martes, 6 de noviembre de 2018

#254 Un ajuar para el Niño


Este Niño precioso me lo regaló mi amiga Annie Calzia en julio de 2018. Lo trajo de Santiago de Chile y por eso acudí a Teresa de los Andes (1900-1920), carmelita chilena canonizada en 1993, para escribir estas líneas.
En una de sus cartas a su prima Herminia Valdés Ossa, Teresa le da algunos consejos para vivir el tiempo de Adviento, que está a punto de empezar.
"Prepárate para Navidad. Piensa todos los días en Jesús que, siendo Dios eterno, nace como un tierno Niño; siendo Todopode­roso, nace pobre, sin tener con qué resguardarse del frío. Necesita de su Madre para vivir, siendo Él la Vida", le escribe a su prima, a quien llamaba cariñosamente "Gordita".
Y a continuación le hace una "lista" para que le prepare un "ajuar" al Niño Jesús:
"Camisitas para abrigarlo: cinco actos de amor diarios y deseos de recibirlo en la Comunión. 'Jesús mío, ven a mi pobre corazón, que sólo desea latir por Ti'.
Mantillas para envolverle sus piececitos: como Él no puede andar, tú harás la caridad con todos, sacrificándote y renunciando a tu comodidad.
Fajas para apretarlo: no rezongarás cuando te manden algo que no te guste, sino hacerlo como lo dicen.
Gorrita: estudiar y hacerlo todo por Jesús, pensando en su amor.
Pesebre: no flojear en la cama; ir a misa a comulgar.
Pajitas: hacer algún actito, como privarte de un dulce o comer lo que no te guste.
Hazlo todo por amor a Jesús". 
Al finalizar la carta, escrita en 1919, Teresa le pide que le muestre la "lista" a Elisa, su otra prima, para que también ella haga un ajuar... creo que a Teresa no le molestará si me hago eco de su propuesta y la comparto desde aquí, casi un siglo después, invitándote a hacer tu propio ajuar para el Niño Jesús.



El ajuar del Niño

"¿Será posible, Dios mío,
mi Redentor y mi Rey,
que nazcas en un pesebre,
entre un jumento y un buey,
sin que haya un alma piadosa 
que te ame y quiera abrigar,
fabricándote, sencilla,
con sus manos un ajuar?

Yo lo haré, si lo permites,
y esta es la lista, Señor,
de los humildes obsequios 
que ha de ofrecerte mi amor:

Te haré nueve camisitas 
de una hechura sin rival,
serán nueve comuniones 
su tela sacramental.

Cada camisa que te haga,
dulce Niño Celestial,
tendrá un bordado precioso 
de obediencia sin igual.

Y a su orilla habrá un encaje 
que tendrá tu aceptación;
veinticinco actos por día 
de rendida adoración.

Tus cofias, Niño Adorado,
de ricas telas serán:
mi silencio es el encaje,
mi mansedumbre, el holán.

Tus pañales serán doce:
cada cual de estos pañales 
tejerá tres comuniones,
fervientes, espirituales.

Te he de envolver en franelas 
de diferente color:
formaré las encarnadas 
con cien afectos de amor.

Las franelas amarillas 
las haré con la oración;
las blancas serán cosidas 
con pureza de intención.

Las medias serán tejidas,
con abnegadas acciones,
que quien al prójimo sirve 
sabrá agradecer tus dones.

Los zapatitos de lana 
que ponga en tus yertos pies 
serán los actos humildes 
que practique en este mes.

Tus fajas serán mis obras 
de compasión y piedad;
será tu almohada de plumas 
mi eterna felicidad.

Por reverencia a la piedra 
que fue tu duro colchón,
te ofrezco treinta y tres actos 
de sincera contrición.

Por reverencia a tus pajas 
y preservarte del frío,
no me quejaré de nada,
dulce Niño y dueño mío.

Pongamos mano a la obra 
y comencemos el ajuar 
que en su viaje con María,
San José lo va a llevar.

Y así, cuando hayas nacido,
dulce Niño de Belén,
calentaremos tus miembros,
te vestiremos muy bien".

(Villancico, autor desconocido)

martes, 30 de octubre de 2018

Seis años, seis deseos

Como en los cumpleaños se piden tres deseos y hoy este blog celebra su sexto aniversario, me tomo la licencia de pedir, no tres, sino seis deseos... con un agradecimiento infinito al Niño Dios y a todos los que apoyan este proyecto.

Deseo que quien lea este blog, o al menos vea alguna de las imágenes, se sienta tocado en lo más profundo de su ser por la ternura de Dios.

Deseo que todos descubran la grandeza escondida en el pesebre y en el misterio de la Encarnación.
Deseo que cada ser humano experimente la gracia del encuentro personal con Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre.
Deseo que en cada hogar haya un pesebre... y que cada hogar se vuelva pesebre.
Deseo que no me digan más "no es época" cuando busco un pesebre en julio y que, en cambio, nadie se sorprenda, porque "Navidad es todos los días".
Deseo conocer Belén, algún día... y descubrir dónde Dios se hace Vida, cada día.




"Estoy segura de que escucharás mis deseos. 
Lo sé, ¡oh, Dios mío! 
Cuanto más quieres dar, tanto más haces desear". 

Santa Teresita del Niño Jesús, 
"Ofrenda al Amor Misericordioso".


miércoles, 24 de octubre de 2018

#253 Siyahamba


Este pesebre me lo regaló mi amiga Nerea González. Me lo envió desde Sudáfrica en julio de 2018. Es una cubierta para vela, en cartulina, con la silueta calada de la escena del pesebre, pero en la sabana africana, con sus árboles típicos, cabras, una jirafa y hasta tres suricatas. El efecto de la luz brillando en la oscuridad a través de esta imagen es precioso.
Nacido a mediados del siglo XX como una canción de protesta y de reclamo de libertad, "Siyahamba" es uno de los himnos cristianos más populares de Sudáfrica y, precisamente, habla de la luz. Con una estructura muy sencilla y un ritmo pegadizo, la canción repite varias veces "Siyahamba ekukanyen kwen kos", que, en lengua zulú, significa "caminamos a la luz de Dios".
Es una letra muy simple pero rica en mensaje: en primera persona del plural, la que canta es una comunidad. Y es una comunidad que camina, que marcha, que se mueve, que no se queda paralizada. Y eso lo hace bajo la luz, la guía de Dios. El Espíritu es el que anima, impulsa y mueve a la comunidad.
Como invitación al pueblo de Dios, el profeta Isaías ya proclamaba estas palabras varios siglos antes del nacimiento de Jesús: "¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!" (Isaías 2, 5). Y es este mismo profeta el que preanuncia el advenimiento del Mesías, al que identifica con la luz: "El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz" (Isaías 9, 1).
La imagen del Hijo como luz es retomada por Juan en el prólogo de su evangelio, en el que afirma que en la Palabra, en el Verbo, "estaba la vida y a vida era la luz de los hombres". "La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre" (Juan 1, 9).
Y también en el Evangelio según san Juan, es el propio Jesús quien se llama a sí mismo "luz del mundo": "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida" (Juan 8, 12).
Caminemos en la luz de Dios... ¡Siyahamba!



