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Niño invitado #40: Caminar de la mano



Esta imagen del Niño Jesús caminado de la mano de san José la descubrí en agosto de 2016 en uno de los laterales de la capilla San Roque, que está junto a la Basílica de San Francisco, en Buenos Aires.Hay un cierto momento en que los niños ya no quieren caminar dándole la mano a un adulto. Se sienten firmes en sus pasos, creen que ya pueden cuidarse solos de los peligros que surgen al andar y, además, comienzan a avergonzarse de que otros piensen que aun no son "independientes".
A todos nos pasa esto. Y en el proceso de aprender a caminar por la vida del espíritu también nos puede pasar.
Hay un pasaje del libro de Oseas que presenta a Dios como un padre tierno, paciente, amoroso, que enseña a caminar a su pueblo como a un niño.
"¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos!" (Oseas 11,3).
Sin embargo, el pueblo de Dios no reconoció esos cuidados, creyó que podía andar solo y, como hacen los niños cuando quieren dejar de ser niños, se soltó de la mano de su Padre. Y entonces vinieron las caídas...
De esta imagen del pequeño Jesús tomado de la mano de José lo que más me conmueve es su humildad, el hecho de que, siendo Dios, se dejó enseñar a caminar en su Humanidad...
No es solo que quiso pasar por esta experiencia por la que debemos atravesar todos los seres humanos. Es además el modelo que nos deja: déjense guiar, déjense tomar de la mamo del Padre, es el único modo de dar pasos seguros... porque si no somos como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos.
Hay algo más con esta imagen. La primera vez que la vi, no lo dudé: es el Niño con José. Sin embargo, después de mirar varias veces la foto, me entró la duda: ¿No será Jesús llevando de la mano a un niño?
Lo consulté con una buena amiga, a la que le envié la imagen, y ella, aunque inclinándose por la primera opción, no descartó que pueda ser Jesús, adulto, con un niño...
Como sea, y si así fuese, creo que también vale la misma lectura pues Jesús, que se dejó enseñar a caminar y que nunca se soltó de la mano del Padre, se convirtió en esa escuela en el mejor Maestro que podemos tener: aquel del "sígueme", del "levántate y anda", del "vayan hasta los confines del mundo", el de los pasos firmes, el que camina y hacer caminar sobre las aguas... el de los pies ungidos y besados... y el de los pies clavados. El que nos dice: "Yo soy el camino".



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