia: san José sostiene un farol y abraza a María, que sobre su falda tiene sentado al Niño Jesús.
La imagen de María que en su regazo tiene sentado al Niño fue en el arte religioso medieval una representación muy popular de la Virgen como "sedes Sapientiae", o "trono de la Sabiduría". Con el correr de los siglos, el arte siguió representando esta figura, aunque dándole mayor movimiento, con gestos de ternura maternal, como en este pesebre, en el que la Virgen sostiene la mano del Niño y le mira con suma dulzura.
Jesús es la Sabiduría encarnada y María, su trono.
Dice san Luis María Grignion de Montfort, en "El amor de la Sabiduría eterna", que un deseo ardiente, oración continua y mortificación son tres medios para adquirir la sabiduría divina, pero, afirma, el gran medio y mejor secreto para adquirirla y consrrvarla es una "tierna y verdadera" devoción a la Santísima Virgen, que es "la madre, la señora y el trono de la divina Sabiduría".

María es la Señora de la divina Sabiduría, explica san Luis María Grignion de Montfort, no porque sea superior ni igual a Dios "sino porque Dios Hijo, la Sabiduría eterna, con haberse sometido en todo a María, como a su Madre, le ha otorgado sobre sí mismo un poder maternal y natural del todo incomprensible, no sólo durante su vida mortal, sino incluso en el cielo, ya que la gloria no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona" en virtud de lo cual "Jesús en el cielo es, más que nunca, Hijo de María, y María, Madre de Jesús".
En este sentido, destaca el santo francés, "María tiene autoridad sobre Él, y Él, en cierto modo, le está sumiso, porque así lo ha querido; es decir, que María, por su poderosa oración y gracias a su divina maternidad, obtiene de Jesús todo cuanto quiere, lo da a quien quiere y le engendra todos los días en las almas que ella quiere".
"¡Oh cuán dichosa es el alma que ha logrado el favor de María! Puede tener la seguridad de poseer muy pronto la Sabiduría, pues como ésta ama a los que la aman, les comunica a manos llenas sus dones, especialmente el bien infinito que encierra todos los demás, Jesús, fruto de su vientre", explica el santo.
En María, "trono real de la Sabiduría eterna", muestra la misma Sabiduría sus grandezas, exhibe sus tesoros y pone sus delicias. "No existe otro lugar en el cielo ni en la tierra donde la Sabiduría eterna derroche tanta magnificencia y se complazca tanto como en la incomparable María", afirma san Luis María Grignion de Montfort.




viernes, 6 de octubre de 2017

#225 Nuestro barro


Este pesebre me lo regaló en agosto de 2017 mi amigo Claudio Rodríguez, que lo compró en una feria de la parroquia Buen Pastor, de Buenos Aires.
Las figuras de María, José y el Niño son de yeso y están dentro de una vasija de barro.
Arcilla. Barro. Agua y tierra. Algo tan simple, tan a la mano. Frágil, maleable. Algo que, a priori, no tiene valor y, encima, ensucia. Hasta que alguien decide tomarlo entre sus palmas, modelarlo con sus dedos, darle la forma concebida en su mente y, si es un artista verdadero, transformarlo en algo bello y valioso.
De barro somos nosotros. Es una imagen que aparee en la creación del hombre en el Génesis. ¡Y vio Dios que su creación era muy buena!
"Como la arcilla en la mano del alfarero, así están ustedes en mi mano", le dice Dios al profeta Jeremías.
Dios, como buen alfarero, nos quiere dar su forma, la forma más bella, más perfecta. Eso requiere de nuestra docilidad, de ser arcilla blanda entre sus manos. Y no siempre es fácil vencer nuestras rebeldías, nuestras resistencias a cambiar de forma... a veces nos agrietamos, nos resecamos...
Lo bueno es que Dios es un artista paciente, un alfarero experto, que no abandona la obra de sus manos.
Dios no tiene asco de nuestro barro. Conoce de sobra de qué estamos hechos. No se escandaliza de nuestra fragilidad. A tal punto que eligió asumir nuestro barro -toda nuestra condición humana, menos la del pecado- encarnándose Él mismo.
Para nuestro barro reseco, su Agua Viva, que nos devuelve blandura, docilidad, apertura al querer de Dios, a la forma bella que Él nos quiere dar.
La "saliva" de Jesús, el Nuevo Alfarero, se mezcla con nuestra tierra agostada para regalarnos el milagro de una vida nueva.
Nos ha hecho vasijas de barro, capaces de contener el tesoro de su Espíritu. Llevamos lo más grande en medio de nuestra fragilidad. Dios lo ha querido así. ¡A tal punto ama nuestro barro!


