martes, 19 de junio de 2018

#243 ¿Árbol, hoja?... ¡Dios!


Este pesebre me lo regaló mi amigo Sebastián Meresman en abril de 2018. Lo trajo de Villa General Belgrano (Córdoba, Argentina). Es de cerámica, con las figuras de la Sagrada Familia en estilo andino dentro de ¿una hoja? ¿un árbol?
Hice una rápida encuesta entre la decena de compañeros de trabajo que estaba allí. Y la mitad dijo "hoja" y la otra mitad, "árbol"...
Tan solo uno respondió de entrada "pesebre". Fue el único que supo ver lo que realmente importa: una escena que habla de Dios hecho Hombre.
Y es que quizás estamos poco habituados al ejercicio de pensar y buscar la presencia de Dios, la acción de Dios, en las cosas, las personas, la creación toda, los acontecimientos...
No se trata de una cuestión de ignorancia o erudición. Los supuestos "sabios y entendidos" en las cosas de Dios que vieron, escucharon y hablaron varias veces con Jesús no lo supieron reconocer como el Hijo enviado por el Padre.
Sabios que se creen "excelsos y luminosos como los astros", cuando en realidad "se han venido a tierra y se ha oscurecido su corazón", como dice san Agustín de Hipona.
En sus "Confesiones", Agustín habla de los filósofos capaces de conocer y medir los caminos de los astros por las regiones siderales y de predecir con antelación los eclipses, pero incapaces de buscar de dónde les viene su ingenio y de conocer el camino, que es el Verbo -el Hijo de Dios-, por quien fueron hechos "lo que ellos cuentan y a los que lo cuentan y el sentido con que perciben lo que cuentan y la inteligencia con que sacan la cuenta".
Escudriñan la naturaleza de las cosas, pero no son capaces de descubrir a su Creador.
"Es cierto que muchas cosas verdaderas dicen de la creación, pero no buscan con espíritu de piedad al artífice del universo y por eso no lo encuentran", se lamenta san Agustín.
Y a propósito de hojas y árboles y ramas y demás, insiste el "doctor de la gracia" en que no importa tanto el conocer como el hacia qué nos conduce ese conocimiento.
Dirigiéndose a Dios, afirma: "El que posee un árbol y te da las gracias por sus frutos sin saber cuán alto es y cuánto se extienden sus ramas está en mejor condición que otro hombre que mide la altura del árbol y cuenta sus ramas, pero ni lo posee ni conoce ni ama a su creador".
"¿Acaso, Señor, el que sabe estas cosas te agrada con sólo saberlas? Infeliz del hombre que sabiendo todo esto no te sabe a ti y dichoso del que a ti te conoce aunque tales cosas ignore. Pero el que las sepa y a ti te conozca no es más feliz por saberlas, sino solamente por ti, si conociéndote te honra como a Dios y te da gracias y no se envanece con sus propios pensamientos", sostiene.
¿Hoja, árbol...? No lo sé... Me basta con saber que es pesebre y que me habla de mi Señor!

lunes, 4 de junio de 2018

#242 Providencia


Este pesebre me lo regaló mi amiga Yesica Brumec en marzo de 2018. Lo trajo de Lima, Perú, y es un pesebre de cerámica en miniatura, con figuras en estilo andino muy expresivas.
Sin dudas la más llamativa de las piezas es la del Niño Jesús. Está totalmente desnudo, salvo por el chullo -gorro típico del altiplano- que le cubre la cabeza, y duerme plácidamente boca abajo.
La desnudez y el descanso sereno del Niño hablan de una gran confianza, un abandono en la providencia del Padre que le hace cantar con el salmista: "En paz me acuesto y en seguida me duermo, pues Tú sólo, Señor, me das seguridad" (Salmo 4, 8).
Tenemos un Padre providente, que conoce y está atento a todas nuestras necesidades, materiales y espirituales, que nos sustenta -empezando por nuestra propia vida- y nos colma con sus bienes, aún cuando no somos capaces de reconocerlos y apreciarlos.
La confianza en la Divina Providencia es una actitud de vida que Jesús mismo, como Hijo, practicó y, como Maestro, nos enseña: "No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos, ni por su cuerpo con problemas de ropa. ¿No es más importante la vida que el alimento y más valioso el cuerpo que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves? ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede añadir algo a su estatura? Y ¿por qué se preocupan tanto por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo, y no trabajan ni tejen. Pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como una de ellas. Y si Dios viste así el pasto del campo, que hoy brota y mañana se echa al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes? ¡Qué poca fe tienen! No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos? o ¿qué beberemos? o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso. Por lo tanto, busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y se les darán también todas esas cosas" (Mateo 6, 25-33).
¡Qué desafío a nuestra fe nos presenta Jesús!
Pidamos al Señor el don de una fe creciente, de estar entre quienes realmente "conocen a Dios" y de esperarlo todo de Él... como niños.




"El Niño está gordito, rubicundo,
sus ojitos son dulces, confiados.
Nada le faltará. Él bien lo sabe: 
su comida, a las horas, su vestido,
su gorro de dormir, sus zapatitos.
 ¿Es Dios como una madre,
se preocupa de nosotros, sus hijos consentidos?
¿No dice el Evangelio: contemplad los pájaros del campo, 
que no siembran ni amontonan en trojes ni graneros, 
pero su Padre, Dios, los alimenta?
Mirad los lirios, qué vestidos gastan, 
qué lujo de colores y perfumes. 
Ni Salomón se vistió como ellos. 
¿No valéis más vosotros, poca fe?".
Fragmento de "Abandono a la Providencia",
de Enrique García Santamaría redentorista.



viernes, 1 de junio de 2018

#241 Honguito


Este pesebre me lo regaló mi amiga Cris Terceiro en febrero de 2018. Es una pequeña pieza de cerámica, con las figuras de la Sagrada Familia en estilo andino, y un honguito muy simpático por detrás.
Por sus características particulares, al diferenciarse de plantas y animales, los hongos conforman un reino aparte, el fungi. Los mohos y los organismos productores de setas son hongos, así como también la levadura, o fermento, un hongo microscópico unicelular, capaz de transformar otras sustancias mediante la fermentación y que aparece en una de las parábolas de los evangelios de Mateo y Lucas.
Dice Jesús: «Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: la levadura que toma una mujer y la introduce en tres medidas de harina. Al final, toda la masa fermenta» (Mateo 13, 33). «¿Con qué ejemplo podría ilustrar el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina hasta que fermentó toda la masa» (Lucas 13, 20-21).
La levadura que se usa para hacer pan se llama saccharomyces cerevisiae, un hongo que puede duplicar su volumen en hora y media y leuda la masa.
Bastan unos pocos gramos de levadura para una gran cantidad de masa... el poder de lo pequeño. Y de lo pequeño escondido, oculto, silencioso, transformando lo que le rodea, de modo irreversible. 
La levadura no es harina pero se integra a ella. Nadie ve la levadura, sino la masa. Pero sin levadura -aunque parezca que un puñadito es insignificante y no añade nada-, la masa no se expande, no crece. Sin levadura no hay pan, no hay alimento cotidiano.
Esta figura, que Jesús toma de escenas tan comunes en su entorno, es preciosa. La lógica del Reino es la del poder misterioso de Dios oculto en lo diminuto, en los "pequeños", lo que no se ve, los que parecen perderse en la masa... en los que actúan y todo lo transforman a su alrededor, pero en silencio, sin protagonismos rutilantes... los que hacen crecer el Reino siendo portadores de la gracia de Dios, la única que realmente transforma y genera alimento verdadero para tantos y tantos...


