jueves, 8 de diciembre de 2016

#203 Entre lirios



Este pesebre lo compré en octubre de 2016 en una tienda de Little Italy, en Manhattan, Nueva York.
Se trata de una pieza ovalada de colgar, hecha en resina, con un marco de color violeta (¡color del Adviento!) y un centro que se puede girar y que de un lado tiene la imagen del pesebre y en la otra cara estas palabras en inglés: “Glory to God in the highest, and on earth peace, good will toward men". Es una cita del Evangelio de Lucas (Lc 2,14), lo que los ángeles cantan al anunciar a los pastores el nacimiento del Niño Jesús: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace".
Este pesebre fue diseñado por el artista estadounidense Jim Shore, fue hecho a mano en China y forma parte de la colección de Heartwood Creek, de la estadounidense Enesco.

La pieza en sí misma es muy bella, muy delicada en su diseño. Pero yo posé mi mirada en un detalle: María cubre con una manta al Niño y en esa manta hay estampado un lirio rosado...
Enseguida me vino a la memoria este versículo que se repite dos veces en el Cantar de los Cantares:  "¡Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado, él pastorea entre los lirios!" (2,16; 6,3).
Esto lo dice la esposa de su esposo, que es pastor y lleva sus ovejas a las mejores praderas.
El pastor conoce bien los campos y sabe diferenciar entre unas flores y otras. Sabe de la amargura y las espinas del cardo y de la suavidad y el perfume del lirio. No lo sabe de oídas, ha elegido ir personalmente a recorrer los campos y ver de cerca y tocar lo que crece allí...
Y por eso puede decir de su amada: "Como un lirio entre los cardos es mi amada entre las jóvenes" (Cantar 2,2).
El pastor queda prendado de la hermosura del lirio y allí donde le encuentra elige apacentar.
¿Qué hace al lirio bello?
Este poema del Cantar recorre la historia de amor entre este pastor, que también es rey, y su enamorada. En un punto, ella lo pierde de vista y se lanza a buscarlo con desesperación...
San Juan de la Cruz, inspirado en este libro bíblico, recrea esta búsqueda en parte de su "Cántico espiritual":

"Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste, habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero:
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.
Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.
¡Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado.
(Respuesta de las criaturas:)
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura, e, yéndolos mirando,
con sola su figura vestidos los dejó de hermosura".

Mil gracias derramando, es el propio amado el que hermosea los prados... y embellece a las flores.
Porque él, como lo dice el propio Cantar, es también lirio: "Sus labios son lirios que destilan mirra pura" (5,13).
Es Dios quien hermosea al alma con sus gracias derramadas... y se deleita en ello y viene a pacer en ese lirio.
Santa Teresa de Jesús, comentando el Cantar en su "Conceptos del Amor de Dios", habla también de cómo Dios va hermoseando al alma con virtudes y dice que es "un hacer la cama Su Majestad de rosas y flores para Sí en el alma". ¿No les suena a pesebre?
Esto es lo que hizo con la Virgen María, "la llena de gracia". En ese lirio eligió Dios encarnarse, nacer, pacer... Ella misma es la manta que lo cubre en este pesebre... Ella es la cuna de flotes que el Rey hizo para Sí...
Pero María es un litio que no excluye a otros... Todos estamos llamados a dejarnos hermosear por Dios y que Él venga a nacer en nuestro pesebre.
Si no sabemos dónde encontrarnos con esa mirada que hermosea, hay que salir a buscarlo como la amada del Cantar... hay que salir a buscarlo como María, quien perdiéndolo de vista de regreso a Nazaret nos enseñó a ir en búsqueda del Niño... En el templo, en el corazón... ¿dónde estás, Amado?



Oración para hallar a Jesús

Virgen bendita,
¿por qué te afliges
buscando a tu Hijo perdido?
¿Es que ignoras dónde está?
¿No te acuerdas de que mora
dentro de tu corazón?
¿No sabes que se apacienta
entre lirios?
Tú misma dices:
”Mi amado para mí y yo para él,
que se apacienta entre las azucenas”
(Ct 2, 16).
Tus pensamientos y afectos,
tan humildes, puros y santos,
son los lirios que invitan
a habitar en ti al divino esposo.
¿Suspiras por Jesús, María,
porque sólo a él le amas?
Déjame a mí que suspire por él
y por tantos pecadores que no le aman
y que al ofenderle lo han perdido.
Madre mía amantísima,
haz que yo encuentre a tu Hijo.
Bien es verdad que él
se deja encontrar de quien lo busca.
”Bueno es el Señor
para el alma que lo busca”
(Lm 3, 25).
Pero haz que yo le busque
como debo buscarlo.
Tú eres la puerta
por donde todos acabamos
encontrando a Jesús;
por ti espero encontrarlo
yo también. Amén.

San Alfonso María de Ligorio,
"Las glorias de María".

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