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Pesebre invitado #18: Porcelana



Este bello pesebre es uno de los "tesoros" de la familia de mi amiga Mariana, de Buenos Aires.
"Todos los 8 de diciembre, día más día menos, armábamos el árbol de Navidad. Y el pesebre tenia un lugar especial, la chimenea, donde construíamos con papel madera las paredes de la cueva, en el piso poníamos paja y así armábamos en relieve el hermoso pesebre. Pieza por pieza, colocada estratégicamente... Al final, le robábamos algunas luces al arbolito y las poníamos en el techo de la cueva, para iluminar esa hermosa escena", recuerda Mariana.
El pesebre, de diez piezas, fue comprado por el padre de Mariana, data de 1981/1983 y es de la reconocida marca española Lladró, especialista en figuras de porcelana.
Es una verdadera obra de arte.
 


El de la porcelana es un arte bello, delicado, laborioso. 
Hay una hermosa leyenda china, "El dios de la porcelana", recogida en el libro "Oros viejos", del escritor español Herminio Almendros, que relata el origen mítico de esta expresión artística. Vale la pena leerla o escucharla
El humilde alfarero Pu creaba bellas figuras de barro cocidas en un horno. Con paciencia e ingenio se convirtió en gran artista. Buscaba siempre belleza y perfección.
Un día llevó uno de sus jarrones sublimes como ofrenda al emperador chino, el "hijo del cielo", y éste le desafió a crear una obra que "tenga los tintes y la apariencia de la carne viva", capaz de conmoverse.
A Pu le angustió el pedido. ¿Sería capaz de "infundir a la materia muerta el temblor de la vida, que es el secreto del Principio Supremo"?
Pese a sus dudas, sintió que debía obediencia al emperador, "consumirse en el intento de satisfacer el deseo del hijo del cielo", y se puso manos a la obra. Pero no lograba el objetivo...
Suplicó entonces ayuda al "genio del horno", quien se admiró por su fe.
Pu vio agotadas sus propias fuerzas, su ingenio, su paciencia. Sobrevino la enfermedad y la miseria. Con todo, seguía intentando. Y seguía suplicando ayuda al "genio del horno"
Llegó a sentir desesperación, abandono. Pero insistía
Por fin el genio le dijo: "Tú quieres dar un alma a lo que has hecho. Pero un alma no puede partirse. No puedes dar parte de la tuya. ¡Necesito tu vida entera por la vida de tu obra!".
Pu se entristeció, pero su corazón no dudó. Era su último intento. Purificó las arcillas, las amasó con amor hasta dar forma a un bello jarrón, lo metió en el horno y dijo al "genio de las llamas":
"—iOh, Dios del Fuego! iYo comprendí el profundo sentido de tus palabras! ¡Acepta mi vida por la vida de mi obra; mi alma por su alma!
Y antes que terminara la novena noche, Pu se arrojó al fuego vivo del horno".
Lo que quedó fue un jarrón "en verdad animado como carne que se estremece con el susurro de las palabras y la sombra de los pensamientos".

Quedó un jarrón pero bien podría haber quedado este bellísimo y "vivo" pesebre de porcelana, en cuyo centro está este Niño, también obediente hasta el final, también alfarero paciente y amoroso, también dispuesto a dar su vida por la obra de sus manos... Dispuesto a dar Vida verdadera y convertir en porcelana lo que no era más que barro.

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