Esta pieza la compré en agosto de 2014 en la santería Santa María Novella, de Buenos Aires. Es un pequeño disco de madera, para colgar, pintado a mano. Se trata de una escena que infunde serenidad, paz. El pequeño Niño recién nacido, en la falda de su Madre, sentada sobre el heno del pesebre. Ambos parecen mirar a alguien, aunque no se ve a quién. Lo sencillo y lo apacible de esta escena esconde un misterio enorme al que solo podemos asomarnos con ojos de fe: Dios en el regazo de una mujer. Estremece pensar que el Creador eligió hacer experiencia de estar en el seno materno, en brazos de una mujer, ser alimentado y arrullado por ella, descansar en su regazo... Quien nos señaló a nuestra Madre desde la Cruz lo hizo primero, sin palabras, desde el pesebre. Desde la falda de María, Jesús nos invita a este regazo maternal, a dejarnos cobijar por María y a compartir este pedacito de Cielo con Él... ¡Aquí está nuestra Madre! Dios mismo lo ha probado y vio que es bueno... Ha hecho así expe...
«Vayamos hasta Belén y veamos lo que ha sucedido» (Lc 2, 15).