martes, 30 de octubre de 2012

Todos apretaditos, como en el 60, de Buenos Aires a Belén...

De chica no tuve pesebre propio. Armaba el que había en la casa de mi abuela, en Anchorena, y apenas recuerdo que cada año las figuras -seguramente de yeso- eran menos porque se iban rompiendo...
Creo recordar también que una vez tuve uno de papel, que venía para armar y colorear en un Billiken, pero no han quedado rastros de él -sólo en mi memoria-.
Sí recuerdo que en casa siempre hubo arbolito, pero para mi la falta de un pesebre propio se ve hizo mella...
Mi primer pesebre "posta" me lo regaló mamá a mediados de los 90. Lo compró en un "todo por dos pesos" chino, a la vuelta de casa. Tiene diez piezas, más bien pequeñas, y aunque las figuras son clásicas, destaca el colorido.
La llegada de este pesebre coincidió con el despertar de una especie de manía personal por festejar la Navidad en casa y que se note la alegría de esta celebración con una ambientación "ad hoc".
Así llegaron un árbol más grande, adornos, velas, tarjetitas artesanales, coronas, figuras iluminadas... Todo un arsenal navideño en el que los pesebres comenzaron a ganar preponderancia.
En cada viaje, en cada tienda de artesanías, miraba para ver qué pesebre diferente había y, si era posible, adquirirlo. Vinieron también los pesebres regalados por quienes saben que amo esta expresión popular del nacimiento de Jesús.
Se fueron acumulando de un modo tal que el mueble que los exhibía en un principio reventaba literalmente al punto tal que se me ocurrió un día decir que parecía "el 60 a Belén"...
Ahora que la colección está más ordenada, me parece buena idea compartirla a través de este blog, es una forma de invitar a todos a subirse a este "bondi" navideño!

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