jueves, 17 de septiembre de 2015

#174 Cofre



Este pesebre me lo regalaron en mayo de 2015 mamá y papá, que lo compraron en una tienda de antigüedades de la ciudad de Mercedes (Argentina).
En realidad no es muy antiguo. Es de cerámica, con las figuras de José, María y el Niño, de estilo clásico, en colores vivos y con un toque de purpurina.
Todo el conjunto integra la tapa de un pequeño cofre... ¿Qué tiene en su interior?
Dice san Mateo en su Evangelio que los magos de Oriente que fueron al adorar al Niño en el pesebre de Belén, arrodillados ante el Dios hecho Hombre, abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalos oro, incienso y mirra.
Aquellos presentes eran quizá los más costosos en esa época.
¿Qué regalarle a Dios?
Pero de verdad, ¿qué podemos regalarle que no sea suyo? Como dice el rey David, "del Señor es la tierra y cuanto la llena, el mundo y todos sus habitantes..." (Salmo 24).
¿Qué regalarle a Dios? Si "todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros" (Santiago 1,17), qué de bueno y digno podemos ofrecerle nosotros...
Aún siendo materialmente ricos como para poder comprar oro, incienso y mirra, ¡qué pobres pudieron sentirse los magos ante el Rey de reyes!
Y, sin embargo... allí estaba Jesús, pobre, pobrísimo, entre pajas. Y todo lo aceptó. Recibió esos regalos con humildad. Siendo Dios, se dejó regalar, quiso abrir la mano para recibir.
¿Qué regalarle a Dios?
No tenemos verdaderamente nada propio. En sentido estricto, todo lo bueno lo hemos recibido de Dios.
Ponerse en situación de pensar qué ofrecerle a Dios es, a la fuerza, experimentar la propia pobreza y, por gracia, maravillarse ante tanta riqueza recibida gratuitamente.
Pero y entonces, ¿qué regalarle a Dios?
Me viene a la memoria este villancico: "Al Niño recién nacido todos les ofrecen un don; yo soy pobre, nada tengo, le ofrezco mi corazón"... Pues esto es, ¡nuestro corazón!
Así cómo es, con sus heridas, con sus anhelos, con sus pobrezas propias y las riquezas puestas por Dios... Esto es lo que Él quiere recibir, lo mejor que podemos regalarle.
¡Y qué maravilloso poder arrodillarnos ante Quien siendo rico se hizo pobre, darle nuestro cofre y que Él lo haga su tesoro!



No hay comentarios:

Publicar un comentario