"Yo sí que te conozco:
Tu vida está en mis manos...
Sos el barro que formo,
vos sos el barro que amo. 

Déjame que te sople mi Aliento...
Déjame modelarte a mi imagen...
Déjame darte una forma nueva...
Deja a tu Alfarero que trabaje...

Un barro dócil que confía en su Artesano,
barro que se funde y nace un nuevo vaso,
donde lleves el tesoro de mi vida y de mi abrazo...

Volver al barro para sentir mi presencia,
embarrarse para ganar transparencia,
Barro abierto al Soplo nuevo, que hace nueva la existencia.

Déjame que te sople mi Aliento...
Déjame modelarte a mi imagen...
Déjame darte una forma nueva...
Deja a tu Alfarero que trabaje...

Yo sí que te conozco...

Y tenele paciencia a tu barro...
Y tenele confianza a mis tiempos...
Y mirá cómo ejerzo este oficio...
Y volvete también alfarero...

El "día a día", es taller simple y fraterno,
donde imaginar lo valioso y lo bueno,
donde modelar, pacientes, el diseño de lo nuevo.

Volver al barro es consagrar lo cotidiano,
es involucrarse quedando embarrados,
es cuidar y amar el rostro bello y frágil de lo humano.

Y tenele paciencia a tu barro...
Y tenele confianza a mis tiempos...
Y mirá cómo ejerzo este oficio...
Y volvete también alfarero...

Yo sí que te conozco..."

"El barro que amo", canción de Eduardo Meana, sdb.

viernes, 22 de septiembre de 2017

#224 Samuel en el pesebre


Este pesebre me lo regaló mi amigo y compañero de trabajo Claudio Rodríguez en agosto de 2017.
Lo vio en una feria a beneficio de Cáritas en la parroquia El Buen Pastor, de Buenos Aires, y me lo trajo.
Es realmente muy hermoso el diseño estilizado de las piezas, hechas en metal. Destaca la figura de la estrella, por la forma, pero a mi, de entrada, la que más me llamó la atención es la de ese niño que sostiene una vela en su mano derecha.
No puedo dar razón de esto, pero lo primero que se me vino a la cabeza al observarlo es Samuel, el profeta.
Luego observé con lupa la figura: no es un ángel, no es un pastor. Es un niño. Y otra vez esta idea: es Samuel.
Pensé que el profeta Samuel, que vivió como once siglos antes que Jesús, bien hubiera querido estar en el pesebre. Y recordé esas palabras que diría el propio Jesús: "Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron" (Mateo 13,17).
Intuyo que Samuel hubiera ido al pesebre sin demoras, tal como lo hicieron los pastores apenas fueron llamados a acudir por la invitación del ángel. Lo intuyo así por la historia del propio Samuel, que siendo apenas un niño -y me lo imagino como el niño de este pesebre- fue llamado por Dios y él, sin conocer de Quién se trataba, se levantaba presuroso e iba a presentarse ante el sacerdote Elí.
"El joven Samuel servía al Señor en la presencia de Elí. La palabra del Señor era rara en aquellos días, y la visión no era frecuente.
Un día, Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos comenzaban a debilitarse y no podía ver.
La lámpara de Dios aún no se había apagado y Samuel estaba acostado en el Templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios.
El Señor llamó a Samuel, y él respondió: "Aquí estoy".
Samuel fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy, porque me has llamado". Pero Elí le dijo: "Yo no te llamé; vuelve a acostarte". Y él se fue a acostar.
El Señor llamó a Samuel una vez más. Él se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy, porque me has llamado". Elí le respondió: "Yo no te llamé, hijo mío; vuelve a acostarte".
Samuel aún no conocía al Señor y la palabra del Señor todavía no le había sido revelaa.
El Señor llamó a Samuel por tercera vez. Él se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy, porque me has llamado". Entonces Elí comprendió que era el Señor el que llamaba al joven y dijo a Samuel: "Ve a acostarte y si alguien te llama, tú dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha". Y Samuel fue a acostarse en su sitio.
Entonces vino el Señor, se detuvo y llamó como las otras veces: "¡Samuel, Samuel!". Él respondió: "Habla, porque tu servidor escucha" (1 Samuel 3, 1-10).