miércoles, 23 de mayo de 2018

#240 Muéstranos al Padre


Este Niño me lo regaló mi papá en la Navidad de 2017. Es de la marca italiana Fars y lo compró en la tienda Nuestra Señora del Carmelo, de Buenos Aires.
Es de yeso y tiene una expresión de inocencia en la carita que me fascina... tiene sus manos juntas, a un costado del rostro, tal como la figura del Niño Jesús de Belén, la talla que en la Nochebuena es portada en procesión hasta el pesebre de la Basílica de la Natividad, de Belén, y, tras la Epifanía, vuelve al altar de la Virgen en la contigua iglesia de Santa Catalina.
El delicado gesto de las manos juntas indica una actitud orante y habla del Niño en estrecha relación con el Padre desde sus primeros instantes de vida encarnada en este mundo. Jesús, desde el pesebre, mira y nos hace mirar al Padre...
«Salí del Padre y vine al mundo» (Juan 16, 28).
«Señor, muéstranos al Padre». «El que me ve a mí ve al Padre» (Juan 14, 8-.9).
Imagino a Jesús con el rostro encendido, la mirada luminosa, la voz entusiasmada al hablar del Padre... su celo, desde niño, por los asuntos de su Padre... su urgencia por el Reino del Padre... su fuego de amor de entrega total por aquellos que le dio su Padre...
Algo muy peculiar se dejaría ver de esta relación tan especial entre el Hijo y el Padre como para que sus discípulos le pidieran a Jesús que les mostrara al Padre, les enseñase a orar al Padre y cómo ir a Él...
Jesús nos enamora del Padre... desde el pesebre hasta la cruz. Para eso se ha encarnado, para llevarnos al Padre, para que seamos hijos con el Hijo...
«Jesús elevó los ojos al cielo y exclamó: «Padre, ha llegado la hora: ¡glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te dé gloria a ti. Tú le diste poder sobre todos los mortales, y quieres que comunique la vida eterna a todos aquellos que le encomendaste.. Y ésta es la vida eterna: conocerte a ti, único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesús, el Cristo» (Juan 17, 1-3).



"Es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre".
Juan 14


lunes, 2 de abril de 2018

#239 Anunciar

Este pesebre me lo regaló mi papá en la Navidad de 2017. Lo compró en la tienda Nuestra Señora del Carmelo, de Buenos Aires. Está hecho en resina y es la figura de un ángel que, en su interior, contiene la escena de los tres Magos de Oriente adorando al Niño.
La figura representa un anuncio: la trompeta es el medio y el mensaje es a la vez comunicación de la buena noticia de Jesús e invitación a encontrarse con Él.
La historia del Pueblo de Dios está atravesada por anuncios, en boca de profetas y ángeles de Dios. Hasta que la Palabra misma se vuelve mensaje y mensajero en Jesús: "El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres" (Isaías 61; Lucas 4).
"Buena noticia" es "anuncio alegre", "evangelio".
Esta "buena noticia", que es Jesús mismo, resulta desbordante, incontenible... es tan grande, poderosa y transformante que no puede ser acallada, guardada, escondida... Todo el que experimenta un auténtico encuentro personal con Jesús sale impulsado hacia el anuncio de la "buena noticia".
Unos corren, como la samaritana, a buscar a los de su pueblo para que ellos también conozcan a Cristo. El leproso, sanado por Jesús, sale a divulgar por todas partes lo que le ha vivido. María Magdalena corre a anunciar la noticia de su vida en la mañana del Domingo de Resurrección...
Unos anuncian con su predicación, pero nadie puede transmitir de verdad y con eficacia la "buena noticia" si antes no es él mismo un testimonio vivo de cómo el "evangelio", el encuentro personal con Jesús, ha transformado su vida. Como decía san Francisco de Asís,  "predica el Evangelio en todo momento y, cuando sea necesario, utiliza las palabras"...

sábado, 17 de marzo de 2018

#238 Mirada de niño


Este pesebre me lo regaló en diciembre de  2017 mi amiga Annie Calzia. Fue realizado en porcelana fría por niñas del club de chicas del Centro Cultural Sureda, de Buenos Aires.
Está hecho así: por manos de niños, desde los ojos del corazón de niños. La mirada de una niña al Niño... y no es lo mismo mirar a Jesús como niños, que es la mirada que Él nos pide sea cual fuere nuestra edad, que como adultos.
Los niños miran con inocencia, sin prejuicios, con sana curiosidad, con confianza, con pureza de intención... y unos ojos así pueden sin obstáculos mirar de frente a los de Jesús, ojos transparentes de quien ha querido ser uno de ellos, un Niño.
Mirar a Jesús como niños es también encontrarse con una mirada de amor, una mirada que nos valora, que nos coloca en el centro, que nos abraza, que nos bendice, que nos defiende... tal como hacía Jesús con los niños.
"Algunas personas le presentaban los niños para que los tocara, pero los discípulos les reprendían. Jesús, al ver esto, se indignó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. En verdad les digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.» Jesús tomaba a los niños en brazos e, imponiéndoles las manos, los bendecía" (Marcos 10, 13-16).
¡Qué Dios nos conceda la gracia de la infancia espiritual!


«¡Gran Dios! No permitas que ciertos espíritus, de los que unos se clasifican entre los sabios y otros entre los espirituales, puedan jamás ser acusados ante tu inapelable tribunal de haber contribuido en algún modo a cerrarte la puerta de no sé cuántos corazones por el solo hecho de que Vos querías entrar en ellos de una manera cuya sola sencillez les extrañaba y por una puerta que, aunque está abierta de par en par por los santos desde los primeros siglos de la Iglesia, ellos, tal vez, no conocían aún suficientemente. Antes bien, haz que, volviéndonos todos tan pequeños como niños, a la manera que Jesucristo lo ordenó, podamos entrar una vez por esta puertecita, a fin de poder después enseñársela a los demás más segura y más eficazmente».
«Si pudiera recomenzar a vivir, quisiera ser únicamente un niño que da siempre la mano al Niño Jesús».