jueves, 18 de octubre de 2018

#252 Humildad


Este pesebre me lo regaló Dora, mamá de mi amiga Marina Guilén, quien me lo trajo desde Ibi (España) en mayo de 2018. Es de madera, traído desde Belén, Tierra Santa.
Desde que llegó a mis manos, supe que se lo quería dedicar a alguien que hubiera vivido en la ciudad natal de Jesús. Y finalmente elegí a Mariam Baouardy, santa María de Jesús Crucificado (1846-1878), fundadora del Carmelo de Belén, donde vivió los últimos tres años de su vida, y cuya historia es fascinante.
Mariam, la "pequeña árabe" como la llaman muchos, nació en una pequeña aldea de Galilea. Quedó huérfana siendo una niña y su vida estuvo marcada por el sufrimiento, siempre vivido a la luz de la fe. Padeció el martirio siendo casi una adolescente y salvó su vida gracias a los maternales cuidados de la Virgen.
Oriente Medio, Francia, la India... escenarios de una vida de tan solo casi 33 años atravesada por gracias extraordinarias y signada por la unión con Cristo crucificado.
No son, sin embargo, los fenómenos místicos los que han definido su vida de santidad, sino sus virtudes y, entre ellas, la que más me ha cautivado es la de la humildad.
Mariam se llamaba a si misma la "pequeña nada", no con desprecio, sino con la serena aceptación de lo que somos ante el Todo de Dios. Sostenía que la santidad no está ni en la oración, ni en las visiones y revelaciones, ni en las penitencias sino en la humildad.
"La humildad es la paz... El alma humilde es reina. Es siempre feliz. En la lucha, en el sufrimiento, se humilla, cree merecer lo peor, no pide algo mejor, y permanece siempre en paz... El orgullo es el que da turbación. El corazón humilde es el vaso, es el cáliz que contiene a Dios", afirmó.
La humildad la aprendió del Maestro que es "humilde de corazón". En una de sus visiones, Mariam vio a un hombre de gran majestad, que parecía un rey amo de todo el mundo, aunque muchos se negaban a reconocer su poder. Mariam sintió en ese momento un gran amor por Dios, un gran deseo de servirle y de ser "perfecta" ante la ingratitud de aquellos que no amaban al Rey.
"¡Pero me vi tan lejos de la perfección! Una voz me dijo: 'mira en la naturaleza: los árboles no crecen en un día'. Me mostró un árbol que daba frutos malos: cortó las ramas, lo trasplantó, le colocó buena tierra alrededor del pie, lo cuidó con paciencia, cuando llegó el momento el árbol comenzó a dar fruto. El hombre duplicó el cuidado y el árbol, cada año, trajo un poco más de frutos. El hombre me miró y me dijo: 'quiero que seas como este árbol: no quiero que fructifiques de inmediato, sino a tiempo'. Sentí una gran confianza y mi corazón estaba inflamado de amor por Dios, con el deseo de amarlo, de vivir solo para Él...".
Otro día, suplicó al Señor que le fortaleciera en la verdad, haciéndole reconocer el orgullo y la humildad. "Vi que el orgullo es la fuente de todos los pecados y la humildad, la fuente, la base de todas las virtudes. El orgullo arruinó al ángel más hermoso, por eso cayó. Si se hubiera humillado, le hubiera atribuido a Dios todo lo que era, se habría vuelto aún más hermoso. El orgullo lo convirtió en un demonio (...). El orgullo nos pierde a todos, por orgullo la voluntad del hombre se vuelve contra Dios. El alma humilde se convierte en luz, vive en la verdad, alcanza a Dios y Dios baja a ella (...). Dios está listo para perdonar a un pecador que se humilla a sí mismo, mira con más amor al alma que regresa a Él con humildad que al alma fiel que se complace en sus virtudes. Ésta está en riesgo de perderse por el orgullo, mientras que el pecador obtiene misericordia al humillarse".
En otra visión contempló un jardín lleno de frutos. "En la puerta del jardín había fuego, y los que querían entrar para recoger algo tenían que cruzar este fuego. Vi un alma que tomó agua y, a través de ella, pasó en medio del fuego sin quemarse, entró en el jardín y recogió sus frutos. Otros, por el contrario, en lugar de tomar el agua, recogieron madera y paja y la arrojaron al fuego que ardía más, y estas almas ardían aún más cada vez que intentaban penetrar en el jardín. Por recoger frutos, no pensaron en sus quemaduras. No entendí nada de lo que vi. De repente, vi al maestro del jardín mirando a quienes pasaban por el fuego y le pedí una explicación. Él respondió: 'Mira las almas que siempre traen agua con ellas: este agua es la humildad. Humildad, aquí está la verdadera fuente de las virtudes. El alma humilde siempre lleva agua con ella; de este modo no siente el fuego, que es la imagen de las humillaciones, de las pruebas, del sufrimiento, de la persecución, del desprecio, de la calumnia. Todo cae sobre esta alma y le dice con desprecio: eres malo, imperfecto, orgulloso, perezoso, desobediente, no tienes caridad, no eres bueno ... Todo esto es el fuego que se debe cruzar para recoger los frutos del jardín. Cuanto más atraviesas este fuego, más frutos recoges. Con el agua de la humildad, todo vuelve en beneficio del alma. En cambio, las almas que carecen de este agua encuentran el fuego en todas partes y arden con egoísmo, lo que significa que siempre piensan en sí mismas y nunca entran en esa simplicidad que Dios requiere para la salvación. Debemos ser como niños para entrar en el Reino de los Cielos. Estas almas también pueden practicar muchas virtudes externas, pero si no se esfuerzan sobre todo para adquirir humildad, nunca serán agradables a Jesús, mientras que aquellas que procuran adquirir humildad, aunque hayan pecado mucho, encontrarán la gracia delante de Dios'".
En otra visión observó muchos rosales que tenían flores y a otro, solitario, pero más verde, más florido, más bello... "Un hombre, que parecía ser el Señor, vino, tomó este jardín de rosales con flores y lo puso en una noche oscura. No más sol para este jardín de rosas, no más rocío, no más alegría... Las ramas están curvadas, las hojas amarillentas, la rosa se ha marchitado: estaba casi muerta. Los otros rosales, que devoran el rocío, el sol, la luz, dijeron: 'debemos extirpar este rosal, que está seco por falta de agua y sol; sus hojas son amarillentas... erradicarlo, erradicarlo'. El dueño del jardín les respondió: 'Me dices que saque de raíz este rosedal, porque ya no produce rosas y sus rosas se han marchitado. No entiendes que, si fueras como él, si estuvieras privado de agua para refrescarte y de sol para calentarte, ya estarías reducido a polvo. Espera, ¡y ya verás!' Algún tiempo después, el Señor sacó a este rosal de su profunda noche y lo regó, y el jardín de rosas floreció más hermoso que nunca: las rosas han florecido y el aroma de este jardín de rosas ha regocijado a todos los que lo han visto y, así, han bendecido al Señor".
La "pequeña nada", que apenas sabía leer en francés, que siempre optaba por los trabajos más rudos con una sonrisa, fue el medio del que se valió Dios para una empresa grande, como la fundación y construcción de un Carmelo en Belén, sobre la colina donde el "pequeño" David fue ungido rey. No hay mejor sitio para aprender la ciencia del "abajarse", el arte de la humildad, a imitación de Quien hizo de esas tierras su cuna.
"Le pregunto al Altísimo: ¿Dónde vives? Él me responde: busco cada día un nuevo hogar, nacer nuevamente en una gruta, un hogar humilde. Soy feliz en un alma abajada, en un pesebre. Le pregunto siempre a Jesús dónde mora: en una gruta... ¿sabes cómo he aplastado al enemigo? Naciendo tan abajado...".




"Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón".
Mateo 11, 29

"Lo que Dios desea de ti: simplemente... que andes humilde con tu Dios".
Miqueas 6, 8

martes, 2 de octubre de 2018

#251 En una cáscara de nuez


Este pesebre me lo regaló Dora, mamá de mi amiga Marina Guilén, quien me lo trajo desde Ibi (España) en mayo de 2018. Es de resina y representa a Jesús naciendo dentro de una cáscara de nuez.
En lo pequeño se encierra, nace, el misterio del Dios infinito. Pero es una verdad que solo quienes son pequeños -humildes- pueden descubrir y acoger.
"Encerrado en una cáscara de nuez me tendría por rey del espacio infinito, si no fuera porque tengo malos sueños", dice el joven príncipe Hamlet en la célebre obra de William Shakespeare.
"Sueños que son ambición, pues la esencia del ambicioso es la sombra de un sueño", añade el cortesano Guildenstern. 
Algo sombrío había dañado la inocencia del joven Hamlet. Ya no podía concebir que un rey del espacio infinito pudiera vivir en una simple y diminuta cáscara de nuez... ya no era capaz de ver lo grande dentro lo pequeño.
El venerable arzobispo Fulton Sheen (1895-1979), al preguntarse cómo puede el alma hallar a Dios, afirma que "es un hecho psicológico que sólo siendo pequeños podemos descubrir algo grande" y que, para encontrar al inmenso Dios, es necesario llegar a poseer el "espíritu de los niñitos". Los niños son tan pequeños que, en comparación suya , todo lo demás les parece grande.
¿Qué significa ser un niño?, se pregunta Sheen. Y responde con estas bellas palabras del poeta inglés Francis Thompson (1859-1907): "Ser un niño es ser algo muy diferente del hombre de hoy. Es tener un espíritu brotando todavía de las aguas del bautismo; es creer en el amor, creer en la belleza, creer en la fe; es ser tan pequeño que los duendecillos alcanzan a cuchichear en sus oídos; es convertir calabazas en coches, y ratones en caballos; humildad en excelsitud e insignificancias en grandezas, pues cada niño tiene su hada madrina en su propia alma; es vivir en una cascara de nuez y sentirse el rey del espacio infinito. El universo es su caja de juguetes. Él mete sus dedos en el crepúsculo. Se llena de polvo de oro al revolcarse en medio de las estrellas. Hace inocentes travesuras con la luna. Los meteoros hociquean en sus manos. Importuna al trueno encadenado y gruñón, y ríe al sonido de sus cadenas de fuego. Corretea por las puertas del cielo. Su piso está lleno de las fantasías rotas. Corre salvaje sobre los campos del éter. Da caza al mundo girante. Se coloca entre los pies de los cabellos del sol. Se pone al regazo de la madre natura y trenza sus guedejas sueltas de cien modos caprichosos para ver en cuál parecerá más hermosa".
Esto es lo que significa ser un niño. Por ello, insiste Sheen, es también por lo que "sólo siendo pequeños es como podemos descubrir algo grande". 
Si no nos hacemos como niños, no podremos descubrir ni aceptar que el Rey del espacio infinito se hizo hombre, se abajó hasta nuestra pequeñez, vivió entre nosotros, en nuestra misma cáscara de nuez.. ni podremos gozar de esa verdad que nos trajo, que somos también nosotros herederos de su reino que no tiene fin y que ese reino ya está entre nosotros, encerrado en la pequeñez de una cáscara de nuez.


"Pequeño Jesús, ¿fuiste Tú tímido alguna vez
y así tan pequeño como yo? 
¿Y cómo se sintió estar fuera del Cielo
 y ser como yo soy? 
¿Alguna vez pensaste en ese Cielo y
te preguntaste adónde estaban todos los ángeles?
Pienso que yo lloraría por mi casa toda hecha de Cielo 
y miraría el aire y me preguntaría dónde están
todos los ángeles; 
y que al despertar me apenaría... 
¡no hay un ángel allí para vestirme!

¿Tuviste alguna vez juguetes, como nosotros,
 los pequeños niños y niñas? 
¿Y jugaste en los Cielos con todos los  ángeles, 
que no son tan altos,  
y tuviste por canicas las estrellas? 
¿Se juega allá al "búscame" por entre sus alas? 

¿Y tu Madre te permitía arruinar tus ropas
 jugando por el suelo? 
¡Qué bueno tener siempre
 los vestidos nuevos en los Cielos,
porque son completamente limpios y azules!

¿Te arrodillabas por las noches a rezar?
¿Y unías tus manos, así, de este modo?
¿Y te cansabas por ser tan pequeño 
y te parecía que las plegarias eran tan largas?
¿Y te gusta más que unamos nuestras manos, así,
para rezarte?  
Solia pensar, antes de saber,
que la oración no estaba hecha 
a menos que fuera pronunciada.

¿Y tu Madre te besaba por la noche
 y doblaba tus ropas prolijamente? 
¿Y te sentías muy feliz en tu cama
después de que te había besado dulcemente
y que habías hecho tus oraciones? 

Tú no puedes haber olvidado todo
 lo que se siente ser pequeño... 

Y sabes que no sé cómo rezarte
como lo hace mi padre...
¿Cuando eras tan pequeño, podías
hablar como lo hace el Padre?
Entonces, como un Niño pequeño, baja
y escucha la lengua de un niño como la tuya.
Tómame de la mano y caminemos mientras
escuchas mi charla de niño. 
A tu Padre, muéstrale mis plegarias...
Él mirará, porque Tú eres tan  bello...
Y dile: 'Oh, Padre, Yo, tu Hijo, te traigo
las súplicas de un pequeñito'. 
Y Él sonreirá, porque el lenguaje de los niños
no ha cambiado desde que Tú fuiste un niño".

Francis Thompson, "Ex Ore Infantium".




