viernes, 24 de marzo de 2017

#212 La oración de los pastores

Este pesebre me lo regaló mi papá para la Navidad de 2016. Fue comprado en la librería de Nuestra Señora del Carmelo, en Buenos Aires, elaborado por el taller MSF,y es una almohadita de tela, para colgar, que tiene estampada la escena de la adoración de los pastores en el pesebre, con los ángeles cantando y dando gloria a Dios.
Según relata el Evangelio de Lucas, en el capitulo 2, los pastores fueron los primeros en recibir el anuncio del nacimiento de Jesús.
Aunque el Ángel no les dice explícitamente que vayan a conocer al Niño, sus palabras son implícitamente una invitación al encuentro con el Señor.
Y, en tanto encuentro con Dios, son una llamada a la oración.
Me gusta ver este pasaje de los pastores así, como una escuela de oración para nosotros.
Estamos quizás acostumbrados a pensar que la oración surge de nosotros, de nuestras necesidades, de un acto de nuestra voluntad, y que debe hacerse en un momento y un espacio particulares.
Sin embargo, no les sucedió así a los pastores. Ellos son invitados al encuentro -oración- con Jesús. Son, de hecho, sorprendidos por este llamado, que ocurre, "de pronto", tal como lo dice el Evangelio de san Lucas.
Los pastores no estaban precisamente pensando en Dios. Estaban trabajando, "vigilando" las ovejas, o sea, metidos en sus asuntos más cotidianos, aquellos que muchas veces nos "secuestran" nuestra mente y nuestro corazón... Y para más datos, era de noche... estaban rodeados de oscuridad.
En esas circunstancias que pueden parecernos poco propicias para la oración, allí irrumpe el llamado al encuentro con Dios.
El Ángel les anuncia a los pastores, sin rodeos, que ha nacido el Mesías. Ése que por siglos ha esperado su pueblo... Pero además les dice que ha nacido cerca, en esa misma región, en Belén, en su propia tierra... ¡El Salvador... a la vuelta de la esquina!
No menos sorprendente es la "señal" que les da el Ángel para encontrarlo: "un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre". ¡El Salvador, el Mesías, el Señor... un bebé en un establo!
Los pastores no cuestionan nada... no se escandalizan... no desconfían... Experimentan la alegría y la paz -algo que siempre acompaña a lo que es de Dios- comunicadas por los ángeles... Y surge la moción interior: "Vayamos a Belén" -vayamos al encuentro de Dios-. Y sin demoras, rápidamente, salen a buscar a Jesús.
Lo encuentran tal cual les fue anunciado: cerca, pequeño, "envuelto", en un sitio sencillo... tal como Jesús nos espera a nosotros hoy.
El encuentro de los pastores con el Niño no pasa por lamentos, ni por peticiones, ni por discursos... Solo le dicen al Señor... ¡que Él es el Señor! Parece un poco raro, pero los pastores cuentan ante el Niño lo que habían oído decir sobre Él. Sin embargo, es una oración preciosa: es decirle a Dios que creemos que Él es nuestro Dios... es una profesión de fe. Fue decir ante aquel bebé que Él era el Mesías, su Mesías. Es decir hoy, ante Jesús Eucaristía, en el pedebre de nuestro pobre corazón, que Él es Dios, nuestro Salvador...
Es una manifestación de fe que causa admiración: "todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores"... esto es muy profundo: la oracion, incluso la oracion hecha en el mayor de los silencios, es testimonio. Y un testimonio que impacta.
El pasaje dice que los pastores se fueron de ese encuentro con el Señor "alabando y glorificando a Dios". Volvieron a lo suyo, a sus asuntos y trabajos, pero cambiados. Porque el encuentro con Dios siempre transforma. Volvieron... pero alabando. Volvieron de la oración... orando. Volvieron a lo cotidiano, pero con lo extraordinario de Dios. Volvieron a la noche, pero con la luz de Dios en su interior. Orar sin cesar, vivir en la presencia de Dios, es tan simple como esto.
Algo más que nos regala este pasaje: María, como testigo del encuentro de los pastores con el Niño. Todo lo que aquellos pastores expresaron -gestos y palabras- al encontrar a su Señor reverberó en el corazon de María... María es también testigo de nuestra oración, de nuestro encuentro con Dios. Todo lo que allí nos sucede, María lo guarda en su corazón y lo transforma en su propia oración... Ella ora con nosotros.


"En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.
De pronto, se les apareció el Angel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor,
pero el Angel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo:
Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.
Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre».
Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él».
Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado».
Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.
Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño,
y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido".
Lucas 2, 8 -20



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