Jacques Bénigne Bossuet​ (1627-1704), citado en "Consejos y recuerdos" por Celina Martin -Genoveva de la Santa Faz-, hermana de santa Teresa del Niño Jesús
 


jueves, 8 de marzo de 2018

#237 Espíritu de Amor


Este pesebre lo compré en diciembre de 2017 en la Feria Internacional de Artesanías, realizada en Buenos Aires.
Es un encastre de madera hecho por el maestro artesano Víctor Di Gennaro, nacido en Buenos Aires.
La imagen está coronada con una paloma, representación del Espíritu Santo.
El misterio trinitario se hace presente en la Encarnación: "Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. (...) El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios" (Lucas 1).
Santa Isabel de la Trinidad compuso una hermosa oración -la "Elevación a la Santísima Trinidad"- en la que pide ser "morada" del Amor trinitario, ser "revestida" del mismo Cristo, ser "sustituida" por Él... ser "cubierta con la sombra" del Altísimo para que el Padre no vea en ella sino a su Hijo Predilecto en quien ha puesto todas sus complacencias.
Isabel invoca así al "Espíritu de Amor" para que también descienda sobre ella y se realice en su alma "como una encarnación del Verbo" a fin de ser para Cristo una "humanidad suplementaria" en la que Él renueve todo su misterio.


"¡Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme enteramente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, ¡oh mi Inmutable!, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio. 
Inunda mi alma de paz; haz de ella tu cielo, la morada de tu amor y el lugar de tu reposo. Que nunca te deje allí solo, sino que te acompañe con todo mi ser, toda despierta en fe, toda adorante, entregada por entero a tu acción creadora.
¡Oh, mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para tu Corazón; quisiera cubrirte de gloria amarte… hasta morir de amor! Pero siento mi impotencia y te pido «ser revestida de Ti mismo»; identificar mi alma con todos los movimientos de la tuya, sumergirme en Ti, ser invadida por Ti, ser sustituida por Ti, a fin de que mi vida no sea sino un destello de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.
¡Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios!, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme dócil a tus enseñanzas, para aprenderlo todo de Ti. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero fijar siempre la mirada en Ti y morar en tu inmensa luz. ¡Oh, Astro mío querido!, fascíname para que no pueda ya salir de tu esplendor.
¡Oh, Fuego abrasador, Espíritu de Amor, «desciende sobre mí» para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo. Que yo sea para El una humanidad suplementaria en la que renueve todo su Misterio.
Y Tú, ¡oh Padre Eterno!, inclínate sobre esta pequeña criatura tuya, «cúbrela con tu sombra», no veas en ella sino a tu Hijo Predilecto en quien has puesto todas tus complacencias.
¡Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo!, yo me entrego a Ti como una presa. Sumergíos en mí para que yo me sumerja en Vos, mientras espero ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas".
Santa Isabel de la Trinidad, "Elevación a la Santísima Trinidad"


sábado, 24 de febrero de 2018

Pesebre invitado #59: Tú, Señor, estás cerca


Estas fotos fueron enviadas en febrero de 2018 por Juan Escobedo, de México, quien se contactó a través del correo electrónico del blog para compartir este bello pesebre, original de su país.
El nacimiento -así lo llaman en México- es de su hermana y su cuñado, a quienes les fue regalado por un amigo, el artista Gilberto Abarca Galeana, originario del estado de Guerrero, en la costa sur de México.
Es obra del propio Gilberto y está hecho con la corteza que cubre el coco.
"El nacimiento es una conmemoración anual del Nacimiento de Jesús, hecho de por sí importante para todos nosotros como cristianos. Y el hecho de representarlo con materiales locales hace que lo sintamos más cercano, más propio, hace que sintamos esta fiesta como un evento más cercano a nuestra cultura. Y aún más, que venga de un amigo tan especial, le da un significado más profundo", explica Juan.
De sus palabras rescato aquello de la "cercanía" que les inspira este nacimiento.
La Encarnación es, en sí, la consumación de la cercanía de Dios con nosotros... "Tú estás cerca, Señor" (Salmo 119). Tan cerca está que, siendo Dios, se hace Hombre, Dios-con-nosotros. Tan cerca que se une a nosotros en cada Eucaristía. Tan cerca que viene a hacer morada en nosotros...

"Dios está en todas partes, es inmenso y está cerca de todos, según atestigua de sí mismo: Yo soy -dice- un Dios cercano, no lejano. El Dios que buscamos no está lejos de nosotros, ya que está dentro de nosotros, si somos dignos de esta presencia. Habita en nosotros como el alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de él, de que estemos muertos al pecado. Entonces habita verdaderamente en nosotros aquel que ha dicho: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos. Si somos dignos de que él esté en nosotros, entonces somos realmente vivificados por él, como miembros vivos suyos: Pues en él -como dice el Apóstol- vivimos, nos movemos y existimos".
San Columbano, abad (Instrucción 1, Sobre la fe)