martes, 25 de septiembre de 2018

#250 Principito


Este pesebre me lo regaló mi amiga Eukene Oquendo en mayo de 2018. Lo trajo de Valencia (España), su tierra, y fue hecho por María José, una amiga de su familia que se dedica a hacer manualidades.
Está hecho con trozos de paño de distintos colores, con pespuntes y bordados. Son dos piezas unidas, una con el conjunto de la Sagrada Familia, y la otra con la estrella de Belén. Como una se apoya en la otra, en un primer momento se me ocurrió escribir sobre la importancia de apoyarnos en Jesús y de, sostenidos por Él, ser apoyo para otros.
Buscando algo de inspiración, me topé con el "soy responsable de mi rosa", una de las frases destacadas de "El Principito". Y como una cosa va llevando a otra, terminé leyendo sobre la conexión entre el famoso relato del niño caído del asteroide B-612 y el Niño Jesús de Praga...
Hay quienes afirman que Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), el célebre aviador y escritor francés, se inspiró en el Divino Niño -el pequeño Rey- para su tierno personaje.
Intrigada, volví a las páginas de "El Principito" después de años, por no decir décadas, para releerlo en esta clave... No sé si Saint-Exupéry se inspiró o no en el Niño de Praga, pero ciertamente en el relato hay algunos detalles que me recuerdan a Jesús.
La primera resonancia está en la dedicatoria "al niño que fue" aquel amigo del autor, ya una persona mayor, y que tiene necesidad de consuelo... Para entrar al mundo del Principito se necesita la comprensión -la mirada- de un niño... También para entrar al Reino de los Cielos. "Si no os hacéis como niños...".
Los "mayores" -el rey poderoso, e vanidoso, el bebedor, el ambicioso hombre de negocios, el geógrafo anciano...- se creen importantes y grandes, pero son muy complicados y les cuesta aceptar las verdades más fundamentales.
"Si les decimos: 'La prueba de que el principito ha existido es que reía, era encantador y quería un cordero'. No lo entienden ni lo creen, aunque 'querer un cordero' sea una prueba irrebatible de existencia; las personas mayores se encogerán de hombros y nos dirán que nos comportamos como niños. Pero si les decimos: 'el planeta de donde venía el principito es el asteroide B-612', quedarán totalmente convencidas y no dudarán más ¡ni modo!, hay que entender que son así. Los niños deben ser muy condescendientes con las personas mayores", dice el libro de Saint-Exupéry en uno de sus pasajes.
Es necesario ser como niños. La Buena Noticia es revelada y acogida por los "pequemos", mientras que queda oculta a los "sabios y entendidos". Fariseos, sacerdotes y doctores de la Ley desconfiaban de Jesús, no entendían sus palabras, le exigían pruebas, señales... "Quien no acoja el reino de Dios como un niño no entrará en él".
La mirada del Principito, que es la de un niño, también me recuerda a la de Dios. El Principito era capaz de ver un cordero a través de una caja. La mirada del Señor también va más allá... "La mirada de Dios no es la del hombre; el hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazón".
Con todo, podemos pedir prestados los ojos a Dios si nos volvemos como niños y así ver "bien" lo que hay que ver. "Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos", formula el zorro al Principito al revelarle su secreto. "Felices los puros de corazón porque ellos verán a Dios", dice Jesús.
Otra resonancia bíblica es la del desierto. El narrador, un aviador forzado a aterrizar por una avería en el Sahara, confiesa que vivía solo, "sin alguien con quien poder hablar verdaderamente", hasta que en aquellas arenas solitarias conoce al Principito. También Dios suele salir a nuestro encuentro en los "desiertos" de la vida... El desierto guarda un pozo oculto, un tesoro escondido, la belleza invisible.
Tiempo y diálogo. Eso se necesita para construir una relación. Dice el aviador que necesitó tiempo para comprender de dónde venía el Principito y que, poco a poco, las palabras del niño le fueron revelando sus secretos. También nos pasa así en la relación con Dios.
Hay algo más para crear vínculo con Dios y es ese dejarse "domesticar" que tan bien define el zorro en palabras que casi se pueden tomar prestadas como oración al Señor: "Si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, como también yo lo seré para ti... Si tú me domesticas, mi vida se llenará de sol y conoceré el rumor de unos pasos diferentes a los de otros hombres".
¡Y las preguntas! Esas benditas preguntas, insistentes, simples, directas y, por eso, tan incómodas para los "mayores" que hace el Principito... ésas me recuerdan mucho a las preguntas de Jesús: "¿Y ustedes, quién dicen que soy yo?", "¿Me amas de verdad?", "¿También ustedes quieren irse?", "¿Ni siquiera habéis sido capaces de velar una hora conmigo?"...
El amor del Principito por su rosa, la fidelidad a su flor, también me recuerda al amor de Jesús por cada persona, con verdadero celo, como pastor que es capaz de dejarlo todo, hasta la vida, por su oveja perdida.
El Principito regresó a su casa, pero su risa se ha quedado en las estrellas que cascabelean cuando su amigo aviador las contempla. Presencia misteriosa, aunque real. Pero más real, verdaderamente real, es la Presencia de Jesús entre nosotros, cada día, hasta el final de los tiempos.


"Tengo sed de esta agua –dijo complacido el principito–, dame de beber...
¡Entonces comprendí lo que él había buscado!
Levanté el balde hasta sus labios. Bebió con los ojos cerrados. El espectáculo era bello como un día de fiesta.
Aquella agua era algo más que un alimento. Había nacido del caminar bajo las estrellas, del canto de la polea, del esfuerzo de mis brazos. Era como un regalo para el corazón... Cuando yo era niño, las luces del árbol de Navidad, la música de la misa de medianoche, la dulzura de las sonrisas, daban su resplandor al regalo de Navidad que recibía". 

Antoine de Saint-Exupéry, "El Principito", capítulo XXV.

"Una mujer samaritana llegó para sacar agua, y Jesús le dijo: 'Dame de beber'...
Jesús le dijo: 'Si conocieras el don de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y él te la daría'.
Ella le dijo: 'señor, no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa agua viva?'.
Jesús le dijo: 'El que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en un chorro que salta hasta la vida eterna'".

Evangelio según San Juan, capítulo 4.



martes, 11 de septiembre de 2018

#249 Susana... y las muchas otras


Este pesebre llegó a mi en mayo de 2018. Las figuras son de metal, muy pequeñas, y están dentro de un cofrecito rojo.
Es un regalo de mi tía Susana y me quiero valer de su nombre para hablar de la única mujer del Evangelio llamada así.
Aparece en el capítulo 8 del Evangelio de Lucas, quien destacó al grupo de mujeres que acompañaba a Jesús y a los apóstoles: "Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes" (Lucas 8, 1-3).
A diferencia de María Magdalena y de Juana, de Susana no se nos dice ni de dónde era ni si estaba casada o no y con quién... pero nos queda su nombre, lo que la destaca, al menos, de las "muchas otras" que integraron aquel grupo.
Susana, a secas... y las "muchas otras", sin nombre. Modelos de un seguimiento de Cristo en humildad, que no busca fama o reconocimiento, ni atrae las miradas sobre sí sino que, con sus vidas, señalan al Maestro.
No sabemos sus nombres, pero donde quiera que se proclame este Evangelio sus testimonios de vida seguirán dando gloria a Dios.
Las "muchas otras" son, en primer lugar, mujeres que se reconocen alcanzadas por la Misericordia de Dios. Habían recibido del Señor salud física y espiritual. Y en esa salud, ese bien recibido, supieron ver el don de Dios.
Ese descubrirse amado, saberse curado por Dios, mueve al seguimiento y al servicio. Y estas "muchas otras" se volcaron a acompañar al Señor en sus caminos, sendas que recorrieron junto a otros también impactados de lleno por la Misericordia de Dios.
Las "muchas otras" sirvieron al Señor con su compañía orante y también ayudando con sus bienes... signo concreto de una caridad que ha comprendido que el bien que se entrega -material o espiritual- ha sido primero recibido gratuitamente de Dios.
¡Qué precioso el testimonio de estas "muchas otras" sin nombre! En ellas veo a tantos, hombre y mujeres de hoy, que siguen a Cristo y le sirven con fidelidad desde una vida oculta, silenciosa, cotidiana, sin aplausos... me dan ganas de decirles ¡felices ustedes, los de santidad anónima, porque sus nombres están escritos en el Cielo!