Es de noche, la noche que precede a un día que parece ser como cualquier otro. Cuando los ojos de muchos parecen debilitarse y no ven, hay un pequeño, Samuel que está en vela, con la lámpara encendida, haciendo su tarea cotidiana en el templo.
Nadie, o muy pocos, esperaban escuchar a Dios porque su palabra era "rara" en aquellos días... De hecho, Samuel no conocía aún la voz de Dios... y, sin embargo, algo le impulsa a responder, corriendo, a esa voz que le llama a su Presencia...
"En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.
De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre".
Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!"
Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: "Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado".
Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.
Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido" (Lucas 2, 8-20).

Es de noche, la noche que precede a un día que parece ser como cualquier otro. Cuando los ojos de muchos parecen dormir y no ven el "Sol que nace desde lo alto" que está a punto de iluminar al mundo, hay un grupo de "pequeños", los pastores, que está en vela, haciendo su tarea cotidiana de cuidar los rebaños.
Nadie o muy pocos -ese pequeño resto fiel- esperaban escuchar la Palabra definitiva de Dios. Pero estos pastores son elegidos como los primeros en recibir el gran anuncio del nacimiento del Mesías. Y, sin dudar, van rápidamente a su encuentro.
Imagino a Samuel como un pastor más de los alrededores de Belén que, velando, llamado a la Presencia del Dios hecho Hombre, corre a verle. "Aquí estoy, porque me has llamado", le va diciendo cada uno de los pastores al llegar a los pies del Niño Jesús. Como Samuel, aquellos pastores tampoco conocían hasta entonces al Dios-con-nosotros. Escucharon, en aquella noche santa, por primera vez, la voz de Dios... hecha llanto de recién nacido, hecha gorjeo... Lenguaje de Dios que solo otro niño o quien se hace como un niño puede descifrar.
Velar, escuchar, correr, ponerse a tiro de lo que Dios tiene para decirnos.... es lo que Samuel y los pastores nos enseñan...
Algo más de Samuel: ¡Sí estuvo en Belén! Dios lo llamó para que fuera allí. Samuel fue enviado a esas tierras para ungir rey al joven David... de cuyo linaje emergería Jesús, el verdadero Rey, el verdadero Ungido.
David parecía demasiado pequeño para dar la talla de un rey.
Entonces, Dios dijo a Samuel: "No te fijes en el aspecto ni en la estatura.... Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón" (1 Samuel 16,7).
Dios pronunció esas palabras en Belén... y es como si hubieran permanecido allí, hasta resonar aquella noche en el corazón de los pastores, que, sin reparar en la apariencia de aquel recién nacido acostado entre pajas, fueron capaces de reconocer al Mesías, al Salvador.



sábado, 9 de septiembre de 2017

#223 A Ti levanto mis ojos


Este pesebre me lo regaló mi papá en junio de 2017. Fue comprado en una tienda de la localidad bonaerense de Tigre, pero fue hecho en Salta, en el noroeste de Argentina.
Es una única pieza de cerámica, con las figuras de Josë, María y el Niño en estilo andino, montados sobre un burro.
La imagen representa el momento de la partida de Belén hacia Egipto, huída forzada por la desquicia homicida de Herodes.
Relata san Mateo en su evangelio: "Después de la partida de los magos, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto" (Mateo 2, 13-14).
La obediencia, la premura y el silencio de san José sobrecogen. También la actitud de María. No hay palabras de cuestionamiento, ni expresión de dudas o temores.
Eso no quiere decir que la situación no fuera compleja. Era cuestión de vida o muerte: Herodes quería matar al Niño. Pero Egipto supone marchar hacia lo desconocido, a tierra extranjera, no exenta de hostilidades, a la incertidumbre de cómo subsistir, dónde encontrar un lugar para establecerse, por cuánto tiempo será...
Todos estos interrogantes seguramente acompañaron a José y a María en aquella hora de la pronta obediencia a la orden de Dios, expresada por el Ángel.
Pero en medio de aquella incertidumbre, confiaron, se abandonaron a la voluntad de Dios, a la mano providente del Padre.
Esta actitud de José y María es sobrecogedora. Cuando a su alrededor las sombras de muerte parecen que van a alcanzarlos y en el horizonte, en dirección a Egipto, no se ve mas que desierto, María y José no se quejan, no ponen excusas, no se paralizan por sus limitaciones humanas. Simplemente alzan la mirada. Ojos al cielo. Pupilas fijas en su Señor. Y echarse a andar a Egipto sabiéndose bajo la mirada del Todopoderoso.
¡Estremece una fe tan grande como la de José y María!
Cuando los enemigo nos acechan -incluyendo nuestro orgullo, nuestro egoísmo, la arrogancia de la voluntad propia que también amenazan de muerte a nuestra vida-, Dios nos urge a levantarnos, sin perder tiempo, y ponernos en camino a Egipto. Habrá que atravesar las arenas de la incertidumbre. Pero quien alza la mirada a Dios nunca se pierde.