sábado, 17 de febrero de 2018

#236 Vengan a mi


Este Niño, hecho en resina, de la marca Domine, me lo regaló en diciembre de 2017 mi mamá, quien lo compró en la tienda Nuestra Señora del Carmelo, de Buenos Aires.
Es hermoso. ¡Encantador! Y tiene sus brazos abiertos, como quien llama, quien pide que se acerquen a Él, como quien da la bienvenida a la cercanía, al abrazo...
"Vengan...", parece decirnos con este gesto el Niño, que no habla aún, pero que, ya de entrada, conjuga el verbo que tantas veces saldrá de sus labios: "Vengan y lo verán", "vengan a mí los que están cansados", "vengan ustedes solos a un lugar desierto", "ven y sígueme", "ven", "vengan a comer"... "síganme y yo los haré pescadores de hombres", "sígueme", "tú sígueme"...
Santa Teresa Benedicta de la Cruz -Edith Stein- medita sobre esta imagen de Jesús, en el pesebre, con sus brazos abiertos, invitando a los que son "como niños" a integrar el "séquito" del Hijo de Dios hecho hombre:
"El Niño del pesebre extiende sus bracitos y su sonrisa parece predecir lo que más tarde pronunciarán los labios del hombre:
'Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré' (Mt 11,28). A aquellos que escucharon su llamada, a los pobres pastores, a quienes el resplandecer del cielo y la voz de los ángeles les anunciaron la buena noticia en los campos de Belén y que, poniéndose en camino, respondieron a esa llamada diciendo: 'Vamos a Belén' (Lc 2,15); también a los reyes que desde el lejano Oriente habían seguido con fe sencilla la maravillosa estrella, a todos ellos les fue derramado el rocío de la gracia que emanaba de las manos del pequeño Niño y fueron 'colmados de un gran gozo' (Mt 2,10).
Esas manos conceden y exigen al mismo tiempo: vosotros sabios, deponed vuestra sabiduría y haceos sencillos como los niños; los reyes, entregad vuestras coronas y tesoros e inclinaos humildemente ante el Rey de los Reyes y aceptad sin titubeos los trabajos, penas y sufrimientos que su servicio exige. De vosotros niños (los Santos Inocentes), que no podéis dar nada todavía voluntariamente, de vosotros toman las manos del Niño Jesús la ternura de vuestra vida, antes casi de que haya comenzado. Ella no podría ser mejor empleada que en el sacrificio por el Señor dela Vida.
¡Sígueme! De esa manera se expresan las manos del Niño, como más tarde lo harán los labios del hombre (Mc 1,17). Así hablaron sus labios al discípulo que el Señor amaba y que ahora también pertenece a su séquito. El mismo Juan, el más joven de todos, el discípulo con corazón de niño, lo siguió sin preguntar a dónde o para qué. Abandonó la barca de su padre y siguió al Señor por todos sus caminos hasta la cumbre misma del Gólgota.
¡Sígueme! Lo mismo hizo también Esteban. Siguió los pasos del Señor en la lucha contra el poder de las tinieblas y contra el enceguecimiento de la incredulidad empedernida; finalmente dio testimonio de Él con su palabra y con su sangre. Lo siguió también en el espíritu; en el espíritu de Amor que combate el pecado, pero que ama al pecador y que, aún frente a la muerte, intercede ante Dios por sus asesinos.
Estas son las figuras de la luz que se arrodillan en torno al pesebre: los tiernos niños inocentes, los fieles pastores, los humildes reyes, san Esteban, el discípulo entusiasta, y Juan, el apóstol del amor. Todos ellos siguieron la llamada del Señor. Frente a ellos se extiende la noche cerrada de la incomprensible dureza de corazón y de la ceguera de espíritu: la de los escribas, que podían señalar con exactitud el momento y el lugar donde el Salvador del mundo habría de nacer, pero que, sin embargo, fueron incapaces de deducir de allí un decidido: 'Vamos a Belén' (Lc 2,15); y la del rey Herodes que quiso quitar la vida al Señor de la Vida.
Frente al Niño recostado en el pesebre se dividen los espíritus. Él es el Rey de los Reyes y Señor sobre la vida y la muerte. Él pronuncia su 'sígueme' y el que no está con Él está contra Él. Él nos lo dice también a nosotros y nos coloca frente a la decisión entre la luz y las tinieblas", concluye Edith Stein.
¡Vengan a mi!


viernes, 9 de febrero de 2018

#235 Dulce de leche


Este pesebre me lo regaló mi mamá en diciembre de 2017. Lo compró en la tienda de artículos religiosos Nuestra Señora del Carmelo, de Buenos Aires, y fue hecho por el taller MSF.
Son tres pequeñas piezas de cerámica esmaltada y venían dentro de una caja cilíndrica de cartón, que en Argentina se utiliza muchas veces para envasar dulce de leche artesanal.
En este caso, al abrir el envase no fluye un manjar para el paladar sino la dulzura propia del pesebre, un dulce que alegra el corazón y que nos habla de la dulzura de Dios...
Ternura, amabilidad, cariño, delicadeza... ¿cómo definir la virtud de la dulzura? Explica la venerable francesa Madre Luisa Margarita Claret de la Touche (1868-1915) que la dulzura constituye la "forma de la bondad", una forma "exquisita y delicada que la hace atrayente".
"Una bondad tosca y descortés es una bondad sin forma, una bondad que no podría imponerse a los corazones. Pero cuando está revestida de dulzura adquiere una autoridad soberana y atrae todo a ella con poderoso atractivo. Tal fue la bondad de Jesús", señala la Madre Luisa Margarita, fundadora de la congregación Berania del Sagrado Corazón.
En el caso de Jesús, añade, "la dulzura, atemperando el celo ardiente del Maestro, lo hacía suave, afable, atrayente" y "había impreso en todo su ser un encanto tan irresistible que todos, niños y ancianos, enfermos y multitudes compactas iban hacia Él y seguían sus pasos".
La dulzura de Jesús... ¡enamora!



"¡Oh! Salvador mío, 
fuente inagotable de dulzura y de bondad! 
No piense yo más que en Vos. 
Cuando al mismo tiempo que a Vos
se ama cualquier otra cosa, 
ya no se os ama, ¡oh Dios mío!, 
con verdadero amor.
¡Oh amor lleno de dulzura, 
dulzura llena de amor, 
amor exento de penas 
y seguido de infinidad de placeres;
amor tan puro y tan sincero 
que subsiste en todos los siglos;
amor cuyo ardor no hay cosa 
que pueda apagar ni entibiar! 
¡Jesús, mi adorable Salvador, 
cuyas bondades, 
cuyas dulzuras son incomparables,
caridad tan perfecta 
como que sois nada menos que mi Dios! 
Véame yo abrasado en vuestras divinas llamas, 
de suerte que no sienta ya más 
que aquellos torrentes de dulzuras,
de placeres, de delicias y de alegría,
pero de una alegría enteramente justa, 
enteramente casta, pura, santa 
y seguida de aquella perfecta paz
que solamente en Vos se encuentra.
Sea yo abrasado en las llamas de aquel amor, 
¡oh Dios mío!, 
con todo el afecto de mi corazón y de mi alma. 
No quiero, bien mío, 
no quiero en lo sucesivo 
más amor que el vuestro. 
Amén".
San Agustín de Hipona