jueves, 6 de septiembre de 2018

Niño invitado #66: Un Doctorcito de dulce Nombre y Corazón sacratísimo

Esta foto la tomé el 30 de agosto de 2018 en la Basílica de Santa Rosa de Lima, de Buenos Aires.
Es una imagen del Dulce Nombre de Jesús y su Sacratísimo Corazón, también conocido como el Doctorcito de santa Rosa. La imagen original, de la que escribí recientemente en otra entrada, está en la Basílica del Santísimo Rosario, del Convento de Santo Domingo, en Lima.
La comunidad de la Basílica de Santa Rosa de Buenos Aires se interesó recientemente por esta particular devoción de la santa limeña por el Niño Jesús y se puso en la búsqueda de una figura que lo representara con una edad de 3 o 4 años para que, de la misma forma que lo hace en Lima, saliera junto a santa Rosa a recorrer las calles durante las fiestas patronales del 30 de agosto.
Ya en tiempo de descuento para la fiesta y sin mucha perspectiva de hallar un Niño Doctorcito en Buenos Aires, por "sorpresa" -¡las cosas de Dios!- llegó un mensaje desde un taller de imágenes religiosas de la lejana provincia de Misiones, en el extremo noreste de Argentina, comunicando que tenían un Niño listo para viajar a la capital y quedarse en el santuario.
Pero algo más se sumó a la llegada del Doctorcito. Según cuenta la propia comunidad parroquial en su sitio web, el mismo día en que finalmente se le dijo sí a la figura ofrecida desde Misiones "otro Doctorcito, pero de carne y hueso y de 3 años, se presentó aquí en Buenos Aires". Era un pequeño gravemente enfermo. Su familia llamó al sacerdote para asistirle en sus últimos momentos.
"No tenía estandarte, ni en su ropaje ornamentos dorados. Fue en la habitación de un hospital, al caer la tarde... Su familia lo despedía al pie de la cama rezando el rosario. Una enfermera junto a ellos también rezaba. Tremenda y triste postal de una familia dejando partir a este niño. Niño que al morir sanaba...".
La comunidad supo ver en este pequeño la presencia del Cristo Niño y ha acogido al Doctorcito con todo cariño, buscando imitar su dulzura, su cercanía, su compasión con los que sufren, especialmente los enfermos... estos rasgos del Doctorcito ya los había descubierto Rosa en sus días y ella misma buscó con todo afán encarnarlos en su propia vida. La verdadera devoción, finalmente, es la que nos lleva a imitar a Cristo... un Niño de Corazón abierto que así nos enseña cómo debe latir el nuestro.

"Divino Niño Jesús
que al hacerte hombre
quisiste sufrir y morir por los hombres
y alcanzar el triunfo sobre el pecado
con tu muerte y resurrección,
a ti acudo lleno de confianza,
pidiendo me concedas
la salud del alma y del cuerpo.
Remedia mis males y perdona mis pecados,
para que con todas mis fuerzas
te ame, sirva y sea útil para el prójimo.
Que sobrelleve con paciencia mis dolores
y los ofrezca como remedio
de todas las necesidades del mundo.
¡Que así sea!"


martes, 4 de septiembre de 2018

Pesebre invitado #65: Junto al lago


Esta foto la tomé en mayo de 2018 en la ciudad de Bariloche, en la Patagonia argentina. Este pesebre escultórico está emplazado a las puertas de la catedral y desde allí hay una bella vista al inmenso y azul lago Nahuel Huapi.
Ver a Jesús aquí me recordó todos esos pasajes de sus vivencias en el lago de Tiberíades o de Genesaret, llamado también Mar de Galilea.
Jesús eligió vivir junto al lago. Dice el evangelio de san Mateo que, después de sus días en el desierto, volvió a Galilea, pero no se quedó en Nazaret, sino que fue a vivir a Cafarnaúm, "a orillas del lago".
A esas costas llevó su luz, tal como profetizó Isaías.
En esas riberas comenzó a proclamar la llegada del Reino de Dios.
Por esas orillas caminaba. Allí llamó a sus primeros "pescadores de hombres".
Al borde de esas aguas enseñó y curó. Se agotó y descansó.
Un día "Jesús salió de casa y fue a sentarse a orillas del lago" (Mateo 13, 1). ¡Qué escena preciosa! Me pregunto qué pensaría, cuál sería su oración, contemplando esas aguas... No lo sé, pero luego su paso siguiente fue subirse a una barca, no quedarse en la orilla, sino adentrarse en ese lago misterioso y tan inmenso que le dicen "mar"...
Jesús surcó esas aguas varias veces, cruzando de un lado a otro.
No lo amedrentaron los fuertes vientos ni las tormentas.
No era pescador pero conocía perfectamente dónde echar las redes.
No sé si sabía nadar, ¡pero sabía caminar sobre las aguas!
Y allí, en el medio del lago, le manifestó a sus apóstoles su poder.
Esas aguas, profundas, misteriosas, a veces turbulentas, otras un sereno reflejo del cielo, somos nosotros. A esta orilla, la de nuestra humanidad, vino a vivir Jesús. Siendo Dios, se encarnó, eligiendo estar en nuestra ribera y más allá, navegando mar adentro en las profundidades de nuestra condición humana, sin temor a nuestro oleaje traicionero... calmando nuestras tormentas... surcando las aguas de nuestra vida de punta a punta...


Jesús, navegante de mi mar interior,
Ven a atravesar mis aguas.
Ven a mi orilla y llámame por mi nombre.
Siéntate en la arena y deja que bañe tus pies.
En mi tempestad, camina sobre mí y me sosegaré,.
En la oscuridad de la noche, dime "soy yo, no temas" y el espanto se desvanecerá.
Calma el viento, apacigua las olas y yo, ante tu poderosa presencia, te adoraré: "Verdaderamente eres Hijo de Dios".
Rema mar adentro y duérmete allí, en esas mis aguas de las que yo reniego y en las que Tú, en cambio, encuentras hermosura...
Pesca en mis profundidades, allí donde te gusta echar tus redes.
Que mis olas sepan acariciarte y mi espuma besarte.
Y que mi canción incesante y acompasada, la de mis aguas llegando una y otra vez a tu orilla, sea mi mejor oración.



martes, 28 de agosto de 2018

#248 Llanquihue


Este pesebre, hecho con tela y madera, lo compré en mayo de 2018 en Puerto Varas, una ciudad del sur de Chile situada a orillas del lago Llanquihue.
La palabra "Llanquihue" proviene del mapudungun y significa "lugar profundo", en alusión a la gran profundidad de las aguas de este lago, que llega hasta los 317 metros.
Usualmente "ubicamos" a Dios en lo alto, el cielo, las cumbres... pero en la Biblia también hay alusiones a la presencia de Dios en las profundidades, los abismos, las simas del mundo... "Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro" (Salmo 139). "Porque el Señor es un Dios grande,soberano de todos los dioses: tiene en su mano las simas de la tierra" (salmo 95). "Bendito seas Tú, que sondeas los abismos" (Daniel 3, 55).
Dios habita también en nuestras profundidades, en lo más hondo de nuestra interioridad, en lo más íntimo de nuestro corazón, en la morada más secreta de nuestro castillo interior: el centro mismo del alma.
"Tú eras interior a mi más honda interioridad", le dice a Dios san Agustín de Hipona en sus "Confesiones". Dios estaba dentro de él, pero Agustín lo ignoraba y lo buscaba fuera, en las criaturas.
"Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te andaba buscando; y deforme como era, me lanzaba sobre las bellezas de tus criaturas. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Me retenían alejado de ti aquellas realidades que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia y respiré, y ya suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y me abrasé en tu paz".
El encuentro verdadero con Dios, el que convierte y transforma la vida, sucede en nuestro "lugar profundo".
Es, como lo llama san Juan de la Cruz es su poema "Llama de amor viva", el "centro del alma" o "el más profundo centro".
"El centro del alma Dios es, al cual habiendo ella llegado según toda la capacidad de su ser y según la fuerza de su operación, habrá llegado al último y profundo centro del alma, que será cuando con todas sus fuerzas ame y entienda y goce a Dios", afirma el doctor místico. 
¿Y que sucede en ese "lugar profundo"? La unión del alma con Dios, la llama del amor de Dios que tiernamente "hiere" al alma... o, como bellamente lo sintetiza Juan de la Cruz, una "fiesta del Espíritu Santo"...