Oraciones para el "camino a Egipto":

"Levanto mis ojos a las montañas:
¿de dónde me vendrá la ayuda?
La ayuda me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El no dejará que resbale tu pie:
¡tu guardián no duerme!
No, no duerme ni dormita
el guardián de Israel.
El Señor es tu guardián,
es la sombra protectora a tu derecha:
de día, no te dañará el sol,
ni la luna de noche.
El Señor te protegerá de todo mal
y cuidará tu vida.
El te protegerá en la partida y el regreso,
ahora y para siempre".
Salmo 121

"Levanto mis ojos hacia ti,
que habitas en el cielo.
Como los ojos de los servidores
están fijos en las manos de su señor,
y los ojos de la servidora
en las manos de su dueña:
así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios,
hasta que se apiade de nosotros.
¡Ten piedad, Señor,
ten piedad de nosotros,
porque estamos hartos de desprecios!
Nuestra alma está saturada
de la burla de los arrogantes,
del desprecio de los orgullosos".
Salmo 123

miércoles, 30 de agosto de 2017

Niño invitado #52: Rosa de su Corazón


Estas fotos las tomé el 30 de agosto de 2016 en la Basílica Santa Rosa de Lima, de Buenos Aires.
Santa Rosa, patrona de América, es, más que devota, íntima amiga del Niño Jesús y se la suele representar con el pequeño Jesús en brazos, tal como la imagen que hay en la basílica. En esta iglesia hay también una preciosa imagen del Niño sentado, que puede verse en uno de los altares laterales, y un pesebre muy bello, exhibido durante todo el año.
Santa Rosa nació el 30 de abril de 1586 en Lima. Su nombre era Isabel Flores y Olivia. Pero era tan hermosa que, siendo muy pequeña, su madre, considerándola bella como una flor, comenzó a llamarla Rosa.
Según relata su primer biógrafo, fray Leonardo Hansen, siendo adolescente Rosa sufrió de escrúpulos a causa de su nuevo nombre y un día fue a la iglesia de Santo Domingo y se postró ante la imagen de la Virgen del Rosario, de la que era muy devota, para suplicarle un medio que la librase de un nombre que consideraba que había sido inspirado a sus padres por la vanidad. Entonces la Virgen se le apareció con el Niño en brazos y le dijo: "Este divino Niño que tengo aquí aprueba el nombre que llevas, pero desea que añadas también el de su Madre. Y así, de hoy en adelante, te llamarás Rosa de Santa María".
En 1606, con 20 años de edad, recibió el hábito de la Tercera Orden de Santo Domingo. Como dominica seglar, continuó viviendo en la casa de sus padres, dedicada completamente a una vida de oración intensa, penitencia, trabajo y caridad con los enfermos y pobres.
Murió el 24 de agosto de 1617, a los 31 años, en Lima.
Tuvo un inmenso amor a la Eucaristía y a la Virgen del Rosario.
Cuenta el padre Hansen que, siendo Rosa "tan pobre y despegada de las cosas de la tierra", todo su tesoro consistía en un rosario de coral. Y un día fue a la iglesia de Santo Domingo y le pidió al sacristán que colgara su rosario del cuello de la imagen de la Virgen. Algunos días después, entrando Rosa en la capilla de la Virgen del Rosario, vio su rosario, pero no en el cuello de María, sino en las manos del Niño Jesús. "Esto es un milagro, ¿pero qué es lo que significa? No lo sé", dijo el sacristán muy sorprendido. Pero Rosa sí sabía: esperaba una señal de Jesús.
Rosa vivía en la Presencia de Dios y tenía un trato familiar con el Niño que, a veces, otros llegaban a vislumbrar.