viernes, 2 de febrero de 2018

#234 El Corazoncito de Jesús


Este pesebre lo compré en diciembre de 2017 en la tienda de artículos religiosos de la basílica Nuestra Señora de la Merced, de Buenos Aires.
Es un pequeño tríptico de cuero, repujado y pintado a mano. En los laterales hay figuras de ángeles tocando instrumentos musicales y en la parte central está la Sagrada Familia. El Niño está sentado en el regazo de María, mira de frente y muestra en su pecho su pequeño corazoncito...
El Corazón de Jesús nos habla de su infinito Amor, pero un Amor encarnado: Dios nos ama con un corazón de hombre, un corazón de carne, igual que el nuestro menos en el pecado...
El Hijo, encarnado, tiene un cuerpo, con un corazón que late... un corazón que palpitó, que fue estrujado en la Pasión, que dejó de latir en la Cruz, del que brotó sangre y agua... y que volvió a latir con la Resurrección... ¡y que está vivo!
Jesús nos ama con un corazón de hombre que fue primero el de un recién nacido. Los bebés, hasta los tres meses, tienen entre 100 y 150 latidos por minuto... una cantidad de pulsaciones similar a la que se registra cuando alguien está frente a la persona amada...
Y este Niño, que nos mira enamorado desde el pesebre, nos muestra su corazoncito acelerado por el amor, abierto de par en par para nosotros, y nos dice: "¡Me has robado el corazón con una sola de tus miradas!" (Cantar de los Cantares 4, 9).
Ese corazoncito palpitante, desbordante de vida y que se consume por amarnos entregándose es el mismo, ¡el mismo!, del Resucitado que hoy busca ser uno con nuestro corazón en cada Eucaristía...
El beato Bernardo de Hoyos (1711-1735), apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España, relata una gracia muy especial recibida en la Navidad de 1733, después de comulgar, que nos invita también a nosotros a guardar en nuestro corazón el Corazoncito de Jesús: "Después de la comunión, vi mi corazón y, junto a él, al Dulcísimo Niño Jesús, tan pequeñito, tan delicado, hermoso y agraciado como cuando salió del vientre santísimo de su Madre; como quien temblaba de frío, se arrimaba a mi corazón cogiéndole con las dos manecitas con ademán de quien quería meterse dentro. Luego vi que su Corazoncito todo hecho un fuego se pasaba al mío, quedando como cerrado y cubierto con él; oyendo entonces mi alma la amorosa voz que me decía que primero había sido su Corazón custodia del mío, que ahora era el mío abrigo del suyo, entendiendo aquí que mi corazón debía trabajar por el de Jesús, para colocarle en el de los hombres... Tener Jesús mi corazón como otras veces dentro del suyo significa lo que hace por mi; tener su Corazón dentro del mío indica lo que debo yo hacer por él".


sábado, 27 de enero de 2018

#233 Como la palmera


Este pesebre lo compré en noviembre de 2017 en una tienda de Buenos Aires. Es una sola pieza de tamaño pequeño, de resina, y el elemento que captó mi atención es la palmera junto a la Sagrada Familia.
Dice el salmo 92 que el justo -el hombre santo- "florecerá como la palmera".
La palmera crece siempre recta, hacia arriba, y llega a desarrollar gran altura. En su sencillez, luce esbelta, majestuosa. Se erige como un faro para quienes están lejos.
Es resistente. Soporta el sol abrasador, la falta de lluvias, los fuertes vientos... puede menearse, pero no se quiebra.
Crece en el desierto, allí donde otros árboles no resisten.
Echa raíces profundas, buscando el agua que le da vida.
Regala su sombra y es fuente de alimento para otros...
Da flores muy peculiares, de dulce aroma en algunas variedades, flores que, a su vez, dan paso a las semillas.
Suelen ser muy longevas y, muchas veces, dan mejor fruto en la vejez.
Incluso hay una variedad de palmera en Madagascar, la Tahina spectabilis, que florece por primera vez a los cien años para morir poco tiempo después...
Estamos llamados a dar fruto: "El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. (...) La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos. (...) Los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero" (Juan 15).
Ése es el querer de Dios para cada uno de nosotros, una fecundidad que solo es posible enraizada en Él y alimentada por Él, por su Agua Viva.
Sin embargo, los frutos llegan a su debido tiempo, los tiempos de Dios, que no suelen ser los nuestros. Como la palmera, madurar en el desierto, en la pobreza, bebiendo de una fuente que no vemos, sin frutos aparentes a la vista, permaneciendo allí, día tras día, noche tras noche, requiere la firmeza de la fe.
El beato Carlos de Foucauld (1858-1916) llegó a sentirse así, como una palmera que bebe del Agua Viva pero sin fruto aparente, una pobreza que solo se convierte en bienaventuranza gracias a la fe en la Palabra del Dios que tanto nos ama.
Desde esa pobreza, que suele ser tan fecunda a los ojos de Dios, Foucauld ora con el Salmo 1, en el que se llama "feliz" al hombre que "se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche": "El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien" (Salmo,1, 1--3).
Foucauld deja que esta Palabra resuene en su interior y surge esta oración: "Dios mío, Tú me dices que seré dichoso, dichoso con verdadera felicidad, dichoso el último día; que a pesar de ser tan miserable, soy como una palmera plantada al borde de las aguas vivas, de las aguas vivas de la voluntad divina, del amor divino, de la divina gracia, y que daré fruto a su debido tiempo. Dígnate consolarme: me siento sin fruto, me siento sin obras buenas, me digo: 'Me convertí hace once años y ¿qué he hecho? ¿Cuáles son las obras de los santos y cuáles son las mías? Veo mis manos totalmente vacías de bien'. Te dignas consolarme: 'Tú darás fruto a su debido tiempo', me dices… ¿Cuál es ese tiempo? El tiempo de todos es la hora del juicio... Me prometes que, si persisto en la buena voluntad y la lucha, a pesar de verme tan pobre, permitirás que dé frutos en aquella última hora. Y añades: 'Serás un hermoso árbol con hojas eternamente verdes, y todas tus obras prosperarán y darán frutos por la eternidad'. Dios mío, qué bueno eres, que estás divinamente consolando. ¡Oh, Corazón de Jesús, cómo has dictado estas primeras palabras tiernas del libro de los Salmos! Nos dices allí, como dirás un día en Galilea: 'Mi yugo es suave y mi carga ligera'... Gracias, Dios mío, por tus consuelos que nuestros pobres corazones necesitan tanto".


"En la palmera se simboliza la sublimidad;
quizá porque en sus últimos brotes es hermosa; 
y así vayas a sus raíces en la tierra, que es su comienzo,
 y sigas hasta su cima, donde tiene toda su hermosura. 
Su raíz se la ve tosca en la tierra, pero su copa es hermosa en lo alto. 
Así también será tu hermosura al final. 
Sea firme tu raíz; pero nuestra raíz se halla en lo alto. 
Nuestra raíz es Cristo".