martes, 21 de agosto de 2018

Niño invitado #64: Niño de la Sabiduría

Esta foto la tomé en abril de 2018 en la Basílica del Santísimo Rosario del convento de Santo Domingo, en Lima, Perú. Es el Niño de la Sabiduría, imagen que forma parte del altar lateral dedicado al Sagrado Corazón de Jesús.
La figura es encantadora: un Niño Rey, que en sus manos tiene "la Sagrada mini Biblia".
Jesús, la Palabra encarnada, es, como nos dice san Pablo, "sabiduría de Dios" (1 Corintios 1, 24).
Como Sabiduría también invocamos en el Adviento a Jesús, próximo a nacer, cuando cantamos cada 17 de diciembre la primera de las llamadas "Antífonas de la O": "Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ¡ven y muéstranos el camino de la salvación!".
Es una oración preciosa, con la que llamamos a Jesús con el nombre de Sabiduría, reconocemos la grandeza divina en un Niño, lo invocamos como nuestro Salvador y nos admiramos de todo el misterio que ello encierra.
La preexistencia eterna del Hijo junto al Padre y el descenso del Señor en la encarnación -el Verbo que acampó entre nosotros- se anuncian ya en los libros sapienciales del Antiguo Testamento, en la figura de la Sabiduría. 
Es el caso del "Elogio de la Sabiduría", en Eclesiástico 24, donde es la propia Sabiduría la que nos habla. Es un pasaje hermoso para orar, dejando que las palabras resuenen en nuestro corazón como voz del Niño de la Sabiduría:
"Yo salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como una neblina.
Levanté mi carpa en las alturas, y mi trono estaba en una columna de nube.
Yo sola recorrí el circuito del cielo y anduve por la profundidad de los abismos.
Sobre las olas del mar y sobre toda la tierra, sobre todo pueblo y nación, ejercí mi dominio.
Entre todos ellos busqué un lugar de reposo, me pregunté en qué herencia podría residir.
Entonces, el Creador de todas las cosas me dio una orden, el que me creó me hizo instalar mi carpa, él me dijo: «Levanta tu carpa en Jacob y fija tu herencia en Israel».
El me creó antes de los siglos, desde el principio, y por todos los siglos no dejaré de existir.
Ante él, ejercí el ministerio en la Morada santa, y así me he establecido en Sión;
él me hizo reposar asimismo en la Ciudad predilecta, y en Jerusalén se ejerce mi autoridad.
Yo eché raíces en un Pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su herencia.
Crecí como un cedro en el Líbano y como un ciprés en los montes del Hermón;
crecí como una palmera en Engadí y como los rosales en Jericó; como un hermoso olivo en el valle, y como los rosales en Jericó; como un hermosos olivo en el valle, y como un plátano, me elevé hacia lo alto.
Yo exhalé perfume como el cinamomo, como el aspálato fragante y la mirra selecta, como el gálbano, la uña aromática y el estacte, y como el humo del incienso en la Morada.
Extendí mis ramas como un terebinto, y ellas son ramas de gloria y de gracia.
Yo, como una vid, hice germinar la gracia, y mis flores son un fruto de gloria y de riqueza.
Yo soy la madre del amor hermoso, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. Yo, que permanezco para siempre, soy dada a todos mis hijos, a los que han sido elegidos por Dios.
¡Vengan a mí, los que me desean, y sáciense de mis productos!
Porque mi recuerdo es más dulce que la miel y mi herencia, más dulce que un panal.
Los que me coman, tendrán hambre todavía, los que me beban, tendrán más sed.
El que me obedezca, no se avergonzará, y los que me sirvan, no pecarán".

martes, 14 de agosto de 2018

#247 Kero

Este pesebre lo compré en Lima, Perú, en abril de 2018. Las figuras de la Sagrada Familia son de estilo ayacuchano y están insertas en un kero, un vaso ceremonial utilizado por la cultura chimú y luego adoptado por los incas para beber alcohol o chicha fermentada.
Este kero de cerámica, con la representación del pequeño Jesús, me recordó a nuestros propios vasos sagrados, en particular al cáliz, y, apenas lo vi por primera vez, me vino a la memoria este versículo del salmo 115: "¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre".
Ese alzar la copa es un "sacrificio de alabanza" en gratitud al don de la vida, de la libertad y de todas las demás gracias recibidas de Dios.
El salmo 115 forma parre de los denominados salmos Hallel (alabanza), himnos que los judíos cantaban cada año en la comida de Pascua para agradecer a Dios por la liberación de la esclavitud en Egipto. Pero en esa cena, llamada Seder, no solo recordaban con gozo aquel hecho sino que además expresaban sus ansías por la gran liberación que les traería el Mesías esperado.
El rito de la cena pascual judía incluye beber cuatro copas de vino. La tercera de ellas es la copa de la redención o de la salvación y se bebe mientras la familia entona el salmo 115. Esto mismo hizo Jesús en su última cena, que era cena pascual, y fue en ese momento que instituyó la Eucaristía. Él mismo alzó la copa de la salvación, con su Sangre, Sangre redentora... sacrificio también de alabanza y gratitud al Dios de la Vida, de la Resurrección...
"Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía", dijo Jesús en aquella noche antes de su pasión, muerte y resurrección.
Por eso, cada vez que comemos el Pan y bebemos del Cáliz de la Eucaristía anunciamos la muerte del Señor y proclamamos su resurrección hasta que Él vuelva (1 Corintios 11, 26).
¿Cómo pagaremos al Señor todo el bien que nos ha hecho con su entrega redentora? ¡Alzaremos la Copa de la Salvación, invocando su Nombre!