Según relata el padre Hansen, mientras Rosa se ocupaba de sus labores de costura, el Niño se le aparecía, se sentaba sobre una mesa, le hablaba en silencio a su corazón, le sonreía y tendía hacia ella sus bracitos con ternura. Otras veces el Niño se posaba sobre un libro, se paseaba entre las líneas del texto y, mirando a Rosa con dulzura, le decía interiormente: "Léeme, porque Yo soy el Verbo o la Palabra: leeme con toda la atención de que soy digno porque, tan pequeño como me ves, encierro en mí todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia de Dios".
Un día, estando de visita en la casa de una señora, se retiró a un cuarto para orar. Una niña, hija de una criada de la casa, la sorprendió en el cuarto junto al Niño Jesús, vestido con una túnica en la que la púrpura se mezclaba con el azul del cielo. El Niño tenía el rostro brillante, con un resplandor celestial. Una cosa parecida pasó en la casa de Isabel de Mejía. La nieta de esta señora, oyendo que Rosa se paseaba en una galería retirada, fue a buscarla y la encontró caminando de la mano con el Niño, conversando en voz baja, con ios ojos fijos el uno en el otro.
Rosa tenía una talla del Dulce Nombre de Jesús y su Sacratísimo Corazón, una imagen del Niño al que llamaba dulcemente su "Doctorcito".
Según señala el padre Ángel Peña, en un libro sobre la santa limeña, este Niño  presidía la sala de la casa de Rosa donde atendía a los enfermos que llevaban a curar. Con él, como médico divino, obtenía curaciones milagrosas cuando no había remedio humano.
Rosa tuvo una vida mística intensa que, en parte, dejó entrever en unos pliegos de papel, con corazones de tela pegados y anotaciones de su puño y letra.
En uno de ellos representó las "mercedes hechas todas a un enamorado corazón tiernamente de Dios a una esclava de Cristo, indigna de ser contada entre los hijos de Dios, estampadas aquí con particular luz del cielo".
En esta composición, Rosa representó la segunda "herida de amor" con un corazón con una cruz en su parte superior y el Niño Jesús adentro. Y escribió: "Aquí descansó Jesús abrasándome el corazón".
Según Hansen, en algunos de sus éxtasis Rosa encontraba al "Amado de su corazón, a su dulce y adorado Jesús", como un recién nacido, en las pajas del pesebre, y lo adoraba "devotamente sonriendo en los brazos de su Madre y tendiéndole a ella sus divinas y pequeñas manecitas".
Pasando por los distintos estadios de la vida espiritual, Rosa, pocos meses antes de morir, recibió la gracia del desposorio místico.
Era el Domingo de Ramos de 1617. Para la procesión con los ramos, los sacristanes de la iglesia de Santo Domingo solían repartir palmas a todos los asistentes. Pero esta vez a Rosa no le tocó. Apenada, pensó que tal vez esto era consecuencia de alguna falta propia que no llegaba descubrir.
Al terminar la procesión, Rosa entró a la iglesia, fue a la capilla de Nuestra Señora del Rosario y se puso a llorar ante la Virgen.
Cuando alzó el rostro, vio que la Virgen la miraba con "un semblante más gracioso que el de costumbre". Entonces, cambió su ánimo, se alegró de no haber recibo la palma y le dijo a la Virgen: "Dios no quiera, Madre mía, que yo esté estrañando por más tiempo una palma que me habría dado una mano mortal. ¿No sois vos la magnífica palmera que adorna el desierto de Cades? Pues vos me daréis uno de vuestros ramos, y jamás se marchitará".
Vio entonces que la Virgen posó su mirada en el Niño Jesús que llevaba en brazos y luego volvió a mirarla con una dulce sonrisa. Entonces el Niño también la miró y le dijo: "Rosa de mi corazón, sé para siempre mi fiel esposa".
Rosa asintió. Mandó a hacerse un anillo con estas palabras grabadas en él: "Rosa de mi corazón, sé tú mi esposa". Al concluir la misa del Domingo de Pascua, se colocó el anillo, símbolo del amor que no tiene fin, de la verdadera palma que no se marchita.
"Rosa de mi corazón"...