San Agustín de Hipona, 
sermón en la Cuaresma de 412



domingo, 14 de enero de 2018

Niño invitado #58: Niño Jesús de Praga


Esta foto la tomé en julio de 2016 en la catedral de Buenos Aires. Es la imagen del Niño Jesús de Praga, que se encuentra apenas ingresar, sobre el lateral izquierdo, en el altar de santa Teresa de Jesús. Y no es casual que esté allí ya que los carmelitas están muy ligados a la devoción al Niño Jesús y, en particular, a la del Niño de Praga.
La imagen original se venera en la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, en el barrio Malá Strana de la capital checa, templo que animan los carmelitas. Se trata de una talla de 47 centímetros de alto, de madera, con una superficie pintada de cera, y representa al Niño Jesús de unos 4 o 5 años, quien con su mano derecha bendice, mientras que con la izquierda sostiene un orbe rematado con una cruz, símbolo del poder ante el mundo. La imagen está vestida con ropas reales y lleva una corona.
La estatua del Niño Jesús de Praga es del siglo XVI y proviene de España, aunque su origen se pierde entre las leyendas que afirman que fue tallada por un monje a partir de una visión del Divino Niño y las que apuntan a que la imagen perteneció a Teresa de Ávila y que la santa se la regaló a una amiga cuya hija se iba a casar en Praga.
Aquí las huellas legendarias se empalman con la historia ya que, según la reseña de la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, se sabe con certeza que la imagen fue llevada a Praga por María Manríquez de Lara, una duquesa española que se casó con Vratislav de Pernstein en 1556. Más tarde, la duquesa le dio la figura a su hija, Polyxena de Lobkowicz, como regalo de bodas.
Fue la propia Polyxena quien en 1628 donó la imagen a los carmelitas descalzos de Nuestra Señora de la Victoria.
"Padre, les doy lo que más amo en este mundo. Honren mucho a este Niño Jesús y nada les faltará”, le dijo Polyxena al prior de la comunidad al entregarle la preciosa figura.
En 1631, cuando los sajones tomaron Praga, los carmelitas huyeron del monasterio, que fue saqueado, y la figura del Niño Jesús sufrió daños.
Los frailes regresaron seis años después. Entre ellos estaba el padre Cirilo de la Madre de Dios, quien halló al Niño entre unos trastos viejos y descubrió que tenía los dos brazos rotos. Entonces escuchó que el Niño le decía: “Ten piedad de mí y yo tendré piedad de ti. Dame mis brazos y yo te daré mi paz. ¡Te bendeciré tanto como tú me veneres a mí!”. Finalmente, el padre Cirilo logró reparar la imagen, a la que comenzaron a atribuir milagros, como curaciones y la protección de Praga durante el asedio sueco de 1639.
En 1641 la talla fue trasladada del coro del monasterio a la capilla de la Santa Cruz y, un siglo después, a su emplazamiento actual dentro de la iglesia, a la derecha de la nave central. Ya para mediados del siglo XVIII la devoción al Niño Jesús de Praga comenzó a expandirse a otros países del imperio austríaco.
Pero José II, rey de Hungría y de Bohemia, inició una campaña contra los monasterios y en 1784 abolió el convento de los carmelitas de Praga.
Sin embargo, la devoción creciente por el Niño Jesús no se detuvo. Entre finales del siglo XIX e inicios del XX se extendió notablemente. Inmigrantes y misioneros españoles y portugueses la propagaron por América, India, China y Filipinas.
Entre 1939 y 1989, primero por los nazis y luego por los comunistas, la devoción por el Niño Jesús en Praga estuvo silenciada a la fuerza durante cerca de medio siglo. Pero aún así no se extinguió. Los carmelitas regresaron en 1993, pusieron nuevamente en pie el santuario, que actualmente es visitado por miles de personas cada año.
La devoción por el Niño Jesús de Praga -el Jezulátko, como lo llaman cariñosamente los checos- es una extensión espiritual de la Navidad. "Adoramos la encarnación de Cristo, confesamos que Dios tomó forma humana y reconocemos la infancia como parte de ello", recuerdan los carmelitas de Malá Strana.
Pero además la imagen y su historia nos recuerdan, de un modo profético, que los poderes de este mundo indefectiblemente pasan y perecen, mientras que el Reino de Dios no tendrá fin.
Así lo avizoró, contemplando una imagen del Niño de Praga, la filósofa judía Edith Stein, quien, tras su conversión, se hizo carmelita descalza, tomó el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz y alcanzó la gracia de la santidad. Pocos meses antes de morir en el campo de exterminio de Auschwitz, en una carta fechada el 2 de febrero de 1942 escribió esta impresionante reflexión:  "Ayer, delante de una imagen del Niño Jesús de Praga, me vino a la mente la idea de que lleva las vestiduras imperiales y no por casualidad ha querido manifestar su eficacia en Praga. Praga ha sido, a través de los siglos, la sede de los antiguos emperadores romano-germánicos, y produce una impresión tan majestuosa como ninguna otra ciudad que yo conozca y que pueda compararse, incluso París y Viena. El Niño Jesús llegó precisamente cuando la magnificencia política imperial llegó a su fin en Praga. ¿No es acaso el secreto Emperador el que un día  pondrá fin a toda miseria? Él tiene las riendas en la mano, aun cuando los hombres crean que son ellos los que ponen las reglas".


"Oh, Niño Jesús, a ti recurro y te pido que, por la intercesión de tu Madre Santísima,
quieras asistirme en esta necesidad (...)
porque creo firmemente que tu divinidad la puede socorrer.
Espero con toda confianza obtener tu Santa Gracia,
Te quiero con todo mi corazón y con todas las fuerzas de mi alma.
Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y te suplico, buen Jesús,
que me des la fuerza para triunfar.
Me propongo no ofenderte más y me ofrezco a ti dispuesto a sufrirlo
todo antes de darte el menor disgusto.
De ahora en adelante quiero servirte fielmente,
y por amor tuyo, oh divino Jesús,
quiero amar a mi prójimo como a mi mismo.
Niño omnipotente, Señor Jesús, de nuevo te suplico:
asisteme en esta situación (...),
concédeme la gracia de poseerte eternamente
con María y José, y de adorarte con los santos Ángeles en la corte del Cielo.
Amén".

(Oración al Niño Jesús de Praga, del padre Cirilo de la Madre de Dios, carmelita descalzo, 1590-1675) 


sábado, 6 de enero de 2018

Pesebres invitados #57: Pesebres de Perú


En diciembre de 2017 visité la muestra "Navidad en Perú" en el Museo de Arte Popular José Hernández, de Buenos Aires.
La exposición presenta una quincena de pesebres artesanales de la colección de Carmen Callirgos de Steiman, integrante de la asociación Damas Peruanas en Argentina, organizadora de la exhibición.
En la colección hay piezas de cerámica, piedra, madera tallada, tejidos en algodón, lana y paja representativas de las regiones peruanas de Ayacucho, Cusco, Junín, Arequipa, Lima, Piura y La Libertad.
Entre los pesebres destacan creaciones de reconocidos artesanos como Hilario Mendívil, Edilberto Mérida, Javier García Vázquez, Florentino Jiménez y Richard Chávez.
La muestra resulta un verdadero homenaje a la rica tradición pesebrista del Perú, en la que figuras de campesinos, mineros o pescadores y toda su laboriosa cotidianidad se cuelan en la más desconcertante de las escenas: la del nacimiento de Dios-con- nosotros.