martes, 7 de agosto de 2018

Niño invitado #63: Doctorcito Jesús


Esta foto la tomé en abril de 2018 en la preciosa Basílica de San Francisco, en Lima, Perú. Es la imagen del Niño Jesús Doctorcito y puedo dar fe de la devoción que le tienen los limeños pues en el rato que estuve allí de visita no cesaron de acercarse, especialmente niños y ancianos, para rezar ante ella con sencilla piedad.
Es peculiar la imagen: el Niño, con algunos juguetes, sentadito en un trono, vestido como médico, con ambo y zapatos blancos, y un estetoscopio.
Jesús, que curaba a los enfermos, corporal y espiritualmente, se llamó a sí mismo médico: "No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (Marcos 2, 17).
La imagen de Jesús como médico es preciosa. El médico -al menos el médico ideal- no solo sabe cómo restaurar la salud, sino tambiñen proteger y sostener toda vida. Ha de interesarse por su paciente como persona, en forma íntegra, y no solo por una parte de su cuerpo. Genera un vínculo de confianza con su paciente para entrar en un diálogo que verdaderamente conduzca a un diagnóstico acertado. Sabe "leer" más allá de los síntomas. Conoce qué remedio o tratamiento aplicar en cada caso. Convence al paciente de qué es lo mejor para su salud y le ayuda a superar los miedos posibles. Nunca abandona a un paciente a mitad de tratamiento. Y, una vez curado, lo sigue de cerca para prevenir recaídas.
Así actúa Dios para sanar nuestro corazón. Él es médico... y también medicina, ¡y la salud misma!
Podemos acercarnos a Él con suma confianza. Jesús no tiene miedo de nuestras enfermedades, no se espanta de nuestras llagas, nuestras heridas, nuestros pecados...
Pídamosle que ausculte nuestro corazón, todos los días, aún cuando nos parezca que está todo bien, pues Él, que nos ha formado y nos conoce infinitamente más y mejor que nosotros mismos, sí puede detectar hasta las fallas más pequeñas y darnos el remedio de su gracia.
"Señor, sondéame y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno", dice el salmo 138. ¡Digámoselo al Médico Divino!


"Curó a todos los enfermos para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades»".
Mateo 8, 16-17

martes, 31 de julio de 2018

#246 Mariposa


Este pesebre lo compré en Lima, Perú, en abril de 2018. Es una única pieza, en cerámica, con la Sagrada Familia caracterizada como integrantes de la tribu amazónica de los shipibo. Hay también algunos animales, como un mono y una tortuga, pero lo que más destaca en todo el conjunto es una colorida y gran mariposa.
Apenas la vi, me dije: "¡la mariposa de santa Teresa!".
La gran santa de Ávila utiliza la imagen de la mariposa en "Las moradas del castillo interior". Aparece en las moradas quintas y es símbolo de la metamorfosis de la persona, de la conversión obrada por Dios, de la transformación que se gesta en la progresiva unión con Dios, la unión transformante.
Esta unión es siempre puro regalo de Dios, aunque Teresa asegura que "podemos hacer mucho disponiéndonos". Y entonces viene la comparación con el gusano de seda.
El proceso comienza con lo que Teresa llama una pequeña "simiente" -un huevo de gusano sobre la hoja de una morera-, que está "muerta" y con el calor empieza a vivir.
En sentido espiritual, explica la santa, la persona -el gusano- comienza a tener vida verdadera cuando, "con el calor del Espíritu Santo", empieza a aprovecharse del "auxilio general que a todos nos da Dios" y de los medios que nos dejó en su Iglesia (los sacramentos, la Palabra, la oración, la formación...) que son "el remedio que un alma que está muerta en su descuido y pecados y metida en ocasiones puede tener". Entonces el gusanito se va alimentando y crece.
La siguiente fase es la del hilado de la seda, con la que el gusano hace un capullo muy apretado adonde se encierra.
Describe Teresa que el gusano "comienza a labrar la seda y edificar la casa adonde ha de morir" y que esta casa es Cristo. Porque Cristo ha de morar en la persona y ella, en Cristo.
¿Cómo se teje este capullo? "Quitando nuestro amor propio y nuestra voluntad, el estar asidos a ninguna cosa de la tierra, poniendo obras de penitencia, oración, mortificación, obediencia...".
Y así, el gusano, "grande y feo", bien "muerto al mundo" en la unión con Dios, se transforma finalmente en una "mariposica blanca, muy graciosa".
La transformación es evidente: "Ya no tiene en nada las obras que hacía siendo gusano, que era poco a poco tejer el capucho; hanle nacido alas, ¿cómo se ha de contentar, pudiendo volar, de andar paso a paso? Todo se le hace poco cuanto puede hacer por Dios, según son sus deseos. No tiene en mucho lo que pasaron los santos, entendiendo ya por experiencia cómo ayuda el Señor y transforma un alma".
Le han salido alas y vuela. Ya no tiene reposo. Cada vez más alto... hacia Dios! 


martes, 24 de julio de 2018

Niño invitado #62: El Niño de Rosa

Esta foto la tomé en abril de 2018 en la Basílica del Santísimo Rosario del convento de Santo Domingo, en Lima, Perú. Es el Niño de santa Rosa de Lima, una talla del Dulce Nombre de Jesús y su Sacratísimo Corazón y que la patrona de América llamaba con ternura su "Doctorcito" o "Mediquito".
Los limeños le tienen mucha devoción a esta imagen, que llevan en procesión por el centro de la ciudad cada enero, sobre el fin del tiempo litúrgico de Navidad.
Según señala el padre Ángel Peña, en un libro sobre la santa limeña, este Niño  presidía la sala de la casa paterna de Rosa donde atendía a los enfermos que llevaban a curar. Con él, como médico divino, obtenía curaciones milagrosas cuando no había remedio humano.
Ya me había referido en una entrada anterior del blog a las gracias místicas de Rosa en relación al Niño Jesús, pero quisiera destacar aquí cómo esas experiencias profundas del Amor de Dios le impulsaron a amar por Cristo, con Él y en Él a los demás, especialmente a los pobres y enfermos.
Rosa vivió una espiritualidad encarnada. Su vida intensa de oración y penitencia, de encuentro íntimo con el Señor, de piedad y sacramentos alimentaba y sustentaba su servicio de entrega cotidiana a los más necesitados, su disponibilidad, su generosidad.
El "Doctorcito" que Rosa conoció tan bien no tiene asco de los males espirituales y corporales de los hombres, no tiene miedo de mirar y tocar nuestras heridas, no teme ensuciarse o contagiarse, tiene compasión... y Rosa, unida a Él, buscó imitarle.
Cuenta su primer biógrafo, fray Leonardo Hansen, que mientras Rosa vivió en la casa de sus padres, una de sus "grandes satisfacciones" era, con su permiso, llevar allí a los pobres enfermos, a quienes curaba con sus propias manos y les procuraba las medicinas necesarias. 
"Al principio sufrió constantes repulsas, porque la madre juzgaba que en el estado de salud de Rosa haría mejor en cuidarse a sí misma; más habiendo conseguido la hija vencer las resistencias maternales, tan buena obra llegó a ser para ella una necesidad incesante. Cuando una enferma sanaba, buscaba otra, y adoptaba con preferencia aquella cuya enfermedad le parecía más repugnante. Luego que la llevaba a la casa, comenzaba por lavarla de la cabeza a los pies y curar sus úlceras; luego la vestía con ropa limpia, y la colocaba en una aseada cama. En seguida le lavaba sus vestidos y los arreglaba con un extremo cuidado, a fin de devolvérselos en buen estado después de su curación: en fin. la servía en todas sus necesidades con una caridad tan alegre como compasiva", describe Hansen.
Rosa también iba a casas y hospitales a atender enfermos. Cuenta su biógrafo que una vez que volvía de asistir a una anciana leprosa, su madre la reprendió por el mal olor y las manchas que traía en su vestido. Rosa le respondió: "Lo que se trae del servicio de los enfermos es el buen olor de Jesucristo: es verdad que la infección del mal se mezcla con él; pero ¿qué hemos de hacer? Por lo demás, la caridad no es delicada y las enfermedades del prójimo no le causan ningún disgusto". 
¡Tal enfermera para tal Doctorcito!


