lunes, 2 de abril de 2018

#239 Anunciar

Este pesebre me lo regaló mi papá en la Navidad de 2017. Lo compró en la tienda Nuestra Señora del Carmelo, de Buenos Aires. Está hecho en resina y es la figura de un ángel que, en su interior, contiene la escena de los tres Magos de Oriente adorando al Niño.
La figura representa un anuncio: la trompeta es el medio y el mensaje es a la vez comunicación de la buena noticia de Jesús e invitación a encontrarse con Él.
La historia del Pueblo de Dios está atravesada por anuncios, en boca de profetas y ángeles de Dios. Hasta que la Palabra misma se vuelve mensaje y mensajero en Jesús: "El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres" (Isaías 61; Lucas 4).
"Buena noticia" es "anuncio alegre", "evangelio".
Esta "buena noticia", que es Jesús mismo, resulta desbordante, incontenible... es tan grande, poderosa y transformante que no puede ser acallada, guardada, escondida... Todo el que experimenta un auténtico encuentro personal con Jesús sale impulsado hacia el anuncio de la "buena noticia".
Unos corren, como la samaritana, a buscar a los de su pueblo para que ellos también conozcan a Cristo. El leproso, sanado por Jesús, sale a divulgar por todas partes lo que le ha vivido. María Magdalena corre a anunciar la noticia de su vida en la mañana del Domingo de Resurrección...
Unos anuncian con su predicación, pero nadie puede transmitir de verdad y con eficacia la "buena noticia" si antes no es él mismo un testimonio vivo de cómo el "evangelio", el encuentro personal con Jesús, ha transformado su vida. Como decía san Francisco de Asís,  "predica el Evangelio en todo momento y, cuando sea necesario, utiliza las palabras"...

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