Al Niño Dios le llevamos un ponchito de color,
al Niño Dios le llevamos un ponchito de color, 
un chullito muy serrano,
zapatitos de algodón,
un chullito muy serrano,
zapatitos de algodón.
Todos le gritarán:
¡Cholito!
¿De dónde llegaste tú?
¡Cholito!
Todos te creerán,
¡Cholito!,
que naciste en el Perú.
A la Virgen le llevamos un mantón abrigado,
a la Virgen le llevamos un mantón abrigado.
A San José, una quena, un charango y un tambor,
a San José, una quena, un charango y un tambor.
Todos le gritarán:
¡Cholito!
¿De dónde llegaste tú?
¡Cholito!
Todos te creerán,
¡Cholito!,
que naciste en el Perú.
Los indiecitos pastores trigo y quinua llevarán,
los indiecitos pastores trigo y quinua llevarán.
José y la Virgen María buena chicha tomarán.
José y la Virgen María buena chicha tomarán.
Todos le gritarán:
¡Cholito!
¿De dónde llegaste tú?
¡Cholito!
Todos te creerán,
¡Cholito!,
que naciste en el Perú.


"Cholito Jesús", villancico peruano de Los Toribianitos.






miércoles, 3 de enero de 2018

Pesebre invitado #56: Blanco jazmín


Esta foto la tomé en diciembre de 2017 en la parroquia Nuestra Señora de la Rábida, de Buenos Aires.
La imagen corresponde al pesebre montado en el vestíbulo de la iglesia y lo primero que captó mi atención -mi vista y mi olfato- fue un cuenco con agua y jazmines a los pies del Niño Jesús.
El jazmín florece en diciembre en el Hemisferio Sur por lo que en algunos sitios de esta región se considera que el aroma tan singular de esta flor es el "perfume de la Navidad". Incluso descubrí que algunas personas tienen por costumbre colocar jazmines junto al pesebre.
"Regalo de Dios", esa es la etimología de la palabra jazmín.
Blanco jazmín de diciembre... Niño Jesús, todo pureza, todo dulzura... Regalo de Dios y Dios mismo regalado... blanco jazmín...



"Ya vienen llegando,
violín y tambor,
arrimando coplas
para el Niño Dios.
Gajito de albahaca,
romero y cedrón,
campanas de bronce
para el Redentor.
Talan, talan...
blanco jazmín de diciembre.
Talan, talan...
el Niño nació en Belén.
Talan, talan...
fueron tres Reyes a verle.
Talan, talan...
retoñito de laurel.
Se forma la rueda 
en el callejón,
ronda de changuitos,
ponchito rabón.
El Niño sonríe,
María también.
Qué blanca es la estrella 
que llegó a Belén.
Talan, talan...
blanco jazmín de diciembre.
Talan, talan...
el Niño nació en Belén.
Talan, talan...
fueron tres Reyes a verle.
Talan, talan...
retoñito de laurel.
Burrito cortito, 
pelo de algodón,
alforjas grandotas
llenitas de amor.
Vamos, mi burrito,
hemos de llegar
con nuestra carguita
para Navidad.
Talan, talan...
blanco jazmín de diciembre.
Talan, talan...
el Niño nació en Belén.
Talan, talan...
fueron tres Reyes a verle.
Talan, talan...
retoñito de laurel".


Villancico "Retoñito de laurel",
compuesto por Raúl Juárez 
y Juan Bautista Goñi



sábado, 30 de diciembre de 2017

Pesebre invitado #55: Ser pesebrista

En diciembre de 2017 tuve la oportunidad de conocer a Gilberto "Beto" Ferreira Benítez. Tiene 64 años, nació en Paraguay pero vive desde hace años en Argentina, en el barrio capitalino de San Telmo. Desde el 2000 integra la Hermandad del Santo Pesebre, constituida en 1955 en Buenos Aires.
"Beto" es uno de los más reconocidos pesebristas -belenistas, como los llaman en otros sitios- de Argentina. Es coleccionista y restaurador de pesebres, pero además crea figuras y escenografías para recrear el Nacimiento, las monta en su casa y en instituciones públicas y privadas, enseña a otros cómo hacerlas y difunde esta expresión religiosa y artística tan singular.
"Un pesebrista es un apasionado del pesebre. Vivimos todo el año hablando del pesebre", define "Beto", con quien estuve charlando un buen rato en su casa.
Recuerda cuando de niño participaba del armado del pesebre en su natal Asunción del Paraguay, pero no fue aquella tradición familiar la que moldeó su amor por el misterio del Nacimiento sino el arte.
Estudió bellas artes y restauración artística en Florencia (Italia) y allí hizo su primer pesebre, con el que ganó un concurso.
Un pesebrista, explica, es fundamentalmente quien realiza las piezas y quien monta el pesebre, pero es un concepto que puede extenderse también a quienes coleccionan pesebres y difunden esta "pasión".
Posee una colección de unos 25 Niños, una treintena de pesebres, una quincena de nacimientos (aquellos que se restringen a las figuras de José, María y el Niño) y tantas y tantas piezas sueltas que ya perdió la cuenta.
Entre sus favoritos está uno antiguo, quiteño, de madera, con figuras con ojos de vidrio, detalles de platería y un baldaquino jesuítico.
Por su formación, su primera mirada a un pesebre es siempre desde el punto de vista estético y artístico. Pero luego son los ojos del alma los que se le activan porque un pesebre siempre "eleva" y "habla" hasta a quienes no creen en Dios.
"El pesebre es un mensaje. Quien pasa por delante de un pesebre, por más ateo que sea, quizás juzgue lo artístico pero se preguntará qué significa lo que ve. Es muy difícil pasar indiferente ante un pesebre", asegura.
Ser pesebrista es también eso: creer firmemente que un pesebre tiene el poder de tocar los corazones para volverlos a Dios.


Oración del pesebrista

"A cada hombre, 
tú, niño, adolescente, joven, adulto, anciano...
A ti que crees en un mundo unido, 
a ti que estás en búsqueda, 
a ti, amigo, hermano, hijo...
detrás de cada figura y cada paisaje 
hay un rostro, una historia...
Pídele a Dios sus ojos y, en silencio, contempla...".