Oración al Doctorcito de santa Rosa de Lima

¡Oh, Divino Niño Jesús! que al hacerte hombre quisiste sufrir y morir por los hombres y alcanzar el triunfo sobre el pecado, el dolor y la muerte, a Ti acudo lleno de confianza, pidiendo me concedas la salud del alma y del cuerpo. Remedia mis males y perdona mis pecados, para que con todas mis fuerzas te ame y sirva, y sea útil al prójimo. Pero, si deseas que con la enfermedad comparta tus sufrimientos, haz que la sobrelleve con paciencia, resignación y alegría, y ofrezca mis dolores para purificar mi alma y obtener remedio de todas las necesidades del mundo. Amén.

martes, 17 de julio de 2018

#245 Abrazo en Jesús


Abrazo fraterno. Abrazo en Jesús.
Hay personas que saludan así, con esas palabras, antes de finalizar una carta o un correo electrónico. Pienso que es un modo de expresar el deseo de compartir con otros la experiencia de quien se sabe abrazado por Dios.
Este pesebre es una buena imagen del abrazo de Dios, con Dios y en Dios.
Es una pequeña pieza de cerámica, con colores llamativos. La traje de Lima, Perú, en abril de 2018, y me inspiró la ternura propia del abrazo al instante en que la vi.
Los abrazos hablan de apertura a la realidad, la vida, de los demás. De acoger sus vivencias, sean positivas o negativas, alegrándonos o consolando a conocidos y también extraños. Abrazar es humano, en el sentido profundo de  asumir la humanidad propia y ajena, y, es por eso mismo, un gesto concreto de fraternidad.
Abrazar es muchas veces tocar las llagas de un corazón herido y suavizarlas -y hasta curarlas- con ternura, amabilidad, contención, afecto, protección, cercanía, atención respetuosa, delicadeza...
Abrazar es también... dejarse abrazar, ser capaces de aceptar el amor que se nos ofrece, la alegría que se nos comparte, la lágrima que se nos pide enjugar, la confianza que se nos da...
Y abrazar es también perdonar, es signo de reconciliación.
Pero, sobre todo, abrazar es una gracia, un don de Dios, pues difícilmente podamos dar un abrazo santo en su más profundo sentido sin antes experimentar nosotros mismos el abrazo de Dios que es, en definitiva, el que nos mueve y nos habilita a consolar con el consuelo con que somos consolados, a amar con el mismo Amor con que Dios nos amó primer, a perdonar desde el sabernos alcanzados antes por la infinita Misericordia del Señor.
¡Abrazo en Jesús!

lunes, 9 de julio de 2018

Niño invitado #61: Llevando a Jesús a pasear al templo


En abril de 2018 visité en Lima, Perú, la preciosa y monumental Basílica de San Francisco.
Era domingo y el templo, que realmente es enorme, estaba colmado de gente del lugar, turistas y numerosas cofradías que ese día se reunían allí para la celebración de la misa.
Entre la multitud de feligreses, fui visitando las capillas laterales de estilo barroco, pero una llamó especialmente mi atención, no por su riqueza artística -todos los altares la tienen por igual- sino por dos detalles. La capilla lateral dedicada a Nuestra Señora del Carmen tenía sus trabajadas puertas de rejas abiertas, mientras las demás estaban cerradas. Pero, además, noté de refilón algo sobre el altar, algo que a primera vista no pude identificar del todo pero que, sin dudas, me hizo frenar. "¿Es una cunita?". Me puse en puntas de pie para tratar de ver un poco más... ¡Un Niño Jesús en una cuna!
Una señora, que seguramente vio mi cara de asombro y mi interés particular, se me acercó en seguida. Se presentó como Eugenia. Me contó que era miembro de la Cofradía de la Virgen del Carmen de la Basílica de San Francisco y que los sábados tienen la costumbre de acudir a esta capilla lateral y bajar la figura del Niño que la Virgen del Carmen tiene en brazos. Le cambian la ropa y lo "cargan" un rato "para ayudar a la Virgen", me contó Eugenia con toda dulzura.
El Niño en la cuna sobre el altar era de Ana Lucía, una de sus hermanas de cofradía. "Lo trae a pasear un rato a la iglesia y luego vuelve a su casa", me dijo Eugenia con toda naturalidad...
A mi me impactó muchísimo un gesto tan simple y peculiar como éste: llevar a Jesús a pasear al templo, sacarlo de casa, permitir el encuentro del Niño con otras personas...
Me recordó al pasaje en que María y José llevan al Niño al templo, dando paso a esos encuentros preciosos con los ancianos Simeón y Ana.
Pero también a las tantas visitas de Jesús al templo de Jerusalén, a sus encuentros con tantas personas allí...
"Y Jesús se paseaba por el Templo", dice el Evangelio de san Juan (10, 23).
Pienso que llevar a Jesús al templo es hoy ser medios, instrumentos, para que el Señor pueda llegar a otros "templos" donde Dios desea entrar, recorrer, observar con atención, enseñar... y también echar "mercaderes" y hasta derribar muros para reconstruirlos... para volverlos verdaderas casas de oración y moradas suyas.
¡El Jesús que te habita quiere que lo saques a pasear!


miércoles, 4 de julio de 2018

Niño invitado #60: el Niño Mariscal Chaperito


Esta foto la tomé en abril de 2018 en uno de los altares laterales de la Basílica del Santísimo Rosario del Convento de Santo Domingo, de Lima, Perú.
Es del Niño Jesús Mariscal Chaperito, singular muestra de religiosidad popular que nació en la provincia peruana de Canta, al noreste de Lima. La imagen original de esta devoción procede de allí, donde el Niño, vestido con galas militares, está en brazos de la Virgen de la Natividad, patrona de la ciudad de Canta.
Quizás a alguno pueda parecerle un tanto extraño ver a un Niño Jesús con apariencia de militar, pero la imagen, si hacemos a un lado los prejuicios, nos puede regalar un significado espiritual precioso.
Lo primero es su nombre de "chaperito", diminutivo de un término derivado de "chappaquey", palabra que en la lengua quechua que hablaban antiguamente en Canta significa "mi dueño", "mi señor", "mi encomendero", "el que se apodera de mi". Es un reconocimiento del señorío de Dios, de su realeza, de su autoridad suprema, de su primacía en cada corazón.
El vocablo quechua "chappa" significa además "centinela", "capitán". 
Se cuenta que en el siglo XIX las mujeres de Canta paseaban la imagen del Niño entre las filas de los soldados que iban a librar batallas por la Independencia y otras causas. Las victorias obtenidas llevaron a las tropas a reconocer al Niño como su general.
De allí que al Niño Chaperito lo llamen mariscal, un alto grado militar, un modo de reconocer la protección de Dios en las "batallas" diarias de la vida.
Y verán que esto no es tan extraño pues el mismo pueblo de Israel invocaba a Dios como el "Señor de los ejércitos", particularmente en tiempos de dificultades. Es Dios, soberano, el que está por encima de todo poder, quien quebranta al enemigo -el mal, el pecado del hombre- y pone fin a las guerras, las externas y las que se libran en nuestro propio corazón.


"El Señor avanza como un héroe, y se enardece como un guerrero. Pronuncia su arenga y lanza su grito de combate, y luego cae sobre los enemigos".
Isaías 42, 13