(oración escrita por Alessandro Raccagni)




martes, 26 de diciembre de 2017

Pesebre invitado #54: Un lugar para Jesús



Éste es el pesebre de mi parroquia, San Carlos y Basílica de María Auxiliadora, de Buenos Aires, para la Navidad de 2017.
Es bellísimo y está dividido en dos secciones.
Una representa aquel Belén donde no había lugar para María, José y el Niño.
La pequeña Belén se ve hermosa, con las figuras de sus casas recortadas en el horizonte y el brillo de las luces.. Sin embargo, le falta algo, le falta vida... 
"Y no había lugar para Él... y vos, le darás un lugar en esta Navidad?", señala un cartel.
La pregunta es directa, personal... Ahí, a unos pasos nada más, está Jesús en el sagrario, esperando una respuesta: "¿Me darás un lugar?".
No hay modo de quedar indiferente: quien desde el Belén sin sitio para Jesús se sienta llamado por el Jesús del sagrario descubrirá en el recorrido de su mirada el pesebre donde Dios se encuentra con nuestra humanidad.
Jesús, recién nacido, sobre pajas, como en un nido... rodeado de María y José, de una docena de pastores de rodillas ante el Misterio. Anónimos bienaventurados que de su pobreza hicieron pesebre capaz de acoger a su Salvador...
Aquí no se ven siluetas de perfectas construcciones como en las elevaciones de Belén... más bien todo luce irregular, lleno de recovecos, rincones ásperos y oscuros, imperfectos... pero aquí sí hay vida, la Vida... Dios nace aquí, no desprecia nuestro corazón quebrantado, nuestra vida imperfecta... no le tiene miedo a nuestras oscuridades... ¡Él es la Luz! Y si le damos posada permanente, no deja rincón de nuestra vida sin iluminar...
Dar un lugar a Jesús. El mejor lugar: el centro de nuestra vida. Y, como nos invitó nuestro párroco, el padre Vicente, hacer silencio, exterior e interior, para contemplar, dejarnos llenar por Jesús, dejarnos iluminar, dejarnos sanar, dejarnos amar por Él... y dejarnos impulsar por ese Amor que nos mueve a ir al encuentro de los demás.
¡Feliz Navidad!


"Conmovidos por la alegría del don, 
pequeño Niño de Belén, 
te pedimos que tu llanto despierte nuestra indiferencia, 
abra nuestros ojos ante el que sufre. 
Que tu ternura despierte nuestra sensibilidad 
y nos mueva a sabernos invitados a reconocerte 
en todos aquellos que llegan a nuestras ciudades, 
a nuestras historias, a nuestras vidas. 
Que tu ternura revolucionaria 
nos convenza a sentirnos invitados, 
a hacernos cargo de la esperanza 
y de la ternura de nuestros pueblos".
Papa Francisco
(oración en la homilía de la misa de Nochebuena,
24 de diciembre de 2017)





viernes, 15 de diciembre de 2017

#232 El arpa de diez cuerdas


Este decenario -para rezar una decana del rosario- me lo regaló mi amiga Annie Calzia en noviembre de 2017.
Lo hizo ella misma con cuentas de madera. Tiene una cruz, también de madera, y una pequeña medalla con la imagen de María, José y el pequeño Jesús en brazos.
Pensando en las diez cuentas de este "decenario pesebre" me vino a la mente la imagen del arpa de diez cuerdas, que aparece en algunos salmos:
"Es bueno dar gracias al Señory tañer para tu nombre, oh Altísimo; proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad, con arpas de diez cuerdas y laúdes, sobre arpegios de cítaras" (Salmo 92).
"Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo" (Salmo 33).
"Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas" (Salmo 144).
El arpa en cuestión era la del rey David, autor de varios salmos y que, además de rey, era poeta, músico y oraba cantando y danzando.
El teólogo español Emiliano Jiménez Hernández, en su libro "David, un hombre según el corazón de Dios", explica que David tenía arpas con diferente cantidad de cuerdas, cada una para un uso determinado en la oración.
Así, con el arpa de seis cuerdas David acompañaba los salmos dedicados a cantar la perfección de la creación que Dios llevó a cabo en seis días.
En tanto, la de siete cuerdas era para el "sabath", el sábado, día que corona toda la creación y que el pueblo judío dedica a dar gloria a Dios.
En cambio, el arpa de ocho cuerdas la reservaba para anunciar la llegada del Mesías, que redimiría totalmente a Israel de todas las aflicciones y pecados de este mundo.
"Y para el mundo futuro estaba el arpa de diez cuerdas. David anhelaba llegar a él para poder tocarla en la asamblea celeste", explica Jiménez Hernández.
El arpa de diez cuerdas era el instrumento destinado para acompañar el "cántico nuevo".
Es curioso que el primer "canto" del Nuevo Testamento es el saludo del Ángel a la Virgen, primera parte del Avemaría, verdadero "cántico nuevo" de este arpa de diez cuerdas que figuro en el decenario.
La verdad es que esta idea que tuve no es ninguna originalidad... investigando un poquito, descubrí que ya en el siglo XVII alguien decía que "no se podía explicar mejor el rosario" que con la imagen del arpa de diez cuerdas.
Así lo afirmaba Antonio Vieira, un jesuíta portugués, misionero en Brasil por muchos años. En su libro "María, Rosa Mística: excelencias, poder y maravillas del santísimo rosario", retomando el salmo 33, explica que en la cítara, que es de cinco cuerdas, el sonido se forma en la parte inferior, mientras que en el arpa o salterio de diez cuerdas el sonido se genera en la parte superior. "Pues así es la armonía del rosario en la parte mental y vocal. En la mental, porque en el rosario se medita lo que Dios obró bajando del Cielo. En la vocal, porque las oraciones que en el rosario se rezan suben de la tierra al Cielo", señala Vieira.
Volviendo al arpa de David, dice Jiménez Hernández que el rey la tocaba para orar, sea en alabanza, en acción de gracias, para pedir auxilio o expresar su arrepentimiento ante Dios... El arpa era inseparable de David, tanto que, al irse a dormir, la colgaba sobre su lecho y, "cuando se acercaba la medianoche, el viento del norte soplaba sobre ella, y ella, por si sola, sonaba hasta despertar a David, que se alzaba para entregarse a la oración hasta que aparecían las primeras luces del alba". Perfecta imagen de aquellos que oran día y noche con el rosario, lo llevan a todas partes y lo cuelgan en la cabecera de su cama al dormir... para que nunca sus cuerdas dejen de tocar esa música que sube a Dios.